cardomaximo

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Pagar los platos rotos

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HASTA EL MOMENTO, no se tienen noticias de que la vajilla que el inspector médico Sánchez -antes alcalde de Sevilla Monteseirín- le regaló a los Príncipes de Asturias haya acabado destrozada en una pelea conyugal en la que Don Felipe y Letizia se tiraran los platos a la cabeza. Los dibujantes de ‘El Jueves’ no han llegado a eso todavía y se limitan a pintarlos haciendo posturitas del Kamasutra, o sea. Tampoco se tenía noticia de la factura del regalo personal que Alfredo Sánchez Monteseirín (uniendo en una persona al político y al funcionario médico en excedencia) se había tirado el rentoy de hacerles en vísperas de su casamiento.

Hasta que esos sabuesos tobilleros que son los periodistas Antonio Salvador y Sebastián Torres han desvelado el secreto: Monteseirín nunca pagó los 3.000 euros que costaba la vajilla. Le salió gratis total. Alfredo quedó como un señor, usó los salones del Ayuntamiento para fardar de su generosidad y de su buen gusto a la hora de elegir presente para sus altezas reales exponiendo la loza en el comedor de la casa consistorial, sin poner un duro.

Siete años, como una plaga bíblica, hemos tardado en enterarnos de que, en realidad, el regalo se lo hicieron a Monteseirín. Durante muchas semanas de 2004, le instamos a que enseñara la factura para acabar con la sospecha (ahora ha quedado claro que infundada, como se ha visto) de que, en realidad, el alcalde había recurrido al Ayuntamiento para hacer un regalo personal.

Pero no. Don Alfredo hizo el ademán de pagar, como esos compadres de barra de bar que simulan pelearse por abonar la cuenta sin llegar a sacar nunca los billetes. De hecho, debió de perseguir a los trabajadores con el albarán en mano para que le cobraran, pero la histórica fábrica de loza La Cartuja-Pickman estaba hecha unos zorros y no quedaba nadie sentado ante la caja registradora. Luego, cuando cambió de manos la compañía y la compró el industrial Emilio Portes, no sólo se negaron a aceptarle el dinero (¿sería en metálico o un cheque al portador?) sino que se dieron por pagados con la publicidad que le había hecho a la empresa en aquellos momentos críticos. Pero quien se hizo un nombre como generoso y desprendido fue el alcalde a costa de la penuria laboral de los empleados, que ocho años después siguen igual de tirados. De poco sirvió el gesto.

Ya no hay manera de cobrarle a Monteseirín. Los platos rotos los pagó, en realidad, el 22 de mayo cuando le pusieron al cobro a su partido todas las facturas de todas las vajillas regaladas.

javier.rubio@elmundo.es

16/6/11

Written by cardomaximo

17/06/2011 at 12:44