cardomaximo

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Borrachos de luz

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SOMOS HIJOS de un fulgor a 149,6 millones de kilómetros. Nacemos del choque de cuatro protones a velocidad altísima que desencadenan una reacción de fusión de 560 millones de toneladas de hidrógeno cada segundo. Una mínima parte de esa enorme energía liberada en el reactor termonuclear nos llega renovada y puntual al cabo de 8 minutos y 19 segundos.

Cabalgamos a lomos de una onda-corpúsculo juguetona y veloz que se hace la remolona, entra por las ventanas sin avisar y salta de azotea en azotea entreteniéndose en los balcones, trepa por las espadañas, se revuelca en las tapias blancas de los conventos, pelea con la yedra que ya echó las hojas verdes en las murallas del Alcázar y juguetea con las azucenas de la Giralda cada día como un enamorado más que hubiera trepado hasta el cuerpo de campanas.

Cada uno de los fotones que surgen del ayuntamiento de los átomos de hidrógeno se abre paso a duras penas por el interior del sol durante diez largos días de noche oscura a los que sigue un mes entero escalando 200.000 kilómetros de gases calientes en continua ebullición. Sólo unos pocos atravesarán el espacio intergaláctico antes de entrar en la troposfera de nuestro planeta esquivando los filtros ultravioletas del ozono, chocando con el polvo en suspensión, abriéndose paso entre las nubes y sorteando árboles y torres hasta entregársenos tiritando en una larguísima cadena de naturaleza variable visible al ojo humano después de tanto.

Somos hijos del destello que ocurre desde hace 4.500 millones de años. Somos acaso el resultado de una fracción infinitesimal de toda esa energía que ahora pinta el cielo de la tarde con esta luz blanca y desnuda como una amante que espera despierta su seguro azar.

Nacemos a la vida con esta luz pura, que ahora se estrena trémula y dubitativa, a la que todavía le falta tanto para imponerse tiránica. ¿Esta caricia de día, este beso de atardecida que procura cárdenos espectrales, esta luz blanda y suave que baña las flores que están por salir es acaso la misma que nació del choque violentísimo de los protones?

Que la resultante de unos átomos de hidrógeno colisionando entre sí sea esta luz redonda, sin aristas, plácida y virginal de la primavera es un prodigio en el que unos ven la mano del Creador y otros la azarosa combinación de sólo una de entre infinitas posibilidades. Y nosotros, a los que se nos da sin medida y al instante, ¿qué otra cosa podemos hacer que emborracharnos de ella?

javier.rubio@elmundo.es

22/3/11

Written by cardomaximo

23/03/2011 a 12:05

Publicado en ciencia, sevilla

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