cardomaximo

Mis columnas diarias en EL MUNDO de Andalucía

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El tiempo nuevo

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LO DIJO Felipe González sobre el escenario del teatro Lope de Vega luego de recibir el nombramiento de hijo bienamado de esta ciudad madrastra que lleva por nombre Sevilla. El alcalde, Juan Ignacio Zoido, se apuntó al carro que pasaba por delante de su día grande y también se lo hemos oído al portavoz municipal del PSOE en la entrevista en directo del martes pasado en TeleSevilla. Todo el mundo –nótese aquí el salto en el vacío que va de tres opiniones “políticas” a una generalización chusquera- está convencido de que se ha abierto un tiempo nuevo. Quizá porque nos damos cuenta de que el antiguo se ha cerrado definitivamente o anda entornando la puerta como en los pueblos cuando había difunto en la casa y se anunciaba con media hoja cerrada.

Bien, admitamos que estamos en un tiempo nuevo, como enfáticamente nos gusta señalar a los comentaristas, a los políticos y a los que tienen el tiempo para perderlo en disquisiciones absurdas. Pero no sabemos nada más. Casandra tenía el don de la adivinación (aunque llevaba en él el pecado de que nadie la tomara en serio), pero nosotros ni siquiera tenemos habilidad para ver lo que tenemos delante, cuánto más lo que está por llegar.

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Los habitantes sitiados de Constantinopla sabían que su mundo moriría en el momento en que los asaltantes traspasaran los sucesivos anillos de murallas tras los que se parapetaban sus certezas. Nosotros ni siquiera podemos identificar el asalto definitivo y eso que, una tras otra, van cayendo derruidos los paramentos sin necesidad de que lo anuncie ninguna trompeta triunfal al contrario de lo que pasó en Jericó.

Creemos intuir que el tiempo nuevo será austero y comedido, porque a la fuerza lo tenemos que ser en la actualidad; creemos que traerá más responsabilidad y mayor rigor en el ejercicio de los cargos públicos, pero esto no pasa de ser un deseo cuyo reverso, bien real, estamos experimentando cada día; suponemos que el tiempo nuevo hará realidad aquellos carteles naïf de colorines que pintó José Ramón para la campaña municipal socialista de 1979. O queremos suponerlo, porque no hay certeza.

Quizá sea esta circunstancia la que mejor defina el tiempo nuevo: su imprevisibilidad. Casandra lo tendría crudo y los bizantinos se harían cruces solo con pensar que, una vez producido el asalto decisivo, todo seguía igual. Se acabaron las certidumbres, decayeron los pronósticos, se agotaron las predicciones. Caminamos a ciegas sobre un momento resbaladizo sin tener donde agarrarnos. Por pereza mental más que por otra cosa, hemos dado en llamarlo el tiempo nuevo.

Escrito por cardomaximo

02/06/2012 a 10:35

Aquel chavalillo esmorecido

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QUE LA CIUDAD homenajee, como sin duda se merecía, a aquel niño feúcho nacido hace 70 años en Bellavista que llegaba a Heliópolis bien de mañana esmorecido en el pescante de una carreta de reparto de leche de la vaquería de su padre –un jándalo cabal del que nadie pudo jamás decir una mala palabra– habría llenado de gozo a aquella generación que veía en Felipe González la encarnación de los propios sueños (de prosperidad, de paz, de libertad, de democracia…) en la generación de sus hijos. Aquella gente para la que un apretón de manos era garantía más que sobrada y que entendía la honradez como un valor supremo del que no se podía prescindir a conveniencia.  Aquellos sevillanos, se me viene a la mente ahora mi propio suegro, que entendían de política lo justo para admirar en Felipe González al hombre hecho a sí mismo que había honrado a su familia aprovechando la oportunidad de estudiar y hacerse un hombre de provecho volcado en ayudar a los demás desde el compromiso político. Era a ellos a quien la ciudad agasajó el día de San Fernando considerando a Felipe González como su Hijo Predilecto.

Me gustaría pensar que, en realidad, antes que al presidente del Gobierno más longevo de la democracia, al líder carismático del socialismo patrio, al máximo responsable del Ejecutivo que auspició la celebración de la Exposición Universal en la isla de la Cartuja, al hombre de Estado que devolvió España a su sitio en Europa, al político hábil y con visión de futuro que supo forjar su destino sabiendo esperar su oportunidad, el título que el alcalde Zoido le otorgó en el teatro Lope de Vega premiaba la trayectoria personal de aquel chavalillo negrucio de piel al que su padre apremiaba a abrirse paso en la vida emulando a aquellos coetáneos de apellidos compuestos nacidos en cunas más altas.

Prefiero quedarme con ese González adolescente al que aguardaba una biografía de superación hasta las cimas más altas del gobierno nacional en aquella ciudad oscura y provinciana en la que la política –como expresión de los negocios– quedaba reservada a los linajes tradicionales, antes que con este político retirado, de vuelta de todo, amigo de los potentados y visionario de los nuevos tiempos que se traicionó a sí mismo destrozando los ideales de tanta gente que creyó de buena fe en su mensaje.

Probablemente, ni Felipe se acuerde ya de quien fue. En su discurso del Lope de Vega lo dejó dicho: «La vida, lo que se es, se es a los veinte años y ya no se cambia mucho». Aunque él haya cambiado tanto que resulta irreconocible en aquel chavalillo aterido junto al cochero…

31/5/12

Escrito por cardomaximo

01/06/2012 a 09:53

Desencajados del todo

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Sólo falta la aprobación de la junta de accionistas el próximo 26 de junio para certificar la defunción del modelo de cajas de ahorros entre nosotros. Por decirlo de un modo gráfico: Sevilla se queda desencajada del todo. Cuando ese día, los accionistas de Caixabank y Banca Cívica den su consentimiento a la absorción (qué clarito queda el término en todos los documentos registrales), se habrá acabado la historia para las cajas de ahorros sevillanas. A cambio, tendremos un banco cuya matriz mantiene una notabilísima obra social dotada con 500 millones de euros para patrocinios culturales y sociales a la espera de instalar uno de sus fastuosos centros culturales en el histórico edificio de las Atarazanas del Arenal. Tanto si alguna vez se propusieron en firme acabar con las cajas sevillanas como si todo fue fruto del desgobierno, la corrupción de su identidad fundacional y las decisiones equivocadas en los momentos críticos, el resultado es el mismo: ya no hay cajas.

El remedo de Banca Cívica, con el que se quiso enmascarar la imposibilidad de Cajasol (la fusión de las dos cajas sevillanas, hay que recordar) para seguir su andadura en solitario, también se ha ido al garete. Los trabajadores, la red comercial, los activos y todo el negocio pasan a depender de una venerable entidad con sede social en Barcelona que supo hacer mejor las cosas que aquí.

Lo sorprendente, no obstante, es la ausencia de una respuesta mínimamente articulada. Los trabajadores, con sus sindicatos a la cabeza, han sacado tajada de unas prejubilaciones y bajas voluntarias, bastante generosas por cierto, para la quinta parte de la plantilla y han bendecido la absorción. Los copresidentes de la entidad han sacado el premio gordo del proceso de integración en Caixabank con sendos asientos más que bien remunerados en el consejo de administración de la entidad.

¿Han dicho algo los políticos sevillanos que tan pugnaces se mostraron en el control de las entidades?, ¿se han mostrado los empresarios desilusionados con el proceso que ha culminado en la desaparición de las dos cajas de ahorros sevillanas?, ¿han expresado sus recelos las autoridades autonómicas que  con tanto ahínco han trabajado durante más de una década por debilitar tanto a El Monte como a la Caja San Fernando hasta conducirlas sumisas al ara del sacrificio?, ¿ha desautorizado –en público, el resto no cuenta– el Partido Socialista al gestor que ellos mismos pusieron al frente de El Monte para pilotar la fusión que les convenía una vez descabalgaron uno por uno a todos sus antecesores díscolos por uno u otro  motivo?, ¿ha habido algún asomo de inquietud entre los impositores a los que con tanta reiteración han venido burlando con mayor o menor descaro los sucesivos gestores de ambas entidades durante los últimos tres lustros?

Bankia, todo mal

Nada. Toda la fuerza se va en mesarse los pelos con el pufo de Bankia. Todos los denuestos se los llevan esos consejeros en representación de partidos políticos y sindicatos que han llevado a la ruina al banco madrileño. El impresentable descalabro de Bankia sirve de amortiguador de las iras públicas. No hay más que ver todo lo mal que se ha hecho en Madrid y en Valencia –aunque también en Barcelona y en Galicia, pero de eso mejor no hablar– frente a todo lo bien que se ha hecho en Sevilla. Tanto éxito ha tenido la gestión al frente de una entidad que ha conocido cinco fusiones –Caja San Fernando, Caja de Guadalajara, Banca Cívica y Caixabank– en cuatro años que durante la asamblea que expidió el certificado (a falta de rúbrica) de defunción pudo oírse esta perla:  «Cajasol tiene su futuro garantizado y un papel de liderazgo en Andalucía en el seno de la mayor y más solvente entidad financiera del país, que también es la más solidaria en términos de inversión social y de empleo».

Si hace 35 años llegan a decirle a los manifestantes del 4 de Diciembre en defensa de la autonomía política para Andalucía que las dos cajas de ahorros sevillanas de entonces iban a acabar sus días engullidas en un banco presidido desde Barcelona, más de uno se hubiera envainado la blanquiverde y se hubiera ahorrado la caminata.

Bien, otro sueño que se esfuma, otra quimera en la que hemos vivido, otro juguete roto de los políticos, otra esperanza desvanecida justo cuando más falta haría una entidad volcada hacia las clases más desfavorecidas y preocupada por el acceso al crédito y a instrumentos financieros de todos aquellos que se ven excluidos del sistema financiero. Nada, no nos queda nada de ese espíritu de rebeldía que alumbró la ensoñación de que podríamos forjar nuestros destinos. Hasta eso nos han quitado. Cuánta palabrería hueca, cuántas mentiras nos contaron.

28/5/12

Escrito por cardomaximo

29/05/2012 a 09:16

Historia universitaria

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LOS JÓVENES airados que han pasado la noche encerrados sin dormir constituidos en asamblea permanente –Dios, qué dolor de cabeza sólo de pensarlo- en la antigua Fábrica de Tabacos creen haber hecho historia. Suponen que el mapa de tendencias en la red social más comúnmente usada así se lo corrobora. El ‘no se habla en Sevilla de otra cosa’ traducido a la segunda década del siglo XXI, vamos. No es cuestión de quitarle mérito a pasarse la noche en blanco y pegándose la paliza del ‘vamos a respetar el turno de palabra, compañeros’, pero a ciertas edades uno aguanta eso y más. Todos alguna vez creímos que una asamblea nocturna o una manifestación multitudinaria iban a convertirse en acontecimientos históricos. Nuestra propia insignificancia necesita aferrarse a esos hitos con los que levantarnos la moral de combate; necesitamos imaginar que nuestras huellas son las primeras, aunque luego venga el viento o la marea a borrarlas: si lo sabrá un servidor, que hace de este hormiguero de letras su delicuescente mojón cotidiano.

La historia, sin embargo, resulta ser otra cosa. Algo inalcanzable a nuestra complaciente mediocridad, como intuimos al descubrir que otros ya volvieron de allí adonde queríamos ir o que otros ya se alzaron sobre los hombros de gigantes para llegar mucho más alto de donde estamos ahora. La Universidad enseña eso justamente: la impresionante galería de retratos de Harvard con los premios Nobel egresados de sus claustros podrá parecernos todo lo decadente y pequeñoburguesa (a ver si me paso por las asambleas, porque hasta la retórica anticapitalista la tengo desfasada) que queramos, pero es historia por los cuatro costados. Para nosotros, un Jaume I ya es historia como para enmarcarla, así que figúrense dónde estamos. Como para creer en acampadas históricas.

Por supuesto, no hay quien le quite a la Universidad de Sevilla el triste o gozoso (táchese lo que no proceda) honor de ser la primera de España donde los alumnos, de forma reglada y democráticamente legítima, eso sí, han decidido boicotear las clases privando a los profesores de su ansia de conocimiento y de su afán por aprender. Pero no por eso va a pasar a la historia. Ya sabemos –y si no, nos lo recuerda Torrijos- que la historia siempre la escriben los vencedores. Nadie duda a estas alturas que el escalafón de Shanghai con la clasificación de las 500 mejores universidades del mundo lo fraguan los campeones. Por eso no hacemos historia, porque nos ganan siempre, pero ojo, que a colchones no hay quien nos tosa.

25/5/12

Escrito por cardomaximo

26/05/2012 a 10:52

Cada uno en su castillo

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PRIMERA ESCENA. Un grupo de no más de doscientas personas se arremolina detrás de la carreta del simpecado de la hermandad de Sevilla Sur por el barrio del Porvenir. Este año, sin cohetes y sin caballerías. Apenas un todoterreno con una luz de gálibo anaranjada encabezando la marcha y una furgoneta y una barredora de Lipasam al trantrán cerrando la comitiva sin nada que hacer porque los romeros caminan presurosos y nadie se detiene a emporcar. El grupo va alegre y confiado, entonando sevillanas en las que sobresale una voz femenina haciendo la octava: «Chaparrones de mayo lavan los pinos y asientan las arenas de los caminos», aunque no hay rastro de nubes y el camino es puro asfalto. El boyero se enarca en la testuz de uno de los mansos para refrenar la yunta mientras el solitario guardia desvía el tráfico. Ni un cohetazo, ni un relincho, ni un bocinazo. La hermandad apenas se hace notar en su discurrir de puntillas.

SEGUNDA ESCENA. Tres concejales del equipo de gobierno municipal descienden por la zapata de la calle Betis para presentar a la prensa los murales cerámicos con que van a adornar la muralla para que se vea el nombre del barrio más característico de la ciudad desde Sevilla. Uno tras otro van pasando por un ambón instalado al efecto junto a la dársena para dar explicaciones sobre los tres retablos con los que el Ayuntamiento de Sevilla pretende ornamentar la fachada más conocida del antiguo arrabal. El delegado de Turismo, Gregorio Serrano, pronuncia las palabras  que los políticos suelen invocar antes de abrir la cartera del contribuyente para abonar la cuenta: «Triana aparecerá como merece en el río». Exactamente como 180.000 euros que va a costar la bromita.

 

TERCERA ESCENA. Una muchedumbre enardecida de estudiantes, universitarios, profesores y simples simpatizantes de la causa toma las calles en la manifestación contra los recortes en Educación. Hay quien lleva antorchas, quien pasa gritando consignas contra el ministro Wert, quien insulta a diestro menos a siniestro y quien exhibe pancartas. Un grupo de ultraderechistas pasa brazo en alto desafiante por la Plaza de España antes de que los policías se ganen el sueldo en evitación de incidentes que vayan más allá de los lindos piropos que se dedican. La manifestación es tan multitudinaria que decide dividirse para llegar al Parlamento, vacío y sordo en su mole imponente.

Cada uno a lo suyo, cada uno en su castillito propio para dominar el paisaje más inmediato. ¿Habrá algo que unir pueda las tres escenas en campo abierto?

23/5/12

Escrito por cardomaximo

24/05/2012 a 09:35

Peor lo tuvieron nuestros padres

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Basta ya de lloriqueos. Ya está bien de lamentos y de quedarse compungido en un rincón echándole la culpa al mundo de lo que nos pasa. Sí, ya está bien de creernos tan importantes como para considerarnos a salvo del cataclismo económico que no acogota. No es mala suerte ni es una conspiración ideológica para arrebatarnos el confortable status quo que habíamos logrado construir en precario. No; hicimos las cosas mal y ahora nos toca arreglarlas. ¿Es tan difícil de entender?

Los jóvenes universitarios sevillanos –con algunas excepciones en un puñado de facultades- se han puesto en huelga. No quieren que les suban las matrículas el curso que viene. Nadie desea que le suban el IRPF ni los funcionarios aceptan que les den otro pellizco a la nómina. Tampoco los jubilados están dispuestos a pagar nada por sus medicinas ni los enchufados en la Administración pública que sólo acuden a su puesto de trabajo para cobrar la nómina quieren verse desenmascarados. Por eso hay que bajarle el sueldo a todo el mundo, para preservar el empleo de los que no se lo ganan.

Es lógico aferrarse al orden conocido de las cosas. Y considerar una desgracia que los maestros den dos horas más de clase a la semana o que tengan un par de niños más en el aula. A la pretensión iconoclasta de cambiarlo todo de arriba abajo puesto que el sistema imperante ha dado muestras de su pésimo funcionamiento, se opone la prudencia que invita a perseverar en los mismos errores con el mínimo retoque para que pueda seguir tirando. Con la pereza que da cambiarse por entero, volverse como un calcetín, hacer lo contrario de lo que se venía haciendo, volver a empezar…

Todos hemos sido jóvenes y, como una manifestación más de la edad, por lo general tan bienintencionados como mal informados. Todos soñábamos con una igualdad de oportunidades efectiva que la realidad siempre se encargaba de frustrar. Todos creíamos que una subida de las tasas –cualquiera que fuese su porcentaje, porque con esas edades no se hace mucho caso de los números, sino de las emociones- convertiría la Universidad en coto cerrado para los ricos que pudieran permitirse pagar las matrículas.

“Nuestra generación no se merece esto”, se oye el lamento de la frustración subiendo de tono tanto desde las aulas universitarias como de la cola del paro. La ensalzada Constitución de 1812 ya exhortaba a los españoles a ser “justos y benéficos” y en esa arcadia feliz seguimos viviendo. Aunque por en medio hayan venido guerras civiles, revoluciones, acciones terroristas, dictaduras, experimentos sociales, tiros y muertos. Todas las generaciones repitieron el mismo mantra (“No nos lo merecemos”) mientras se dejaban llevar a rastras a donde no querían ir.

También nosotros, aunque gracias a Dios, esta vez nos han llevado a un panorama en el que no hay pistolerismo ni muertos. Algo hemos avanzado. Todos esos jóvenes que se declaran en huelga de asistencia a clase –como si a alguien más que a ellos les importara las dos semanas de descanso- rebosan vitalidad y lozanía: están bien alimentados, van bien (a su manera, claro) vestidos y pueden preocuparse de algo más que de conseguirse el sustento diario.

Nuestros padres lo tuvieron peor. ¿Hay que recordarlo? La generación de la guerra y del hambre, la de los piojos y las escaseces, la de las enfermedades y la falta de libertad para quejarse de la situación incluso, lo pasó peor que nosotros, ¿es cierto o no? Y nos sacaron adelante. Nos dieron estudios, nos permitieron mejorar la posición social, nos enseñaron a distinguir entre lo fundamental y lo prescindible, a trazar rayas rojas intraspasables, a mirar por cada céntimo, a luchar con tesón por lo que se persigue.

Bien podrían haberse lamentado de lo que les tocó vivir. De las penurias, de la sangre derramada, de la asfixiante dictadura, del pluriempleo o la emigración, de la falta de expectativas, del analfabetismo… Había tanto por lo que quedarse llorando en un rincón… Y, sin embargo, salieron cada día a ganarse el pan con el sudor de su frente, a darnos un futuro mejor a las siguientes generaciones a costa de sacrificios y renuncias personales.

Ahora nos toca a nosotros asumir los sacrificios que vimos en nuestros padres. Podemos seguir llorando porque creemos no merecernos lo que nos está pasando mientras nos aferramos al orden insostenible en el que nos habíamos manejado hasta ahora. O podemos empezar a dejarnos la piel.

No hay otra forma de salir del agujero: para subir, unas generaciones tienen que apoyarse en las anteriores. Los sociólogos le llaman solidaridad intergeneracional. Los economistas le llaman bienestar diferido. Los padres le llaman amor por los hijos. Los únicos que no tienen nombre para definir la situación son los políticos: para ellos, el ciclo de la vida sólo dura cuatro años.

21/5/12

Escrito por cardomaximo

22/05/2012 a 09:46

Un balance -¿y un futuro?- decepcionante

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En descargo del alcalde Zoido, que la semana pasada ha hecho balance de mandato por adelantado, hay que decir que eran tantas las expectativas que levantó su triunfo electoral mañana hace justo un año que lo más fácil era defraudarlas. Y a fe que lo está consiguiendo, pero no a la velocidad con que se lo ha propuesto este equipo de gobierno. El repaso a los periódicos de los últimos días, la lectura de informes, columnas de opinión y artículos conmemorativos de la efeméride del 22 de mayo no debe haber llenado de satisfacción a Zoido ni a ninguno de sus diecinueve concejales. Vale, lo pasado, pasado está y nadie nos va a devolver el año perdido. Lo más decepcionante, con todo, es oír otra vez en las entrevistas la misma cantinela gastada. Mal augurio.

Escrito por cardomaximo

21/05/2012 a 10:03

Acuérdense de San Hermenegildo

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QUIZÁ, SÓLO quizá, sea ésta la columna de opinión más influyente de la prensa sevillana, aunque uno andaba por la vida sin saberlo hasta que la Diputación ha sacado la lista de sus medallas de la provincia y quizá, sólo quizá, uno se imagina que lo leen y todo esos políticos cuyo café del desayuno aspiramos a amargarles el tiempo que tardan en pasar la página. El amable lector me va a consentir pavoneo tan indecoroso por los críticos momentos por los que atraviesa la profesión periodística en general y los tripulantes de esta patera de papel en particular. O sea, que vale, vamos a presumir por un día de influencia, lo que en el argot profesional se llama –perdón por señalar– mear en lata.

El caso es que me han tomado la palabra.  En este mismo rinconcito guaseábamos hace un año a propósito del nombramiento como hijos predilectos de los tres diputados sevillanos en las Cortes de Cádiz de dos siglos atrás. No hay que decir que los honores se les rendían a título póstumo. Y acabábamos aquel comentario con una ironía que va cobrando cuerpo: «Ya queda menos para que se acuerden de Hermenegildo y lo hagan hijo predilecto…» San Hermenegildo o las Santas Patronas –mujeres al fin y al cabo, como pide el PSOE–, el emperador Adriano –ejemplo de «diversidad familiar», como solicita IU– o los Hércules de la Alameda, a los que habría que colgarles la medalla con la escalera articulada de los bomberos.

La apuesta por la fama póstuma –lean a Larra, que esas sí que eran columnas– la inició Monteseirín el año pasado, pero se ve que todos le han cogido afición. En la capital, Zoido le va a dar la distinción a Morales Padrón reparando a posteriori la injusticia cometida con el catedrático americanista. Pero es que la Diputación se ha acordado de Jacinto Pellón, el factótum de la Expo92, a los seis años de su muerte aprovechando que se cumple el vigésimo aniversario de la muestra universal y que el Ayuntamiento de Zoido lo había dejado fuera del reparto de honores pretéritos. Hasta el Ayuntamiento de La Algaba va a nombrar hijo predilecto al que fue alcalde, Marcos Agüera, hasta su muerte.

Nuestros políticos han descubierto la comodidad de homenajear en efigie –la Inquisición quemaba así– en vez de hacerlo en vida. Primero, nadie les puede salir respondón y rechazar el nombramiento; después, como a los muertos nadie se atreve a criticarlos, los proponentes pueden ahorrarse esos votitos ridículos de abstención en el pleno para aparentar que se está en contra, pero sin estarlo. El filón para medallear fiambres ofrece una veta inagotable. Por favor, acuérdense de Hermenegildo, el pobre príncipe visigodo, tan santo y tan olvidado. Es por influir…

17/5/12

 

Escrito por cardomaximo

18/05/2012 a 09:43

Recortes en bolsa de plástico

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Foto: Julio Muñoz

GRIÑÁN NOS HA mostrado, al fin, cuál era el camino socialdemócrata para salir de la crisis. Y, oh qué casualidad, coincide bastante con el camino neoliberal para sacarnos del atolladero: reducirle el sueldo a los que tienen el puesto de trabajo fijo por oposición y subir los impuestos de la gasolina además de apretarle un poco más las clavijas a la clase media. Sí, ya, el imperativo legal, la lealtad institucional y lo que quieran contarnos, pero a los enchufados ni los tocan y ellos mismos se rebajan el sueldo menos de lo que van a mermárselo a sus subordinados. Ejemplaridad se llama.

Bien, ya nos hemos quedado más tranquilos sabiendo que acabarán pagando los mismos de siempre: el autónomo que depende del coche para ganarse la vida, el empleado público al que le meten la mano en la cartera por decreto y el asalariado por cuenta ajena con un sueldo medio qué superviviente de los despidos en su empresa. Y luego se advierte clarísimamente la impronta de Izquierda Unida en medidas fiscales como el incremento de la escala de gravamen del impuesto sobre Patrimonio que reportará a la Hacienda autonómica la asombrosa cantidad de 9 millones de euros al presupuesto… del año que viene. Se les ha olvidado subir el de las bolsas de la compra, que ya mismo van a cotizar en el mercado negro: te cambio una de plástico por tres de papel y en ese plan.

Perfecto. Pero, ¿qué pasa si no se lo creen? Qué ocurre si a algún sabueso del Financial Times vuelve a señalarnos con el dedo de la intervención por parte del Gobierno central cuando lean que la Junta prevé ingresar 350 millones de euros por la venta frustrada en 2011 de 76 edificios propios que volverá a alquilar a quien se los quede; qué sucede si a alguien en la Comisión Europea en Bruselas le da por preguntar de dónde van a salir esos 506,4 millones de euros presupuestados en subvenciones de programas europeos que la Junta ya pagó en ejercicios anteriores; qué pasa si alguna agencia de rating quisquillosa observa que quitar los 570 millones de euros de inversión en obra pública retrasará el crecimiento económico indispensable para soportar tanta austeridad. ¿No era eso lo que pregonaba Griñán hasta ayer por la mañana?

Lo peor es que no tenemos respuesta para esas preguntas. O mejor, que los políticos no quieren escuchar la única respuesta posible: déjense de zarandajas y aplíquense todos los partidos de una vez por todas a desmontar el artificial y costosísimo andamiaje institucional que nos encorseta hasta asfixiarnos. Todo lo demás son pamplinas en bolsas de plástico.

16/5/12

Escrito por cardomaximo

17/05/2012 a 09:06

De golpe en golpe

con 2 comentarios

Como si el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, hubiera querido facilitarles las cosas a los informadores para hacer balance por adelantado del primer aniversario de su triunfo electoral en las urnas, la sucesión de anuncios, medidas y decisiones de la última semana contiene en sí misma con suficiencia el resumen de este su primer año al frente de la ciudad. Ha habido de todo: golpes de autoridad a favor de su electorado, espejismos convertidos en cumplimiento de su programa electoral, populismo barato sin mayores honduras, promesas que vengan a actualizar las de la campaña electoral y un golpe de efecto de esos a los que es tan aficionado para desdibujar las líneas de choque con los adversarios políticos.
Todo eso y más ha cabido en la semana recién terminada, como si la mera acumulación de acontecimientos extraordinarios o espectaculares pudiera hacer borrar de la mente de los ciudadanos la sensación –todavía minoritaria, pero establecida entre sus votantes más concienciados– de oportunidad perdida que trasmina este primer año de gobierno municipal.

Esa parte del electorado que lo recibió con los brazos abiertos, convencida de que Zoido traía un aire nuevo a la política municipal, pero que se ha desencantado conforme iban pasando los meses hasta llegar a la traca –no hay mejor símil que el de los fuegos de artificio– de la Operación Talento lanzada a mitad de la semana pasada para seleccionar a 32 jóvenes con aspiraciones de abrirse paso en el mundo de la música a los que se les dará formación costeada por el contribuyente.

Fue tan negativa la respuesta de la opinión pública a través de las redes sociales (el nuevo ágora de los tiempos donde se debate de cualquier cosa sobre la marcha con tal de no sobrepasar los 140 caracteres) que su equipo se vio obligado a improvisar una aportación de un millón de euros para la rehabilitación de la iglesia de Santa Catalina con el que hacer pasar a segundo plano el sofocón del concursito de aspirantes.

Y, sin embargo, Operación Talento reúne muchas de las claves de gobierno del alcalde de Sevilla. Hay un tufo paternalista para quien quiera olisquearlo, hay mucha intriga publicitaria artificialmente creada y mucha propaganda sabiamente dosificada, hay intereses privados en juego que actúan bajo el paraguas protector del interés general de la ciudad y, sobre todo, hay una consideración del ejercicio del poder como una colección de ocurrencias a cual más deslumbrante para la ciudadanía, que no sale de su asombro.

Es verdad que las ocurrencias de antes nos costaban 102 millones de euros, como esas ‘setas’ de la Encarnación que están lejos de ser el equivalente a un museo Guggenheim que se nos prometió, y la de ahora no va a pasar de 23.000 euros, que es una minucia se mire como se mire. Pero no dejan de compartir, y ahí radica la perniciosa gravedad de la comparación, el mismo afán de sorprender a los administrados y obtener resonancia pública.

Prohibir a determinadas horas la circulación de bicicletas por el carril construido ex profeso en la calle Asunción no es más que una medida a favor de su electorado de Los Remedios sabiendo que la réplica es lógicamente difusa y está desarticulada. Anunciar como el cumplimiento de su programa el proyecto todavía sin licitar de un aparcamiento en Triana es una actualización de una promesa electoral, consideración que debe compartir con el anuncio de que habrá dinero para la obra de Santa Catalina cuando todavía no se ha terminado de pagar la factura anterior.
De golpe en golpe, el equipo de gobierno municipal cabalga a lomos de decisiones políticas cuya efectividad se mide en términos de impacto en la audiencia, como si en vez de gobernar un Ayuntamiento arruinado (ahí sí que no cabe hacerle ningún reproche ni a él ni a la ejemplar Asunción Fley), estuviéramos en una permanente campaña electoral en la que ganarse la confianza del votante.

No sólo la de los propios, sino también la de los electores de los partidos de la oposición, como acredita el gran golpe de efecto de la semana pasada con el nombramiento (pendiente del trámite, alguno pensará que engorroso, de la aprobación plenaria) de Felipe González como hijo predilecto de la ciudad. Uno de esos guiños con los que Zoido persigue borrar las líneas divisorias, acercarse a los votantes socialistas y eliminar cualquier apreciación de sectarismo en su conducta como gobernante.

Qué duda cabe que Felipe se merece el nombramiento. Por más que su prolongado gobierno incurriera en episodios funestos que están en la mente de todos. Pero el gran beneficiado de esa operación de imagen no será González, sino Zoido, fiel a su estilo. Quienes lo votaron ya deberían ir conociéndolo.

14/5/12

Escrito por cardomaximo

15/05/2012 a 09:39

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