cardomaximo

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Dos víctimas de la carretera

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SI ORTEGA CANO no hubiera conducido el automóvil que invadió el carril contrario de la carretera de Castilblanco la noche del sábado, jamás habríamos conocido que Carlos Parra había nacido en Charleroi, en la Valonia belga, como tantos hijos de la emigración de los años 60. No habríamos sabido de su vida como pintor y albañil, de su compromiso con la izquierda, de su nuevo trabajo en el turno de noche del bar de un hotel de Sevilla, de su familia destrozada ahora por la tragedia. Sería una de tantas víctimas anónimas del tráfico rodado: personas que se dejan la vida en el asfalto cuando circulaban cumpliendo escrupulosamente las normas de circulación, con el dibujo de los neumáticos en perfecto estado y los frenos recién revisados. O peatones que cruzaban por el paso de cebra cuando el semáforo se había puesto ya en verde y no sentían temor de que nada malo pudiera acontecerles.

Ahora, los periódicos digitales y los programas televisivos del corazón le dedican espacio y minutos a seguir la recuperación del matador de toros retirado, figura del toreo y viudo de la más grande artista de la copla del último tercio del siglo XX. Pero detrás del Ortega Cano famoso del que hablan los periodistas también hay una familia, hijos, hermanos, cuñados, amigos y conocidos que confían en que se restablezca. De Carlos el Belga, apenas hemos sabido unas líneas para dar cuenta de que fue incinerado en la más estricta intimidad.

La semana anterior, el ganadero Luis Núñez y su hijo morían también en otro dramático accidente de tráfico cuando acudían a socorrer a la víctima mortal de una colisión por circular en sentido contrario. Si este conductor del que no hemos llegado a saber su nombre siquiera no hubiera chocado previamente con un camión… si no se hubieran bajado del automóvil… si los hubiera visto el coche que venía detrás…

Las muertes accidentales son las más difíciles de sobrellevar por inesperadas. No hay ninguna señal de aviso más allá que el riesgo inherente de determinadas prácticas. Conducir es una de ellas. Y nadie está a salvo ni de morir en la carretera ni de causar la muerte a otros. Así de crudo, así de dramático.

Los jueces dictaminarán, cuando proceda, qué pasó en el cruce fatídico de los dos vehículos. De momento, lo que tenemos son dos víctimas de tráfico. El anonimato o la celebridad no debería añadir matiz alguno al drama humano.

javier.rubio@elmundo.es

1/6/11

Written by cardomaximo

02/06/2011 at 12:50

Publicado en periodismo, sevilla

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