cardomaximo

Mis columnas diarias en EL MUNDO de Andalucía

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El tiempo nuevo

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LO DIJO Felipe González sobre el escenario del teatro Lope de Vega luego de recibir el nombramiento de hijo bienamado de esta ciudad madrastra que lleva por nombre Sevilla. El alcalde, Juan Ignacio Zoido, se apuntó al carro que pasaba por delante de su día grande y también se lo hemos oído al portavoz municipal del PSOE en la entrevista en directo del martes pasado en TeleSevilla. Todo el mundo –nótese aquí el salto en el vacío que va de tres opiniones “políticas” a una generalización chusquera- está convencido de que se ha abierto un tiempo nuevo. Quizá porque nos damos cuenta de que el antiguo se ha cerrado definitivamente o anda entornando la puerta como en los pueblos cuando había difunto en la casa y se anunciaba con media hoja cerrada.

Bien, admitamos que estamos en un tiempo nuevo, como enfáticamente nos gusta señalar a los comentaristas, a los políticos y a los que tienen el tiempo para perderlo en disquisiciones absurdas. Pero no sabemos nada más. Casandra tenía el don de la adivinación (aunque llevaba en él el pecado de que nadie la tomara en serio), pero nosotros ni siquiera tenemos habilidad para ver lo que tenemos delante, cuánto más lo que está por llegar.

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Los habitantes sitiados de Constantinopla sabían que su mundo moriría en el momento en que los asaltantes traspasaran los sucesivos anillos de murallas tras los que se parapetaban sus certezas. Nosotros ni siquiera podemos identificar el asalto definitivo y eso que, una tras otra, van cayendo derruidos los paramentos sin necesidad de que lo anuncie ninguna trompeta triunfal al contrario de lo que pasó en Jericó.

Creemos intuir que el tiempo nuevo será austero y comedido, porque a la fuerza lo tenemos que ser en la actualidad; creemos que traerá más responsabilidad y mayor rigor en el ejercicio de los cargos públicos, pero esto no pasa de ser un deseo cuyo reverso, bien real, estamos experimentando cada día; suponemos que el tiempo nuevo hará realidad aquellos carteles naïf de colorines que pintó José Ramón para la campaña municipal socialista de 1979. O queremos suponerlo, porque no hay certeza.

Quizá sea esta circunstancia la que mejor defina el tiempo nuevo: su imprevisibilidad. Casandra lo tendría crudo y los bizantinos se harían cruces solo con pensar que, una vez producido el asalto decisivo, todo seguía igual. Se acabaron las certidumbres, decayeron los pronósticos, se agotaron las predicciones. Caminamos a ciegas sobre un momento resbaladizo sin tener donde agarrarnos. Por pereza mental más que por otra cosa, hemos dado en llamarlo el tiempo nuevo.

Escrito por cardomaximo

02/06/2012 a 10:35

Diccionarios proscritos

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NI LA ARDIENTE imaginación de Ray Bradbury hubiera podido soñar que su metáfora en Fahrenheit 451 de los hombres-libro que memorizan volúmenes enteros salvados de la quema literal impuesta por la autoridad para conseguir la igualdad efectiva de los ciudadanos, felices en su ignorancia, cobraría vida en la «orientación» –nótese el matiz papal– enviada por la Consejería de Educación a los colegios públicos y concertados para que no se les exija a los alumnos disponer de diccionarios, libros de lectura y otro material complementario que los malvados profesores no dudan en repercutir sobre el bolsillo de los padres. Sólo Funes el Memorioso, ese turbador hijo de Borges, habría podido estudiar en esos colegios en los que, a partir de ahora, estar en posesión de un diccionario pasa a ser considerado una muestra de exclusividad clasista incompatible con el igualitarismo que predica la Junta.

Los equipos directivos de los colegios van a ser convocados, a tal efecto, a unas «sesiones de trabajo» –nótese aquí el matiz maoísta de reeducación– para que se les meta en la cabeza que no debe imponerse a las familias ninguna compra  –por supuesto, «voluntaria»– de material de uso individual como cuadernillos de ejercicios o libros, sino que todo esto lo debe proveer el centro con el dinero que no le paga la Consejería de Educación.

Si en vez de regalarles un ordenadorcito portátil a cada alumno, las aulas dispusieran de dispositivos móviles de uso colectivo, los niños se acostumbrarían a buscar las palabras en www.rae.es y a resolver los ejercicios de toda la vida que la editorial de los más famosos cuadernos escolares ha transformado en una aplicación disponible. Y en cuestión de años, tal vez meses, en vez de cargar los chiquillos con los libros en la mochila, bastaría con cargar éstos en un lector electrónico. Pero todo se ha hecho con los pies para garantizarse el aplauso demagógico de quienes entienden que pedirle al niño que traiga un diccionario a la clase para ganar destreza en el manejo del abecedario al tiempo que se acrecienta el vocabulario es un atentado contra la igualdad de oportunidades y, por tanto, debe eliminarse como un exceso.

Proscribir los diccionarios no es más que el estrafalario estrambote a la persecución de la riqueza léxica emprendida con la inestimable ayuda de la televisión. No extrañaría que la gravaran con un impuesto sobre el patrimonio heterodoxo.

¡Uy! Perdón por usar palabreja tan abstrusa que ni universitarios de cuarto curso lograrían descifrar. No lo digo yo, lo dice la académica Carme Riera.

29/5/12

Escrito por cardomaximo

30/05/2012 a 10:17

Volvemos donde estábamos

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LA BOLSA se desploma a los niveles de 2009. Y las matriculaciones de automóviles caen hasta igualar las de 1993. En el Parlamento, el sempiterno debate entre Griñán y Arenas suena a repetido. Fuera, llueve el mismo agua de siempre. Todo conspira en nuestra contra para volver donde estábamos. Somos nosotros mismos quince años antes: ahí es donde nos ha devuelto la realidad, la puñetera crisis que hace que tiemble el suelo y el techo salga volando por los aires mientras las paredes se agrietan. Los cimientos que creímos inamovibles se tambalean mientras esos dos se echan en cara cada uno lo que hace el otro. Ya lo hemos visto antes, ya hemos vivido todo esto cuando éramos más jóvenes, más despreocupados, más inconscientes o más atrevidos. ¿Dónde fuimos todo este tiempo para volver al cabo de tres lustros al mismo sitio?

En el Monopoly nos ha vuelto a salir la carta de «Vaya a la cárcel sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las 20.000 pesetas». En los videojuegos de ahora, hemos quemado una vida y nos han quitado las monedas que habíamos llegado a reunir como un tesoro para el caso en que cayéramos al cruzar el puente o al saltar de las plataformas. Volver a empezar, como aquella película con la que Garci ganó el Oscar con aquel esmoquin blanco y aquel inglés macarrónico que hoy causa hilaridad por el atrevimiento con que entonces se podía plantar uno en medio de un teatro de Hollywood sin temor al ridículo.

Quizá sea sólo eso: el miedo al ridículo el que nos atenaza, el estigma social de haber fracasado, de tener que volver grupas y desandar el camino como un derrotado que vuelve de la guerra con la lanza quebrada y la armadura abollada, quién sabe si oxidada cuando el tiempo nos alcance y tengamos que despojarnos de esa vitola de triunfo con que nos ceñimos el laurel de los campeones.

Todo conspira en nuestra contra, como si hubiera un plan premeditado para hacernos la puñeta. No a nosotros solos, sino a media España. A quienes habían logrado una posición, a quienes se habían hecho un nombre, a quienes habían criado fama, a quienes podían presumir de prestigio. Nada vale, todo vuelve a girar, como esa ruleta americana inventada para contrarrestar el método estadístico de Gonzalo García Pelayo en el que los casilleros también giran cada vez. Eso es lo que pasó: nos movieron las casillas sin que nos diéramos cuenta y después de tanto andar volvemos donde estábamos. Algunos ni siquiera eso: Griñán y Arenas otra vez. La noria vuelve a girar, pero a nosotros siempre nos toca empezar desde abajo.

4/5/12

Escrito por cardomaximo

05/05/2012 a 13:26

Los que están de puente perpetuo

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ESTOY DE puente, para que el lector no se llame a engaño con esta columna. No es cuestión de dar envidia ni de pedir perdón por ello. Tampoco es motivo para sacar pecho, al fin y al cabo la vacación no es más que un capricho del calendario y de los turnos dispuestos en la redacción para cubrir los 366 días de este bisiesto: el cañón tiene varios servidores, pero todos tienen que estar al pie de la cureña para efectuar el disparo.

Estar de puente es más una actitud emocional que laboral. Al fin y al cabo, es sólo un día de libranza embutido con calzador entre dos días festivos… para quien los disfrute. Pero hay, a qué negarlo, un regusto casi pecaminoso en verse fuera del tajo cuando todo el mundo alrededor sí que está trabajando. Por no hablar de la satisfacción de encontrarse con el día libre después de una temporada de trabajo extenuante.

Vayan sumando mentalmente los días que median entre las elecciones autonómicas, la Semana Santa y la Feria para comprender lo bien que sienta este alto en el camino, más ahora que se avizoran cuestas empinadas como las paredes del K2. Tampoco es cuestión de flagelarse. Uno está de puente, qué le vamos a hacer, y los que no lo han podido hacer se sienten con derecho a darte un codazo cómplice, a guiñarte un ojo picaruelo, como de travesura de niño al que han pillado haciendo rabona. Es lo que tiene estar fuera del trabajo: el Jueves Santo o el domingo de las elecciones no te los puedes encontrar por la calle para preguntarte con retintín si estás librando porque eres tú el que no está fuera.

En el fondo, hacer puente es la aspiración de todo trabajador, abandonar por un día los quehaceres cotidianos como quien se va a hurtadillas, andando para atrás para que parezca que llegas, en afortunadísima imagen del maestro Luis Carlos Peris. Pero a nuestro lado hay centenares de miles de personas que viven en un permanente puente, por no mencionar a los que viven directamente debajo de él porque ni techo pueden pagarse.

Todos los días al sol como el de este lunes pinto para esos conciudadanos a los que la desgracia del desempleo mandó parar mientras los demás seguíamos laborando. Un puente perpetuo en el que ven los atascos de tráfico de las ocho de la mañana como una incomodidad que a ellos no les puede fastidiar, como esas riadas en las chimbambas ante las que sólo se puede suspirar con conmiseración: “Pobrecitos”.

Ese es el drama de España en esta hora. No los que hacen puente porque quieren y se lo pueden permitir después de haber combinado en el planillo sus jornadas laborales, sino el de todos los que no tienen más remedio que vacar un día y otro día sin perspectiva de entrar en ningún cuadrante a repartirse los descansos. Ellos sí que están de puente perpetuo sin haberlo pretendido, ay qué dolor.

1/5/12

Escrito por cardomaximo

02/05/2012 a 09:23

La Feria y su calendario

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LO MALO DE los lugares comunes es que llegan a arraigar con tal fuerza que no hay manera de meterles el escardillo para arrancarlos del inconsciente colectivo. Eso ha pasado con la especie de que los sevillanos son expertos en combinar trabajo y diversión y por eso no hace falta declarar ningún día de la semana de Feria como festivo a diferencia de otras ciudades con otras costumbres donde se interrumpe la actividad, se echa el cierre y todo el mundo sabe a qué atenerse.

Como lo de declarar feriado el lunes que se llamó de Resaca para reponerse de una semana de trajín jaranero. Con tal nombre horrendo, la gente le cogió manía al festivo de Ortiz Nuevo y no hubo más remedio que suprimirlo por mucho que los guardiolas quedaran de lujo arrancándose desde más allá de la raya de picadores para disfrute de los cabales. Luego, los intentos de Monteseirín también quedaron en experimentos más o menos disparatados, como ese martes que no venía a cuento de nada en medio de toda la semana para que la gente pudiera trasnochar el día del alumbrado.

Así hemos llegado a este desvarío que es la semana de Feria, donde la libertad de horarios la llevan tan a rajatabla los comercios que no hay manera de recordar si la panadería de la esquina era la que abría por las tardes, el bar de la bocacalle era el que cerraba martes y sábado o la tintorería abría el sábado pero cerraba el viernes. Los bancos reducen horario, los comedores escolares sólo atienden alumnos el lunes y en las oficinas la gente está pero sin estar, que es una forma genuinamente española de hacer como que se hace con la plantilla repartiéndose la semana como un botín de asuntos propios: «para mí el jueves», «me pido el viernes», el martes me lo quedo».

Eso sí, queda bien alto el pabellón de la laboriosidad de los sevillanos que no interrumpen su quehacer cotidiano para irse de juerga a beber y a bailar. Que le cuenten esa trola al cirujano que tiene programada intervención a la mañana siguiente o al empresario que tiene que tomar un avión el miércoles para amarrar condiciones con un cliente en Taiwan. Todos los demás hacemos como que todo sigue igual, aunque sabemos que es mentira. También nuestros empleadores, a los que les toca abonar la nómina con los últimos cohetazos de los fuegos artificiales: dan por perdida la semana y, casi, el mes entero con tanto festivo y tan mal puesto. ¡Así vamos a levantar Sevilla! Y ahora a despotricar del columnista, qué se habrá creído el tío.

24/4/12

Escrito por cardomaximo

25/04/2012 a 09:15

Cómo viene la Feria

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LOS DUQUES DE Alba, doña Cayetana y don Alfonso, ya han anunciado que no piensan poner un pie en la Feria este año. En eso (en no ir, no en el anuncio en sí) van a coincidir con miles de sevillanos a los que les van a salir en los próximos días compromisos ineludibles en Madrid, desplazamientos inesperados a la costa para resolver papeles del apartamento en el catastro y convocatorias inaplazables de toda índole a manojitos. Por no hablar de los que tienen que trabajar toda la semana y no pueden distraerse de sus obligaciones laborales ni un ratito, aquellos  a los que les ha salido un crucero la mar de apañado que naturalmente van a aprovechar y todos a los que les han denegado los días de asuntos propios y no van a poder ir.

Si los toros son el termómetro de la fiesta, estamos bajo mínimos, a punto de congelación. El día más entonado de público en los tendidos, dos tercios de aforo en una plaza de 13.000 localidades y los tendidos de sol con menos público que en las novilladas nocturnas de julio. En los próximos días, la empresa de la plaza de toros va a colgar el cartel con el que sueñan todas las figuras del toreo, pero por dentro de los ventanucos: «No hay billetes». Ni billetes, ni cheques, ni tarjetas de crédito, nada de nada. Los palquillos de muy asolerados clubes sociales de la ciudad no encuentran compradores para las localidades ni aun con descuento.

Los abonos para los aparcamientos alrededor del ferial van saliendo con cuentagotas cuando antes se acababan el primer día que se ponían a la venta. Casetas hay en las que van a ir cazando a lazo a los invitados para la cena del alumbrado como en la parábola del Evangelio.
El que tiene coche, no va a enganchar. Y el que tiene caballo, no va a montar. Que no es plan de dejarse ver mucho, no vaya a verlo un acreedor y le monte el número por la calle.  El que tiene caseta, se va a quitar de enmedio en cuanto pueda: irá un par de días a señalar el pullazo y pies para qué os quiero. Y el que no tiene ni coche, ni caballo, ni caseta, pues a pasear y a mirar que es gratis.

Vamos a asistir a una nueva mutación de los horarios para saltarse el almuerzo en la Feria que se había impuesto casi como obligación en los últimos tiempos. Vamos a volver a los filetes empanados y a los platitos de pimientos fritos mientras se le impone a las criaturas una restricción en los viajes en los cacharritos que ríanse de la reducción del déficit del Estado.

Está por ver que nos impongan el copago de los farolillos, aunque mejor no dar ideas. ¡Cómo viene la Feria!

19/4/12

Escrito por cardomaximo

20/04/2012 a 09:45

Podemos seguir como si tal cosa

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PODEMOS SEGUIR como si tal cosa, tocando la lira, entregando unas becas a camareros o subastando muebles viejos, pregonando el dineral que se nos va a ir en intereses de una deuda que no hemos pagado, rotulando calles en honor de mitos de ayer por la mañana o fastidiando a los automovilistas que no dejan el coche en cualquier sitio. Podemos hacer todos como que no vemos lo que tenemos delante de nuestros ojos; podemos entreternos con el partido del Betis en Anoeta, debatir si Rajoy tendría que haber salido del paso improvisando cualquier bobada antes que najarse por la puerta lateral, seguir dando vueltas sobre las inversiones de un presupuesto que se ha quedado viejo en una semana o felicitarnos por las cifras de ocupación de los autobuses urbanos la pasada Semana Santa. Pero nada nos salvará del destino que nos aguarda.

Fin de trayecto. Se acabó el viaje. Podemos remolonear en la parte de atrás, podemos amotinarnos porque no queremos bajarnos del tranvía, podemos recordar con nostalgia lo bien que se llegaba a todos lados y lo barato –sobre todo, lo barato– que era el billete, podemos darnos ánimos ilusorios unos a otros de que podremos movernos empujando entre todos cuesta arriba, podemos quejarnos de la tormenta fastidiosa que hace ingrato apearse en medio de la ventisca. Pero nada de eso hará que el viaje se prolongue.

No hay salida. Estamos atrapados en nuestras rutinas inservibles, ajenos al fuego que incendia la casa, como si nada pasara. Somos miopes sin querer usar las gafas para enfocar la realidad correctamente, ciegos que no queremos ver, sordos que no queremos oír, tullidos que no queremos andar, mudos que no queremos hablar, idiotas que no queremos pensar. Pero nada de eso nos salvará, nuestra suerte está echada y cuanto más tiempo tardemos en advertir la gravedad de la situación, más nos costará salir del hoyo en que estamos.

Y mientras eso sucede, mientras empezamos a darnos cuenta de que nada será como lo conocimos, podemos seguir como si tal cosa, haciendo como si no se hubieran roto todas las convenciones en que nos desenvolvíamos a diario, como si siguiéramos teniendo lo que nunca más volveremos a tener. Podemos hacer como que no va con nosotros, que la ciudad está al margen de la emergencia nacional, que es posible seguir como si nada hubiera pasado, como si todo (el país entero) no se estuviera desmoronando a nuestro alrededor. Podemos elegir vivir como fantasmas, pero ni eso nos podrá salvar. Hasta aquí hemos llegado, sí.


11/4/12

Escrito por cardomaximo

12/04/2012 a 09:36

Ahórrense las lecciones

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NO ES NINGUNA errata el título, aclaración que no está de más ahora que tanta gente considera imposible acabar con el régimen socialista en Andalucía tras el último (latest but no the last) revés del PP en las urnas. No, las elecciones nunca están de más incluso si la cuarta parte del electorado se siente decepcionada con el resultado porque no se acompasa con sus expectativas. No, lo que hay que ahorrarse son las lecciones que nos brindan los analistas, opinadores y simples gentes del común de fuera de Andalucía, emperrados en el trazo grueso para explicar lo sucedido en las urnas.

Ahórrennos las lecciones, por favor, esa displicencia entre atrevida e ignorante con la que tratan de ahormar la realidad con el prejuicio con que se manejan; esa simplificación burda que confunde su deseo con la realidad; esa altanería con que desde Madrid (conste como sinécdoque) se mira a Andalucía como víctima de sí misma, como una región disminuida incapaz de llegar a la altura de su sesudo análisis.

En muchos comentarios publicados al hilo del inesperado resultado electoral del domingo late la suficiencia del que se imagina tocado por una gracia divina para librarse del destino que comparten todos a los que obsequia con sus opiniones, como esos demócratas que se permitían darle lecciones arrellanados en sus sillones en confortables apartamentos a orillas del Sena, a salvo de una redada policial o una encarcelación arbitraria, a los disidentes de la Europa soviética que tan bien retrató el historiador Tony Judt en su imprescindible Postguerra.

En muchos aspectos, la reacción con respecto al futuro socialcomunista que se avizora en Andalucía recuerda al desdén con que durante demasiado tiempo se acogió entre amplios sectores de la izquierda española la existencia misma de ETA como un problema exclusivamente de quienes vivían allí y con el que convenía no mezclarse lo más mínimo. En cierto sentido, recuerdan el rezo del fariseo por no ser como los publicanos: «Gracias, Dios mío, que no me toca vivir en Andalucía».

De verdad, ahórrense todas esas lecciones de suficiencia dialéctica con que nos martillean para descargar sus conciencias. En democracia, nadie tiene el gobierno que se merece sino el que, entre todos, se elige. Ahora más que nunca, el combate es por las ideas.

27/3/12

Escrito por cardomaximo

28/03/2012 a 09:15

¿Y ahora se va a poner a llover?

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LA PREVISIÓN meteorológica de la Semana Santa se vocea ahora por las redes sociales como antes se hacía con los periódicos de papel por la calle, cuando no había quioscos y sí miles de pordioseritos que se ganaban una perra chica por cada ejemplar que vendían. Ha sido colgar la predicción para las dos próximas semanas y no habrá ya capillita que no se haya enterado de que la probabilidad de chubascos se concentra entre el Viernes de Dolores y el Lunes Santo. Es un signo de los tiempos. En el doble sentido: lo habitual es que la primavera entre con inestabilidad atmosférica y propicie jornadas de chaparrones; lo actual es que nos adelantemos todos a lo que ha de suceder y nos pongamos a pontificar del porvenir como si nos fuera dado saber qué deparará. Para qué andarnos con disimulos: esta misma columna, sin ir más lejos.

La meteorología es una ciencia (para nada exacta, eso no hace falta ni decirlo) que ahorra miles de millones de euros con sus pronósticos: los aeropuertos saben si habrá niebla a la mañana siguiente, los ferroviarios si se encontrarán nieve sobre los raíles por la noche, los agricultores si conviene esperar unos días para la sementera, los gestores de embalses si conviene ir abriendo las compuertas y los hoteleros si se les van a caer las reservas ante un fin de semana desapacible. Anticiparse a meteoros adversos forma parte de la gestión ordinaria de servicios públicos, negocios e inversiones en las que están en juego vidas humanas en el peor de los casos y dinero, cuando menos. Así que a todos ellos les conviene saber cuanto antes el tiempo que hará para prever las contingencias oportunas.

Pero, ¿a las cofradías qué más les da? ¿Alguna va a dejar de comprar los claveles porque se avecina una borrasca?, ¿hay alguna hermandad que deje de contratar a los músicos si intuye la lluvia dentro de catorce días?, ¿deja algún prioste de montar los pasos o fundir la cera?, ¿se suspende el reparto de papeletas de sitio?, ¿el diputado mayor de gobierno se ahorra la confección de las listas? ¿A que no?

Pues entonces, queridos cofrades, dejad de atormentaros con el pensamiento del titular. El Jesús del evangelio hispalense diría: ‘Cada día tiene su afán y su propio chubasco. Ya se verá si salimos cuando llegue el momento. Para qué sufrir hasta tanto’.

22/3/12

Escrito por cardomaximo

23/03/2012 a 09:17

Una noticia de fútbol

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CUESTA ENCONTRAR la noticia, porque viene en una página escondida de las que los periódicos locales dedican al fútbol no modesto, sino modestísimo, el de esos clubes que juegan por amor al deporte. En medio del tráfago de la campaña electoral, la conmemoración del bicentenario constitucional y el gol de Cazorla al Madrid en el último suspiro, queda, más que perdida, arrinconada en ese desván repleto de cachivaches que son algunas páginas.

Pero allí estaba el titular por el que un equipo de fútbol base solicita la presencia de la policía la próxima vez que tenga que jugar en el campo de un rival de competición. La última vez, a su equipo de alevines (chavalines entre 10 y 11 años) los agredieron al término del partido y tuvieron que salir por piernas del campo sin pararse a recoger la ropa ni el material. Y el club atacado no está dispuesto a que eso mismo les pase a sus equipos de ¡benjamines! (hasta 9 añitos) y ¡prebenjamines! (entre 7 y 8 años).

La Federación Sevillana de Fútbol ha dado de plazo hasta las cuatro de la tarde del miércoles 21 para presentar alegaciones, pero de momento ha clausurado la cancha donde se produjeron los incidentes mientras se resuelve el expediente en curso. Asomarse a las páginas del comité de competición de esas categorías en las que los críos aún juegan por puro placer es pasearse por el museo de los horrores antideportivos: árbitros apedreados, equipos hostigados, entrenadores que retiran por las bravas a sus jugadores disconformes con el trencilla…

Cada fin de semana, centenares de niños saltan al campo a disfrutar del deporte que les apasiona… temerosos de que la hinchada contraria la tome con ellos y lo señale con el dedo. Ya tienen asumido que sus padres tendrán que aguantar en la banda los insultos, el menosprecio y las amenazas más o menos veladas de los progenitores del equipo rival.

Lo que podría ser un saludable ejercicio educativo a través del deporte queda subvertido por un puñado de energúmenos que confunden el ánimo a los jugadores propios con el desprecio al adversario en el terreno de juego. Esa es toda la enseñanza que se destila en esas categorías inferiores: odio contra los rivales, acoso a sus seguidores y agresión al que interpreta el reglamento. ¿Cómo esperamos que nos salgan los chavales después?

20/3/12

Escrito por cardomaximo

21/03/2012 a 09:13

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