cardomaximo

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Hay otra Sevilla más limpia

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@ Conchitina

OTRA SEVILLA más limpia es posible. Es verdad, no es ninguna ensoñación. Está unos cuantos metros por debajo del nivel de la calle, pero es real, no se trata de ningún espejismo. Es más, esa otra Sevilla que no emerge en ninguna conversación, subterránea incluso para los medios de comunicación, es la evidencia de que la afición por la cochambre no está en el inconsciente colectivo cultural sevillano, que el regusto por la mugre no es carga genética, sino que es aprendida desde la más tierna infancia en esos templos de la socialización que son los bares.

Esa otra Sevilla limpia como una patena está en el Metro. No hay más que bajar las escaleras mecánicas para reconfortarse con esos suelos de granito pulidos y sin colillas, con esas papeleras con sus bolsas negras sin usar, con esas ventanillas de cristal sin ningún rayón, sin esos lienzos de pared sin la alambicada firma (¡ni que fueran notarios!) de un imbécil que se dice grafitero, sin un chicle pegado, sin un papelito. El Metro es la evidencia de que otra Sevilla más limpia es posible. Basta con proponérselo.

Ya pasó en la Expo 92, justo donde los suizos -con ese sentido del humor tan suyo, o sea, tan suizo- recrearon la inmundicia de nuestros bares (serrín mezclado con huesos de aceituna, mondadientes, servilletas de papel, cáscaras de cacahuetes…) como suelo de su pabellón. Pero el recinto de la Expo estaba como un jaspe porque los papelajos no duraban nada en el suelo y a los visitantes, de verlo tan lustroso, les daba corte de ensuciar. Pues lo mismo pasa en el Metro, que no se atreve nadie a tirar nada y no hay niñato que se crea con derecho a pintarrajear nada porque el segurata de turno lo trinca ipso facto.

Si le vale de inspiración a don Zoido como primera medida de su gobierno municipal, ahí va la idea: saque usted un bando convocando a la ciudadanía a un zafarracho de limpieza como los que se hacían en las casas de nuestra infancia los sábados por la mañana: darle la vuelta a los colchones, retirar vitrinas, sacudir alfombras, el blanquillo Thomil (el del cangurito gentil) para los azulejos, la cera Alex para los suelos…

Pues eso mismo hace falta en toda la ciudad. Sacar a la vez a todo el personal de Lipasam con todo el material rodante y comprar cinco mil cepillos de púas para voluntarios. Y ponernos del primero al último a limpiar, a escamondar, a fregotear, a despercudir, a barrer, a lustrar, a desinfectar, a dejar la calle como los chorros del oro. Que otra Sevilla más limpia es posible. Si queremos, claro.

javier.rubio@elmundo.es

10/6/11

Written by cardomaximo

11/06/2011 a 10:58

Publicado en costumbres, paisaje, sevilla

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