cardomaximo

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Archive for junio 9th, 2011

Las carretas se van de puntillas

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BAJO EL VENTANAL junto al que escribo pasa una hermandad rociera en silencio, casi de puntillas: dos amazonas, cuatro bueyes, un par de carretas y trescientas personas andando. No hay cohetazos ni sirenas ni voces de los boyeros. Tras el simpecado, se oyen algunas palmas de una sevillana que enseguida se corta. En menos de cinco minutos han terminado de pasar sin hacer ruido, seguidos por una pick-up de Protección Civil donada por un concesionario de vehículos y dos barredoras mecánicas de Lipasam que no encuentran nada que limpiar ¡por una vez!.

Otros años se les oía venir de lejos, venga a tirar cohetes para espantar las alimañas de la gran ciudad y venga a cantar a voz en cuello hasta quedar roncos antes de enfilar el primer puente. Ahora pasan huidizos, como la santa compaña de los caminos de arena.

Poco después del mediodía, me cruzo con media docena de carriolas y dos carretas tiradas por mansos que circulan a paso de buey por una avenida. Motoristas de la Policía Local les dan escolta mientras los tractores arrastran fatigosamente unas plataformas vacías en las que no hay nadie a bordo. Ni rastro de la Pomelo ni de su trupe, como figura en el rótulo de una de ellas.

¿Será que los rocieros quieren atravesar cuanto antes la ciudad y ganar los espacios abiertos del Aljarafe o será que años de críticas por entorpecer el tráfico rodado el día de la salida les lleva a pasar cuanto antes para no sublevar a los automovilistas atascados?

Hace diez años que la compañera Eva Díaz Pérez publicó ‘El polvo del camino’ que ahora se reedita. En ese tiempo, los muchos Mariano Romero de su libro que van al Rocío se han visto sometidos a una cura de autenticidad: los tiempos del derroche y la ostentación pasaron a la historia. Las cosas no están como para desaparecer de la oficina una semana entera. Por pura ley de grandes números, a menor afluencia de romeros, menos pintamonas, que suelen ser los que más ruido meten para hacerse ver.

Puede que el hecho de atravesar Sevilla sin lanzar cohetes obedezca a una cuestión de mero ahorro. Pero tampoco hubo voces destempladas, ni risotadas estentóreas como otros años. La que pasó ayer por debajo de la ventana vendría a ser la Amargura de las hermandades rocieras: silencio blanco tirado por bueyes. Quizá todo sea producto de la razonable pretensión de pasar sin dar la nota. Que, por otro lado, es la manera más efectiva de hacerse notar.

javier.rubio@elmundo.es

8/6/11

Written by cardomaximo

09/06/2011 at 12:50