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Recortes en bolsa de plástico
GRIÑÁN NOS HA mostrado, al fin, cuál era el camino socialdemócrata para salir de la crisis. Y, oh qué casualidad, coincide bastante con el camino neoliberal para sacarnos del atolladero: reducirle el sueldo a los que tienen el puesto de trabajo fijo por oposición y subir los impuestos de la gasolina además de apretarle un poco más las clavijas a la clase media. Sí, ya, el imperativo legal, la lealtad institucional y lo que quieran contarnos, pero a los enchufados ni los tocan y ellos mismos se rebajan el sueldo menos de lo que van a mermárselo a sus subordinados. Ejemplaridad se llama.
Bien, ya nos hemos quedado más tranquilos sabiendo que acabarán pagando los mismos de siempre: el autónomo que depende del coche para ganarse la vida, el empleado público al que le meten la mano en la cartera por decreto y el asalariado por cuenta ajena con un sueldo medio qué superviviente de los despidos en su empresa. Y luego se advierte clarísimamente la impronta de Izquierda Unida en medidas fiscales como el incremento de la escala de gravamen del impuesto sobre Patrimonio que reportará a la Hacienda autonómica la asombrosa cantidad de 9 millones de euros al presupuesto… del año que viene. Se les ha olvidado subir el de las bolsas de la compra, que ya mismo van a cotizar en el mercado negro: te cambio una de plástico por tres de papel y en ese plan.
Perfecto. Pero, ¿qué pasa si no se lo creen? Qué ocurre si a algún sabueso del Financial Times vuelve a señalarnos con el dedo de la intervención por parte del Gobierno central cuando lean que la Junta prevé ingresar 350 millones de euros por la venta frustrada en 2011 de 76 edificios propios que volverá a alquilar a quien se los quede; qué sucede si a alguien en la Comisión Europea en Bruselas le da por preguntar de dónde van a salir esos 506,4 millones de euros presupuestados en subvenciones de programas europeos que la Junta ya pagó en ejercicios anteriores; qué pasa si alguna agencia de rating quisquillosa observa que quitar los 570 millones de euros de inversión en obra pública retrasará el crecimiento económico indispensable para soportar tanta austeridad. ¿No era eso lo que pregonaba Griñán hasta ayer por la mañana?
Lo peor es que no tenemos respuesta para esas preguntas. O mejor, que los políticos no quieren escuchar la única respuesta posible: déjense de zarandajas y aplíquense todos los partidos de una vez por todas a desmontar el artificial y costosísimo andamiaje institucional que nos encorseta hasta asfixiarnos. Todo lo demás son pamplinas en bolsas de plástico.
Follow @javierubrod16/5/12
¿Por qué no se callará?
A HUGO CHÁVEZ, ese gorila de la política latinoamericana que quiere ir de macho alfa de la manada, le reían las gracias en el Ayuntamiento de Sevilla hasta ayer mismo, como quien dice. Se organizaban viajes a Venezuela, se enviaban remesas y se saludaba a los brigadistas como si pudieran hacer renacer el comunismo de sus cenizas. Sus bravatas contra el imperialismo, su enemiga contra los yanquis, sus soflamas a favor de Fidel Castro y sus esbirros son regularmente jaleadas por quienes ven en él al líder de los pueblos sojuzgados y la verdadera alternativa al capitalismo, eso sí, bañado en petróleo. En fin, cada uno es muy libre de creer en lo que quiera o de comulgar con las ruedas de molino que encuentre a mano.
Pero esta estupidez suya de ahora del cáncer inducido por los Estados Unidos porque han coincidido en Oncología Cristina Fernández de Kirchner, Lula da Silva, Dilma Rousseff, Fernando Lugo, David Thompson y el suyo mismo –aunque tardó veinte días en darle nombre a su dolencia– ofende a la inteligencia y lleva la zozobra a muchos miles de personas en todo el mundo que están combatiendo cuerpo a cuerpo contra el cáncer. «¿Sería extraño que hubieran desarrollado una tecnología para inducir el cáncer y que nadie lo sepa hasta ahora y se descubra esto dentro de 50 años o no sé cuánto? No sé, sólo dejo la reflexión, pero esto es muy extraño».
Las teorías paranoicas sobre enfermedades alcanzaron su apogeo a finales de los 90 del pasado siglo con el VIH causante del sida. Entonces también se acusó a Estados Unidos de poner en circulación el virus. En realidad, estas conspiraciones sanitarias son tan antiguas como el hombre. Desde las plagas bíblicas, siempre hemos estado tentados de echarle la culpa a nuestros enemigos de los males que nos afligen.
Toda esa charlatanería de Chávez no hace sino velar con la verborrea de un supuesto misterio una enfermedad como otra cualquiera contra cuyos mitos pugnan a diario médicos, enfermeros, voluntarios, familiares y, por supuesto, los propios pacientes.
Olvídenlo. No hay nada extraordinario en la coincidencia de cánceres en dignatarios latinoamericanos. Hosni Mubarak, Vlacav Havel, Ronald Reagan, Franklin D. Roosevelt, François Mitterrand, Georges Pompidou, Yuri Andropov y el sha de Persia también lo padecieron y nadie mentó ninguna confabulación. ¿Por qué no se callará Hugo Chávez y deja a los enfermos en paz tratando de curarse de sus cánceres?
javier.rubio@elmundo.es
30/12/11
Un millón de brazos
EL MILLÓN no es una cifra, es un mito. En Washington tuvieron su Marcha del Millón de Hombres en recuerdo de aquella otra a cuyo término el reverendo King compuso una de las piezas de oratoria política más sugerentes de la historia: «I have a dream». En El Rocío tienen su millón cada año venido a menos y en la Feria también se fanfarroneaba con el millón de visitantes como si pudieran caber. Un millón es lo que cobraba El Cordobés cuando Collins y Lapierre se fijaron en él para su reportaje novela O llevarás luto por mí, sólo que Manuel Benítez le llamaba kilo porque eso pesaba un fajo de billetes de mil pesetas con la cara de los Reyes Católicos. Un millón para el mejor era el premio de la época en la única televisión de España, por supuesto, en blanco y negro. Y los americanos tienen la costumbre de preguntarle (para aprender, que hasta en eso son pragmáticos) a los ricos de qué forma consiguieron su primer millón de dólares, que por lo visto marca la frontera entre tener o no tener, aunque uno no sea Humphrey Bogart.
Roberto Carlos quería tener un millón de amigos y Raquel Welch lucía cuerpazo en bikini prehistórico Hace un millón de años. Sanidad quiere conseguir un millón de pasos para combatir el sedentarismo, ese enemigo cardiovascular que mata sin levantarse del asiento y todavía hoy menudean los concursos televisivos en los que el premio consiste en atrapar un millón, ahora ya de euros.
De modo que cuando el Centro Regional de Transfusión Sanguínea ha anunciado que está a punto de alcanzar la cota del millón de donantes en sus veinte años de existencia cumplidos el 29 de noviembre pasado no es sólo que haya obtenido 973.086 unidades de hemoderivados en los puntos fijos y en las colectas de las unidades móviles, sino mucho más que todo eso con el gesto repetido un millón de veces de estirar el brazo para donar sangre.
No importa el oficio que se desempeñe ni los estudios que se tengan, ni el carácter ni el temperamento, qué más da dónde se haya nacido, ni el color de la piel, a qué dios se le rece o a qué partido se vote en las urnas. Da igual ser bético o sevillista, de Belmonte o de Joselito, de Triana o de la Macarena, rico o pobre, catedrático o iletrado, cualquiera vale para transmitir humanidad.
Esa cifra de donaciones al alcance de la mano encierra un millón de gestos altruistas, un millón de esfuerzos solidarios, un millón de brazos con las venas abiertas para regalar vida.
javier.rubio@elmundo.es
14/12/11
Como que no hubo botellón
La máxima autoridad municipal había dado orden de que se impidiera la entrada de jóvenes con bebidas alcohólicas al recinto; se había desplegado la Policía Local con un centenar de efectivos patrullando las inmediaciones; se había vallado la zona para disuadir a la muchachada de apostarse a trasegar alcohol en plena calle; se anunciaron sanciones para quienes hicieran ruido que perturbara a los vecinos; se lanzó el mensaje inequívoco de que se haría cumplir la ley que prohíbe beber en la calle… y se cumplió.
Los agentes policiales intervinieron 320 botellas y formularon 15 denuncias en cumplimiento de las normas aprobadas por el Parlamento y las propias ordenanzas municipales. El aviso era incontrovertible: «Por encima de la diversión está el descanso y la calidad de vida de la gente». El jueves 6 de octubre fue el primero sin botellón.
En Valencia, claro. La Policía Local impidió que se desarrollara el habitual botellón de los jueves en el campus universitario de Tarongers como venía sucediendo semana tras semana. El concejal de Seguridad Ciudadana, Miquel Domínguez, había advertido de que se iba a prevenir la aglomeración de estudiantes en la zona, a pesar de que está en el extrarradio de la ciudad y no perjudica a demasiados vecinos. Aun así, los servicios de limpieza recogieron diez toneladas de basura la semana anterior (jueves 29 de septiembre). A tenor de lo sucedido este pasado jueves, en Valencia parecen estar decididos a combatir «esa especie de lacra que es el botellón». ¿También en Sevilla?
El alcalde, Juan Ignacio Zoido, ha propuesto más de una vez la gestión municipal de Rita Barberá al frente del Ayuntamiento de Valencia como el modelo que le gustaría seguir en Sevilla. Bien, aquí tiene el ejemplo de cómo evitar el botellón para hacer cumplir una ordenanza que ha aprobado el propio ayuntamiento.
Del discurso de Zoido el jueves por la mañana en el Ayuntamiento respondiendo a preguntas de los periodistas tras presentar la final de la Copa Davis cabía deducir que el botellón se iba a impedir «en la medida de lo posible»: Policía Nacional a caballo, cien agentes de la Local patrullando la banqueta de la Expo, accesos cortados, controles de alcoholemia, puesto de mando avanzado para tomar decisiones sobre el terreno, escalón médico para evacuaciones…
Parecía que, por vez primera, el Ayuntamiento se tomaba en serio el botellón y haría todo lo posible por evitarlo, como es preceptivo desde que así lo dispuso el Parlamento de Andalucía. Sobre el papel, claro. A la hora de la verdad, la policía se vio «desbordada», según confesión de debilidad de la portavoz del cuerpo en los micrófonos de Tele Sevilla, y cinco mil jóvenes camparon a sus anchas bebiendo hasta hartarse o apurar las botellas que llevaban encima.
Tenía razón el alcalde Zoido cuando se refería a la inercia creada por la «excesiva permisividad» todos estos años atrás con el fenómeno de las concentraciones juveniles en torno al consumo de alcohol en la vía pública. De hecho, la Policía Local ha empezado a multar conductas tipificadas en la ley 7/2006 aunque es presumible que las sanciones administrativas no lleguen muy lejos y se observa una mayor atención al problema por parte de las autoridades.
Hay que darle la razón al regidor porque no es algo que vaya a resolverse de un día para otro, por supuesto. Sobre todo, si se ha acostumbrado a los jóvenes a reunirse en la explanada de la isla de la Cartuja sin mayor contratiempo. Durante muchos años, además, se ha abonado la especie de que el Ayuntamiento pondría a disposición de la multitud un «botellódromo» con todas las comodidades y servicios imaginables para hacer más agradable la ingesta de alcohol a la chavalería.
Desmontar ese discurso lleva tiempo, de acuerdo. Pero lo que no tiene ningún sentido es que la palabra del alcalde quede a la altura del betún en un lapso de seis o siete horas. Sencillamente, Zoido no puede comparecer ante los medios de comunicación anunciando que se impedirá la concentración juvenil y luego hacerse la vista gorda como siempre se ha hecho. Son esas contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace las que los ciudadanos no perdonan a los políticos.
Quizá hubiera bastado con modular el mensaje y hacer llegar la dificultad de cambiar la estrategia municipal contra el botellón; o quizá quien debiera haber empeñado su palabra tendría que haber sido un concejal para no dejar en posición tan desairada a la máxima autoridad municipal. Pero al salir Zoido al redondel atrajo sobre sí los focos y los rayos de esta tormenta otoñal.
Corolario: no se puede estar concelebrando la misa de la Copa Davis y repicando las campanas que avisan del botellón. Sevilla habrá dejado a Valencia sin Davis, pero en manejo de botellones, no hay otra campeona que la ciudad del Turia. A Zoido le han roto el servicio esta vez.
javier.rubio@elmundo.es
10/10/11
El amor por una hija
“No hay dinero suficiente en el mundo que pague un minuto de sufrimiento de mi hija”, declaró Eduardo Contreras, el padre coraje que después de una batalla legal de seis años ve cómo el Servicio Andaluz de Salud no da su brazo a torcer y recurrirá la sentencia que lo condena a indemnizar a la familia de María por un parto negligente que le causó la parálisis cerebral a la pequeña. En su conmovedor relato de la situación en que vive la cría, en sus gestos sin aspavientos y en su determinación por que se haga justicia se transparentaba el cariño por una niña especial. Oyéndolo hablar el jueves en Antares, quedaba claro que no hay en el mundo dinero suficiente para comprar un gramo del amor que ese padre y toda su familia siente por su hija María.
19/9/11

