cardomaximo

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Archive for junio 28th, 2011

La última felonía

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Si finalmente se lleva a cabo el homenaje a Alfredo Sánchez Monteseirín en las ‘setas’ de la Encarnación, no hay duda de quiénes tendrían que encabezar la lista de asistentes. Sin duda, el delegado territorial de Sacyr (no en vano actuaría como anfitrión en el sentido más literal del término), el copresidente de Banca Cívica y el rector de la Universidad Hispalense. Ellos tres deberían encabezar la procesión de agradecidos a los doce años de Monteseirín como alcalde.

Los tres personajes, cuya trayectoria profesional está ligada a otros tantos ‘hitos’ arquitectónicos del monteseirinato, componen el retrato más ajustado de las traiciones a la ciudad cometidas por el anterior alcalde y ahora inspector médico en expectativa de destino. En los tres casos (Metropol Parasol, biblioteca del Prado y rascacielos de la Cartuja), el gobernante ha hecho dejación de la defensa del interés público para pasarse con armas y bagajes a la defensa del interés privado, ya sea éste el de una promotora inmobiliaria, una universidad pública o una ex caja de ahorros.

La última felonía a la que se refiere el título lo es por ser la última en revelarse, no porque se tenga l

a certeza de que haya sido la postrera maniobra en contra del interés general cometida por Monteseirín, que juró un día defender a la ciudad y acabó entregándola a quienes le convenía. ¿Dónde queda la democracia real al regalar suelo público a particulares que nadie ha elegido? Mientras con una mano agitaba el espantajo de Tablada verde, con la otra iba troceando parcelas de Sevilla para cuadrar los megalómanos proyectos a los que prestó impulso contra toda lógica.

La última traición de la que nos hemos enterado es el convenio de permuta (o de lo que legalmente quisieran darle apariencia) para entregar a Banca Cívica dos parcelas que suman 100.000 metros cuadrados edificables a cambio de hacerse con el pleno dominio de una parte sin especificar del controvertido rascacielos de la isla de la Cartuja. Porque sí.

Porque a Antonio Pulido, el presidente de Cajasol al que el Banco de España empujó a la fusión con Banca Cívica tras descubrir un agujero de 1.000 millones de euros, le convenía como aval ante la inminente entrada de accionistas en el capital social del banco. Ya que los inversores tienen la peligrosa manía de vigilar el dinero que entregan, sería muy embarazoso presentarse en una junta de accionistas construyendo un rascacielos de 311 millones de euros a pulmón con un mercado inmobiliario desinflado y un Ayuntamiento de otro color al que consintió la barrabasada mirando del derecho y del revés el expediente de concesión de la licencia.

Así que nada mejor que un convenio de permuta para resarcir a Cajasol del riesgo económico que enfrenta por agradar la megalomanía de Monteseirín de plantar un rascacielos que supere la altura de la Giralda. ¡Cuánto daño hace el simbolismo aplicado a la acción de gobierno! Aunque para ello haya que entregar parcelas de esa misma ciudad que se decía querer incorporar a la modernidad.

La chapuza legal (informes en contra del secretario municipal, visos de vicio legal en origen, ausencia de tasaciones, ofertas y el propio oportunismo de la operación 48 horas antes de la jornada electoral) palidece al lado de la traición a la ciudad y el juego sucio con decenas de promotores inmobiliarios que tienen miles de metros cuadrados vacíos y a los que no se les aparece el Ayuntamiento de Sevilla para quedarse con una parte de sus oficinas a cambio de 100.000 metros cuadrados de edificabilidad.

Con todo, lo peor es que esa felonía se había repetido en la plaza de la Encarnación, donde se ha dejado en manos del promotor de la obra la concesión de un espacio público además de un edificio entero de oficinas municipales por el que el Ayuntamiento pasará a pagar ahora como inquilino el sobrecoste de la obra de las ‘setas’.

Y se hubiera repetido en el Prado de San Sebastián si el Tribunal Supremo no hubiera salido al paso con una sentencia irreprochable en la que deja sin efecto la cesión de una parcela de zona verde para atender el capricho –no puede entenderse de otra forma, como bien deja en evidencia el fallo del Alto Tribunal- de la Universidad de Sevilla de plantar allí un abracadabrante edificio de una de las más conspicuas representantes del ‘star system’ de la arquitectura mundial.

Es siempre el mismo perverso entendimiento de que la ciudad puede supeditarse al interés privado con tal de asegurar la consecución de unos supuestos hitos del progreso identificados precisamente por aquél que tenía a su cargo la defensa del interés colectivo. Mayor felonía no cabe imaginar. Salvo en Monteseirín, con quien la imaginación se queda siempre corta a la hora de describir su deslealtad con Sevilla.

 

Written by cardomaximo

28/06/2011 at 10:14