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Subidos a la noria

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La noria a la que se sube hoy este artículo no tiene nada que ver con la que instalaron en 2006 en el Prado de San Sebastián el tiempo justo (ocho meses, ni un embarazo a término) para darse cuenta de que el invento no tenía ningún futuro. Sus promotores, la empresa británica World Tourist Attractions, plegaron velas de inmediato y se fueron con la música a otra parte mientras el Ayuntamiento prometía que en un año o año y medio se volvería a poner en funcionamiento en el muelle de Nueva York, cuya remodelación se anunciaba para finales de 2009. Pasó 2009, pasó 2010 y entramos en 2011: no hay rastro de la noria y el paseo del muelle de Nueva York sigue en obras sin que se sepa cuándo podrán disfrutarlo los sevillanos. También siguen en obras los Jardines del Guadalquivir, en la isla de la Cartuja, cerrados desde que la Exposición Universal se clausuró el 12 de octubre de 1992. También están cerrados los pabellones del Futuro y del siglo XV sin que se sepa para qué van a servir. El de la Navegación lleva en obras de remodelación casi tanto tiempo como tardaron en construirlo.

El catálogo de promesas incumplidas y cuestiones marginadas de la agenda política de la ciudad puede engordarse a voluntad. La comisaría policial de la Gavidia se cerró en 2003 ante la amenaza de ruina; en 2005 el Ayuntamiento se la compró, ruinosa y todo, al Ministerio del Interior por casi 10 millones de euros que se iban a invertir en construir cinco nuevas sedes policiales en otros tantos distritos; sólo se ha levantado una, la de la Alameda de Hércules desde entonces.

La primera vez que salieron a subasta los bajos del mercado del Arenal fue en enero de 2006, pero nadie pujó por los más de 10 millones que exigía el Ayuntamiento. Tiempo después, se adjudicó a una empresa que acabó devolviendo los locales y renunciando a su puesta en el mercado.

Otro mercado, el de la Puerta de la Carne, un notable edificio regionalista de Lupiáñez y Gómez Millán, cerró sus puertas en 1999. Una ardua batalla legal expropiatoria paralizó la intervención, que luego se vio retrasada por la ocupación de las instalaciones por parte de un grupo de jóvenes sin hogar. En abril de 2008, va para tres años, se anunció a bombo y platillo que se iba a instalar allí el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla con auditorio, cafés, talleres, espacios escénicos y dependencias para grupos teatrales y asociaciones culturales. Hace tres años ya de la trompetería triunfal y doce del cierre infame.

Desde 1999 esperando

Exactamente el mismo tiempo que ha transcurrido desde que se cerrara la biblioteca de la calle Alfonso XII. En todo este tiempo, la Administración central del Estado y la Junta de Andalucía no encontraron mejor uso para ese edificio que incluirlo en la ampliación del museo de Bellas Artes. La idea se plasmó en un informe de intervención del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico fechado en 2005. Hasta 2009 no se dio el visto bueno a la ampliación y hasta 2010 no se firmó el convenio definitivo. Los 500.000 euros consignados en 2011 permiten imaginar que darán para poco. Hasta 2014 no estará completada la obra. Al menos, eso se calcula.

Otro museo, el Arqueológico, espera que le llegue el turno para la rehabilitación integral que ganó en concurso el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra en diciembre de 2009. En agosto de ese año se calculaban 42 meses, incluidos 36 de obras, para tener a punto el edificio con su nuevo proyecto museográfico. En los presupuestos de 2011, hay consignados poco más de 300.000 euros a todas luces insuficientes para iniciar de firme los trabajos, que tendrán que esperar.

Tablada sigue esperando a pesar de todas las idas y venidas a los juzgados exactamente en el mismo estado en que se la encontró el alcalde Monteseirín. La SE-40 sigue a paso de tortuga y la construcción de las líneas 2, 3 y 4 del Metro no tienen horizonte temporal. La Feria no se ha trasladado a ningún sitio y el PGOU lleva consumidos un cuatrienio y centenares de millones de euros adelantados por los promotores urbanísticos. Y de la Ciudad de la Justicia, mejor no decir nada.

Es el sino de la ciudad. Esperar. O para ser más exactos, esperar a que se pudran los proyectos, decaigan los ánimos y se vengan abajo las ilusiones. Todo dura aquí demasiado, se enreda en cuestiones en las que se mezclan la lentitud de la burocracia, la ineptitud de los gestores políticos y la desidia de la sociedad civil, convencida de que el brote del azahar a mediados de marzo suspenderá todos los problemas y embriagará a cuantos lleguen a Sevilla para admirar su inmarcesible belleza. Y aquí seguimos, en los cangilones de la noria, arriba y abajo sin poder echar el pie a tierra.

javier.rubio@elmundo.es

14/3/11

Written by cardomaximo

15/03/2011 a 11:05

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