cardomaximo

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Archive for marzo 29th, 2011

Sevilla se ve… puerca

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De momento, para ver las ‘setas’ de la Encarnación, hay que venir a Sevilla, que a lo mejor era eso de lo que se trataba. Pero el ‘establishment’ cultural patrio no le ha hecho ni puñetero caso a la faraónica obra por la que el alcalde Monteseirín será siempre recordado; el Metropol Parasol viene a ser a su triple mandato lo que la finca La Corchuela a Moreno de la Cova: un capricho, una extravagancia o un disparate con el que nunca se supo muy bien qué hacer cometido con dinero del contribuyente.

El museo de la baronesa Thyssen de Málaga, el auditorio de Vigo y el centro cultural del centenario Óscar Niemeyer se han llevado todos los fogonazos de la prensa nacional en este fin de semana de inauguraciones contra el reloj. Nadie ha reparado, en medio de esta orgía de dinero público, en el Metropol que nuestro inefable personaje no tiene pudor en comparar con la torre Eiffel, la Ópera de Sydney o el Museo Guggenheim de Bilbao.

Quizá porque el ‘establishment’ cultural tampoco sepa a ciencia cierta qué es en realidad el llamado “Espacio Metropol Parasol Encarnación”, que parece que el nombre se lo van alargando conforme ha ido alargándose también la factura de la obra. Si es una plaza de abastos puesta al día, con su gandinga y su recova, es para nada comparable con el mercado de San Miguel madrileño, la Boquería barcelonesa y hasta el mercado del Este en Santander.

Si es un museo arqueológico, ahí está el Nacional en Madrid recién remozado y el de Alicante. Centros de interpretación los hay a puñados desperdigados por la geografía nacional como para reparar en un recorrido por unos restos de unas casas almohades y unos mosaicos tardoimperiales romanos que, por muy deslumbrantes que sean, siempre quedarán en desventaja con la propia Itálica o la casa de la Condesa de Lebrija.

Y si de verdad lo que tiene que llamar la atención es la cubierta, para eso estaba ya el mercado de Santa Caterina de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue en el que el genial arquitecto catalán ensayó con un material (la cerámica vidriada) cercano y sin secretos para la arquitectura española. No como esa madera recubierta de poliuretano pegada con cola especial que nos resulta tan extraña a nuestra cultura arquitectónica y con la que sólo hemos hecho acrecentar el ‘know how’ de firmas extranjeras pagadas con dinero español. Tal como si esto fuera Dubai.

Y como de momento no se puede subir todavía a lo alto de los parasoles para admirar las vistas democráticas de la Giralda, pues la cosa se queda en que Sevilla se ve… pero sólo de cerca por muchos viajes al extranjero que se pegue Monteseirín.

El problema es que cuando Sevilla se ve de cerca, lo que se advierte es que está puerca. O sea, cochambrosa, mugrienta, churretosa, pringosa, sucia… Y no el Pumarejo lumpen ni esos bajos del puente del Cachorro que parecen del Bronx de las películas. No, el meollo del centro comercial presentaba el sábado un aspecto deprimente. Por no hablar del Salvador a la hora del café, que daba arcadas.

Una chica vestida de paisano se encargaba de repartir los folletos en los que el alcalde de Sevilla se jacta de regalarnos otra vez la Corchuela en “el centro de gravedad del casco histórico”. Claro, los paseantes le daban al librito –sin pie de imprenta pero con un gramaje de papel satinado de primera calidad- el uso que se merece la frase con la que Monteseirín abre su discurso: “Nuestra ciudad es un clásico destino de las ciudades culturales europeas en continua competencia por abarcar el turismo cultural internacional”. Repetir dos veces en la misma insustancial oración “ciudad” y “cultural” está pidiendo a gritos la papelera, que es donde iban a parar por decenas los folletos propagandísticos.

Pero no eran solos los folletos tirados por el suelo lo que le daba un aspecto deprimente a la ciudad. Nada contribuye a mejorar la imagen el lamentable estado del mobiliario urbano, ni la cochambre de los cerramientos de obras, ni el olor a meado de algunos rincones, ni el deplorable estado del pavimento.

De acuerdo en que Lipasam no puede poner un barrendero detrás de cada ciudadano y que son éstos los que empuercan, pero ese día en todo el centro desde la Puerta de Jerez a Puñonrostro, sólo los albañiles que solaban a la carrera la Encarnación estaban trabajando para el Ayuntamiento. Debería ponerse en marcha un concurso y al que se cruzara con un policía local o con un basurero lo convidaban a almorzar en el restaurante que eligiera.

Así que la ciudad se veía de cerca emporcada y sus espacios públicos degradados como si estuviera abandonada o desgobernada. Tal vez por eso insisten tanto en que nos subamos a lo alto de las setas de la Encarnación: desde allí arriba no se aprecian los papelajos ni los churretes. Será eso.

javier.rubio@elmundo.es

28/3/11

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Written by cardomaximo

29/03/2011 at 10:53