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Manga en Fibes en diciembre
EL CAMBIO tranquilo que proponía don Zoido hace justo un año debía de ser esto. Que la nueva estrategia comercial del Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla incluyera un salón dedicado al manga donde los expertos, los aficionados y los que sienten curiosidad por ese mundillo puedan intercambiar experiencias, adquirir nuevas técnicas, compartir secretos y envidiarse unos a otros por lo bien que se les da:«Manga tú, que a mí no me sale». Pues sí, ha tenido que llegar el PP a dirigir el Ayuntamiento de Sevilla para que la ciudad le dedique un festival durante el puente de la Inmaculada al manga, que llevará por título Mangafest, en Fibes los días 8 y 9 de diciembre.
Se comprende que, con semejante nombre, nadie se hubiera atrevido antes a organizar el I Salón del Manga en Sevilla. Debía de ser como mentar la soga en casa del ahorcado. ¡Con la de especialistas en la materia que pululaban por el patio fundado por el señor Monipodio cuatro siglos atrás! Había expertos en el manga ilustrado con unas pinceladas al centro de la página, pero también estaban los doctorados en el arte del manga a doble página que te cobraban también a doble factura, sin olvidarse de los peritos en el manga viajero, generalmente facturado por avión para que llegara antes, y los muy duchos en el manga familiar, que podía leerse en compañía de primos, cuñados y madres porteras para deleite colectivo. Estaban los diestros en el manga de ladrillo, llamado así por el grosor del volumen de la historieta que nos contaban para levantar ciudades de papel, y los avezados en el manga desplegable que va creciendo de precio a medida que se va leyendo. Además de los versados en el manga descuidado, que no es que estuviera dibujado al desgaire, sino que se llamaba así porque había que dejar olvidado en un descuido por debajo de la mesa cuando se decidiera.
El manga tenía en Sevilla su cátedra más reputada como para que se organizara un festival con «talleres de manualidades con la técnica del origami»: ¡si aquí la gente doblaba los billetes de 500 euros para componer pajaritas y grullas que salían volando y enseguida se les perdía la pista! Ni torneos como el del One Piece para Playstation en el que los rivales compiten por convertirse en el Rey de los Piratas: ¡pues no estaba reñida ni nada la competición para hacerse con título tan señero!
Vayan pues al salón del manga en Fibes en diciembre. La propia organización promete que «con cada entrada, el visitante recibirá un regalo de valor superior al de la propia entrada». Equiliquá: ¡el mangazo!
Follow @javierubrod22/5/12
La burbuja del voluntarismo
LA PRIMERA pompa que nos estalló en la cara fue la financiera, cuando Lehman Brothers, sólo que aquí nos pusimos chulos y ya ven por dónde va la cosa: desembarcando ejecutivos en Bankia como si fueran Norman Cota –el personaje que encarnaba Robert Mitchum en El día más largo– en la playa de Omaha el Día D: «Sólo hay dos tipos de cajas de ahorro, las que han muerto y las que van a morir, de modo que vámonos de aquí». Luego se pinchó la burbuja inmobiliaria que nos parecía invulnerable porque nunca se había visto que bajara el precio de los pisos… hasta que bajó y todavía queda por bajar. Y a ésta le siguió la burbuja presupuestaria, cuando las administraciones públicas se dieron cuenta de que no podían mantener la ilusión de inversiones que nunca se ejecutaban ni promesas imposibles de cumplir sencillamente porque no había dinero con el que mantener la ficción.
Ahora vamos ya por el estallido de la burbuja del voluntarismo político, esa aquilatada doctrina según la cual bastaba un chasquido de dedos del gobernante de turno para que sus deseos se hicieran realidad. Ya fuera unos estudios cinematográficos o una gasolinera a la entrada del pueblo. Sus deseos eran órdenes para constituir mancomunidades en las que acababan trabajando quinientas personas. ¿Por qué? Por voluntad política, por supuesto. Alguien arriba lo había dispuesto, o lo había sugerido acaso, tal vez ni siquiera eso y le bastaba con insinuárselo a un subordinado para que las paletadas de dinero público acabaran derramadas donde el capricho –perdón, la voluntad– político designara. Es esa pompa del voluntarismo la que acaba de pinchar el nuevo consejero de Justicia e Interior proclamando que discutir sobre la Ciudad de la Justicia es «ciencia ficción» porque no hay dinero para levantarla qué más dónde ni con qué proyecto. Se acabó lo que se daba.
Por eso es tan sorprendente la postura que ha adoptado el alcalde Juan Ignacio Zoido, quien le reprocha –justamente, inobjetable en eso– a la Junta de Andalucía que haya mantenido la ficción durante doce largos años en que se movieron las lenguas, se movieron los planos, pero no se meneó una retroexcavadora para, a renglón seguido, reclamar «voluntad política», se supone que para encauzar su construcción como si fuera todo cuestión de volver a chascar los dedos para empezar a hacerla.
Por supuesto que la gestión de la Junta en todo este tiempo es impresentable y así lo hemos dicho decenas de veces. Por eso hay veces que la voluntad sola no conduce más que al esfuerzo estéril. Y no estamos para derrochar energías, la verdad.
Follow @javierubrod9/5/12
Lo cortés no quita lo osado
DE JUAN JOSÉ Cortés siempre quedará el ejemplo de templanza ofrecido con ocasión de la desaparición primero, y el homicidio probado después, de su hija Mari Luz. Si entonces asombró por la capacidad para templar ánimos ajenos, más asombro causó conocer que se le habían destemplado los propios en una disputa familiar que sus más allegados habían tratado de resolver a tiro limpio. Vaya lo uno por lo otro.
Tan verdad como que todo lo que ha rodeado después al personaje público construido tras la muerte de su hija ha estado teñido de populismo, mesianismo y demagogia: un cóctel explosivo para manejarse en política, que es donde, por lo visto, quería llegar y donde finalmente ha llegado.
Bueno, tampoco se le puede juzgar por eso: cada quien es muy libre de fijarse en la vida las metas que prefiera. Y este hombre ha elegido trabajar en la construcción del Reino de Dios en la tierra desde una pequeña iglesia erigida en El Manchón a la mayor gloria de él. Quede la mayúscula del pronombre a elección del lector. Y como las creencias de cada cual son muy respetables, tampoco se le puede afear nada en ese sentido.
¿Qué queda entonces para examinar su contratación como asesor del grupo municipal del PP en materia de exclusión social y barrios marginales? Nada más y nada menos que su propia competencia para el puesto, exactamente el mismo rasero con el que medir a cualquiera al que la Administración le pague el sueldo para el desempeño de un cargo. Ahora bien, no hay título universitario ni diploma acreditativo que certifique las habilidades de Cortés como mediador, más allá de sus plausibles apelaciones al consenso y una cualidad innata en él que a nadie se le escapa. ¿Es por eso por lo que se le está contratando: porque es uno de ellos, para decirlo de un modo que no hiera susceptibilidades?
En el fondo, el reproche que la opinión pública le está dirigiendo a Zoido y a su equipo tiene que ver con la intuición de que se está usando un cargo público costeado con dinero del contribuyente para pagar favores políticos. No importa si el contratado tiene o no estudios, si es gitano o cuarterón, si cree en un único bautismo para el perdón de los pecados o es líder de su propia iglesia. Lo que la ciudadanía no entiende es que el PP abone con el dinero de sus impuestos los compromisos de partido a que hubiera llegado con Cortés. Y todo lo demás es osadía –que no valentía– para colgarse, a tres días de las elecciones, del brazo del tan conocido como controvertido asesor.
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El año que viene, la biblioteca
EL NUEVO RECTOR de la Hispalense, Antonio Ramírez de Arellano, se ha estrenado en el cargo
suspirando por la biblioteca que ya no será en el Prado de San Sebastián igual que los judíos celebran su Pascua soñando con estar el año siguiente en Jerusalén. El asesino siempre vuelve al lugar del crimen, pero, francamente, sorprende en esta ocasión que lo haga con la sangre de la víctima aún caliente. En este caso, lo que chorrean son los millones que la Universidad ha enterrado en un proyecto que se encontró con la oposición vecinal y que el Supremo tumbó definitivamente por mucho que el nuevo rector se empeñe en resucitar ese Golem, con pilares inclinados y recovecos imposibles.
De todo el comunicado en el que se anuncia un emplazamiento alternativo rotulado con el nombre de Antonio Machado y Núñez en la avenida de Eritaña en vista de que el Supremo no admite ni un pase, hay una frase reveladora de la ensoñación en que ha vivido la Universidad de Sevilla desde que se emperró en plantar allí «un gran espacio cultural abierto a todos los ciudadanos» sin preguntarle a los que vivían al lado: «Este edificio emblemático fue diseñado por la prestigiosa arquitecta angloiraquí Zaha Hadid para integrarse en el Prado». «Integrarse» debe considerarse un eufemismo simpático, una de esas palabras caprichosas que revelan el pensamiento profundo de quien las pronuncia ya que es la imposible integración del proyecto en el PGOU vigente la que determinó su suerte por orden judicial.
En resumidas cuentas, el nuevo rector viene a traspasar la responsabilidad a la ciudad de vuelta de aquel papelito con el que su antecesor exoneró al consistorio por consejo del secretario municipal para no verse implicado en la reclamación que ha dado al traste con el proyecto. «Si existiera actualmente una decidida voluntad por parte del Ayuntamiento de Sevilla…», «…si el Ayuntamiento estimase la posibilidad de un aprovechamiento cultural de las infraestructuras existentes…», «…el proyecto cultural para el Prado queda en manos del Ayuntamiento…»
Ahí la llevas. Tú veras lo que haces. Y el año que viene, la biblioteca abierta. Sólo que los judíos se pagan ellos las copas que rompe el novio en la boda sin pretender endosarle a nadie la factura de los vidrios quebrados.
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La manta de Guerrero
Mientras hubo sitio a bordo de los botes salvavidas fletados por la generosidad de la Junta de Andalucía, no hubo ningún problema. En el fondo, la gente empezó a acostumbrarse a calcular su jubilación no a partir de los 65 años reglamentarios sino de los 55 o incluso antes si se había tenido la suerte de entrar a trabajar en una gran compañía multinacional o en un negocio bien conectado con el círculo de sindicatos, bufetes, aseguradoras y empresas a las que la Junta de Andalucía proveía con munificencia mientras estuviera engrasada la maquinaria convenientemente. La manta de Javier Guerrero –si bien no era suya, habían delegado en él para la gestión cotidiana– aportaba suficiente confort a todos los que se arrebujaban en ella.
A cambio de garantizarse la paz social, a cambio de aumentar la productividad nominal de las plantillas mediante sucesivos expedientes de regulación de empleo, a cambio de una importante porción del dinero que se movía en las transacciones, a cambio de asegurarse una clientela recurrente, a cambio de conseguir una paguita respetable con la que ir pasando los años hasta cumplir la edad de la jubilación sin mayor contratiempo, el sistema funcionó.
Precisamente porque todo el mundo implicado encontraba una justificación en él y sacaba tajada: el gobierno de la Junta de Andalucía, los empresarios, los sindicatos, los abogados, las mutuas, los trabajadores… Y luego, de paso, los pícaros, los caraduras, los sinvergüenzas, los aprovechados, los trincones usaron de la manta para cobijarse ellos y quienes quisieron al calorcito del dinero fácil que la Junta iba repartiendo a través de Javier Guerrero. Eso fue lo que pasó.
Y conviene no perder de vista que, antes de la corrupción, de los golfos que ahora se asoman a los periódicos, fue el sistema de supuesta protección a los trabajadores y a las empresas el que adormeció las conciencias. Los trabajadores se iban a la calle, pero confiaban en la palabra de las autoridades de Empleo para que no levantaran mucho la voz porque había dinero para repartir. Los sindicatos protestaban lo sucinto para que nadie pudiera pensar que estaban en el ajo. Los empresarios se conchababan con las autoridades para eludir sus responsabilidades o plantear sus deslocalizaciones sin oposición más que aparente. Conviene no olvidar todo eso antes de entrar a discutir en el número de expedientes fraudulentos, la lista de actos administrativos falsos o fabricados a posteriori, el dinero repartido con discrecionalidad hasta caer en la arbitrariedad.
La manta de Guerrero daba de sí para todo el mundo hasta que empezó a deshilacharse y los que estaban cómodamente abrigados con ella empezaron a sentir el frío de la calle. El mismo frío que venían sintiendo los desamparados del sistema: los empleados de empresas que no sabían encontrar el camino para llegar hasta la ayuda especial o la subvención con la que financiar el ERE, los jóvenes con contratos temporales y precarios que ni podían soñar con su prejubilación, los inmigrantes que estaban a merced de los empresarios, las mujeres a las que las cargas familiares se le hacían un mundo para aceptar según qué trabajos y en qué condiciones.
El sistema no daba para más y dejaba fuera a decenas de miles de trabajadores que se fueron al paro sin más, frente al grupo de los favorecidos por el confortable calor de la manta de Guerrero. Lo más sarcástico de todo es que esos propios parados sin estrella pagaban, a través de sus cotizaciones y su contribución a los impuestos, el extraordinario andamiaje de protección para los que sí habían encontrado abrigo bajo el cobertor de la Junta de Andalucía.
El sistema andaluz de protección interesada para todas las partes implicadas se había mostrado muy eficaz en tiempos de bonanza, pero la crisis reveló su verdadero rostro: una engañifa monumental financiada a costa de transferencias de renta que había impedido la oportunidad de consolidar un verdadero ciclo de expansión económica sobre bases sólidas.
Esto es lo que conviene no olvidar: la manta no da para más. La desprotección de muchos desamparados es la que ha financiado la sobreprotección de los otros, mimados por los sindicatos, acurrucados por la Junta de Andalucía, acunados por los empresarios mientras las aseguradoras y los despachos profesionales les hacían carantoñas.
Conviene no olvidarlo: el aparentemente apacible sistema socialista en el que supuestamente no se dejaba a nadie detrás, era en realidad un entorno de competencia feroz en el que quien conseguía elevar su voz por encima del resto o tenía contactos cerca de los que disponían de los fondos públicos conseguían mayor ración. Conviene recordarlo ahora que se ve a los sindicatos en acción protestando por una reforma laboral que elimina muchas de esas cautelas que la Junta hacía pasar por su embudo particular en el que lo ancho siempre era para los mismos y lo estrecho quedaba para el resto.
Lo de menos es la peripecia judicial, la instrucción sumarial o las revelaciones periodísticas. Lo de más es comprender que hemos sido víctimas de una descomunal hecatombe propiciatoria en la que se han sacrificado empleos y empresas en el altar de la paz social en beneficio exclusivo de los sumos sacerdotes de la Junta y sus levitas sindicales.
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12/3/12
Cuestión de ética
EL EQUIPO DE Zoido alcalde ha perdido la virginidad. Política, se entiende, que de la otra no vamos aquí a estar indagando. Ya está. La primera vez. Ahora podrán fumar cartones y cartones hasta la próxima, pero ya han consumado su primera coyunda con la corruptela aunque sea de una manera tan poco airosa como con la prima, la novia y la hermana de un vulgar concejal de distrito que ni pincha ni corta. Qué le vamos a hacer: cuántos la han perdido (la virginidad, se entiende) en la incomodidad del asiento de atrás de un coche o encerrados en los lavabos, puaj.
Se acabó. El PP, que había hecho de la limpieza y de la lucha contra el nepotismo uno de sus principales armas de desgaste contra el fracasado gobierno de Monteseirín, ha capitulado. En reciprocidad, el electorado ha perdido no ya la pureza (siempre política, por favor) sino la ingenuidad. Hasta aquí llegó la confianza en estos chicos tan guapos y tan preparados que iban a desmontar el aparato clientelar del Ayuntamiento. Ahora ya sabemos que sólo le cambiaron los ropajes a la estructura para que su gente entrara a ganarse la vida como coordinador de un taller municipal por lo demás prescindible en tiempos de crisis.
En el fondo, estos comportamientos abusivos los propicia el sistema. Un tipo que sale a la calle para componer una foto tras una pancarta con un eslogan prefabricado con el que congratularse con el jefe tiene que cobrarse una recompensa por haberse puesto en ridículo a la vista de todos.
Nada importa cuáles sean las siglas: el pancartero es en realidad un hooligan de la política que aspira sólo a que el delantero centro le regale entradas gratis para el partido del domingo con las que salvar su prestigio y agenciarse un dinerillo extra con el que impresionar a la peña. Los partidos los necesitan y les premian con un puesto al sol del presupuesto público.
No es cuestión de estética la contratación de familiares y militantes por unas empresas que niegan «presiones» para hacer lo que han hecho ahora como las negarían para hacer lo que hicieron antes porque la mayor presión es ver rescindido el contrato. (Ellos habrán perdido ahora la honradez, pero nosotros hace mucho que perdimos la candidez). Es una cuestión de ética: no se puede ir por la vida rogando favores para los allegados porque algún día alguien ha de poner al cobro esa factura. Y ya se sabe que no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. El día menos pensado se la giran los electores a Zoido.
Follow @javierubrod24/2/12
Buen ‘crochet’ de Antonio Muñoz
El concejal socialista Antonio Muñoz se ha apuntado un buen tanto con la denuncia de que el PP ha contratado a familiares directos, allegados y militantes de Nuevas Generaciones para los talleres de distritos y toda esa maraña de intereses creados en torno a la atención sociocultural a las personas mayores. Esto era justamente lo que criticaba el PP en la oposición y esto era justamente lo que muchos sevillanos querrían ver erradicado cuando les prestaron su apoyo en mayo. Comprobar al cabo de los meses que han cometido el mismo imperdonable chanchullo producirá seguramente una mezcla de impotencia y rabia en su electorado. En efecto, no parece que el DNI del que alardeó Zoido haya sido el único carné exigido para contratar.
20/2/12
Sólo faltabas tú entre la multitud
SÓLO FALTABAS TÚ en aquella multitud que llevaba tu nombre en los labios sin pronunciarlo, que llevaba tu foto en los carteles sin mirarlos, que acariciaba a tu madre como si ese roce pudiera curar las heridas del alma, que se desgañitaba gritando para que esas voces retumbaran en la conciencia de quienes te quitaron la vida.
Faltabas tú con tus amigas, recién salidas del colegio, todavía con el uniforme para que se os viera de lejos, un poco alocadas, aleteando aquí y allá antes de que se pusiera en marcha la manifestación y luego, cuando hizo falta y se acalló la algarabía, graves y solemnes como cariátides enlutadas. Tenías que haber ido para comprobar el cariño con que la gente rodeaba a tu madre, con ese impresionante gesto de sufrimiento en el semblante mientras tu padre la rodeaba como quisiera haberte rodeado a ti aquella noche fatídica. Y los besos, las caricias leves que buscaban llevarse en la yema de los dedos aunque fuera un átomo de la tortura por la que están pasando.
Faltabas tú entre la multitud que abarrotaba la Plaza Nueva y que esperaba la pancarta en la avenida o en la puerta de Jerez como se aguarda a una procesión. Sólo que la procesión iba por dentro, cada uno de los que allí estaba portaba en su interior un enorme misterio insondable al que todavía nadie ha podido dar respuesta: ¿por qué? ¿Por qué acudiste aquella tarde a la cita con ese mala sangre?
Si hubieras estado en la calle habrías visto las velas blancas encendidas: centenas de llameantes lenguas de fuego caldeando la anochecida señalando el camino y la luz como un tan largo cortejo que pudiera traer el sol de vuelta, que de repente se hiciera de día y se disiparan las tinieblas que encogen el alma. Habrías oído las voces roncas de los padres, las aflautadas consignas de las quinceañeras, apenas el susurro con que los abuelos clamaban justicia y las recias palabras de los jóvenes interpelando a los jueces, a los diputados, al sistema entero.
Ojalá hubieras estado entre esa multitud que te llevaba en los labios sin pronunciarte. Entre ese mismo gentío inmenso que antes se echó a la calle con los cadáveres del 11 de marzo todavía calientes y antes aún clamó contra los asesinos de Alberto Jiménez-Becerril y su mujer Ascen nos faltabas tú. Nos faltarás por siempre porque un malnacido se cruzó en tu vida hace justo tres años. Maldita sea su estampa. No, esas cosas no sólo pasan en las series de la tele. La vida es tan imperfecta como esa multitud entre la que sólo faltabas tú, Marta.
javier.rubio@elmundo.es
25/1/12
La política, esa cosa tan…
…DECEPCIONANTE. El 5 de septiembre del año pasado, ni siquiera cien días después de jurar el cargo de alcalde, Juan Ignacio Zoido le remitió siete folios incendiarios al presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, exigiéndole una reunión con un listado anotado en rojo en el cuaderno de quejas: la red de metro, la Ciudad de la Justicia, el paseo sobre el canal del Ranilla, arreglos en los colegios e institutos, conducciones del pantano de Melonares, la restauración de Santa Catalina, la conexión ferroviaria entre la estación de Santa Justa y el aeropuerto, un plan contra el chabolismo y un estatuto de capitalidad, sin ánimo de exhaustividad, que decían los clásicos. Bien, ayer se reunieron y lo más concreto que salió fue una especie de compromiso para poner el contador a cero en el ERE de prejubilados de Mercasevilla en 2007.
…DELIRANTE. Durante el sábado, los socialistas sevillanos celebraron su congresillo para elegir a los delegados que los representarán en el congreso federal del que saldrá el nuevo secretario general del PSOE, precisamente en Sevilla. El espectáculo fue tan bochornoso, tan barriobajero por momentos (esas voces destempladas desde el fondo de la sala), tan poco edificante para quienes todavía creen que les mueve el bien común antes que el beneficio personal que a nadie puede haber dejado satisfecho. Empezando por ellos mismos, esos socialistas que estuvieron allí a lo que les dijeran los jefes de la manada, si había que levantarse o a quién votar. A todos menos a Susana Díaz, ex concejal de Sevilla e intrigante nata, quien ha tenido la desfachatez de proclamar que «todo ha salido como quería Griñán». Ya se sabe que Dios escribe derecho con renglones torcidos: desde ahora, también se le puede atribuir al secretario general del PSOE-A.
…COBARDE. La concejal de Izquierda Unida, Josefa Medrano, inventó ayer ante su señoría una nueva excusa para zafarse de la acusación de prevaricadora por la que le piden siete años de inhabilitación. Medrano prohibió un acto de homenaje al escritor Agustín de Foxá porque era lo más «prudente» ante las amenazas de grupos antifascistas de impedir por las bravas el acto literario. La concejal Medrano podría haber sostenido que tomó la decisión aplicando la Ley de Memoria Histórica que impide la exaltación de la dictadura franquista como venía sosteniendo hasta ahora. Pero ha cambiado su estrategia de defensa aunque haya perdido toda credibilidad política.
La política, esa cosa tan decepcionante, delirante, cobarde y…
javier.rubio@elmundo.es
24/1/12
Crimen con castigo
Si veinte años de cárcel les parece poco a todos los que han clamado contra la «injusticia» de la sentencia por el asesinato de Marta del Castillo, podemos pensar entonces en que el único mayor de edad condenado por este crimen pase aherrojado el resto de su vida picando piedra en un campo de trabajo para complacer a todos aquellos que ven «desproporcionada» la mayor pena que se puede aplicar en España por un asesinato alevoso sin premeditación con respecto al daño sufrido por la adolescente y el castigo posterior infligido a su familia.
Pero existe el inconveniente, ciertamente nada menor, de que nuestro ordenamiento jurídico no aplica penas de privación de libertad como castigo por el daño cometido sino con el propósito, más que loable, de que el delincuente se aparte del camino equivocado, se reintegre a la sociedad y no vuelva a delinquir. Con nombres y apellidos, por muy chocante que nos resulte leerlo: lo que queremos de Miguel Carcaño –sí, de este fulano indeseable al que no podemos despojar de su dignidad como persona– es que se reforme y salga a la calle dentro de veinte años (o el tiempo de condena efectiva que cumpla) convertido en un tipo sociable. Vale, si quiere no tiene por qué ceder el asiento a las ancianitas en el autobús, pero lo que no puede hacer de ninún modo es ir matando muchachas.
Y Carcaño –tan chulo, egocéntrico y despiadado como queramos pintarlo– tendrá derecho a sus permisos carcelarios, podrá estudiar en prisión, aprender un oficio e incluso trabajar para ganar la calderilla con que pagarse los vicios legales permitidos entre rejas como, por ejemplo, fumar. Así que todos los que propugnan encerrarlo en una mazmorra de por vida y tirar la llave al mar tienen que saber que nada de eso puede hacerse con las leyes en la mano. Incluso después de matar a una chiquilla de un golpe, incluso después de haberlo confesado fríamente en el juicio.
Pero todo eso ya lo sabíamos, ¿verdad? Algunos –los menos, todo hay que decirlo– lo habíamos dicho entonces, tan temprano como a los dos días de la detención del asesino y sus amigotes, cuando tenía más mérito porque todas las voces incitaban al linchamiento o, en su defecto, a un juicio sumarísimo en el que la propia confesión tuviera el valor de prueba irrefutable.
Así que ahora en que ha caído sobre él el peso de la Ley –¿a este pájaro también le va a conceder el magistrado en excedencia alcalde de Sevilla el beneficio de la duda sobre su inocencia hasta que haya sentencia firme como al presidente del primer club de fútbol de la ciudad?–, hay que volver a decirlo aun a riesgo de que nos arrolle la turba sedienta de venganza y a la que la mayoría excita, en vez de aplacarla, con proclamas sobre injusticias supuestas.
Habrá pues que recordar que claro que el crimen ha quedado castigado: nada menos que veinte años de condena para el único acusado contra el que se han podido reunir pruebas de culpabilidad. Y eso es lo único que han tenido en cuenta los magistrados de la más polémica sentencia dictada en Sevilla en los tiempos modernos: las pruebas que se les han presentado para que las enjuiciaran. Sin pruebas no se puede destruir la presunción de inocencia que constituye la clave del arco de nuestro ordenamiento jurídico. Por lo visto, hay que repetirlo a ver si cala en la muchedumbre aullante.
La mayoría de sus usuarios es tan joven que no tiene por qué recordar el otro gran crimen que disparó la atención de la opinión pública sevillana –a su nivel, por supuesto, en una época sin televisiones ni ordenadores– tanto como lo ha hecho el de Marta del Castillo desde hace tres años. Sucedió el 11 de julio de 1952, cuando dos hermanas solteronas que regentaban un estanco de la avenida Menéndez Pelayo aparecieron muertas en su negocio sin rastro de que hubieran robado.
La expectación popular en aquella Sevilla aletargada por el estío y ávida de sucesos se disparó aquel verano en cuanto se supo de las detenciones de tres tipos de los bajos fondos a los que se les cargó el doble asesinato tras «arrancarles» –el entrecomillado es de la época, lo que sugiere el expeditivo método aplicado durante las 18 horas ininterrumpidas de interrogatorio– una confesión que valió para que dictaran, sin más pruebas concluyentes en un juicio repleto de irregularidades, sendas sentencias de muerte para El Tarta y sus dos compinches, finalmente ajusticiados en Ranilla el 4 de abril de 1956.
Con sus imperfecciones –por ejemplo, el relato de los hechos flaquea ostensiblemente del lado del móvil de Carcaño para cometer un acto tan desmedido en una simple bronca amorosa– y sus contradicciones –la sentencia choca con la anterior–, el sistema está a salvo de cometer ahora injusticias como ésta aun a riesgo de que algún culpable consiga eludir su largo brazo por borrar huellas. Convendría pensar en El Tarta y no en Carcaño la próxima vez que se hable de injusticia.
javier.rubio@elmundo.es
16/1/12









