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¿Un dictador en Sevilla? ¡Qué raro!

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EN LA FOTO se veía a la legua que la revuelta que han organizado en la Plaza de España contra el sátrapa de Wadiya que encarna Sacha Baron Cohen en El dictador es más falsa que Judas. Cosas del celuloide, vamos. De cuándo se ha visto aquí una manifestación contra un dictador. Aquí lo que se lleva es tocarles las palmas, pasearlos en coche de caballos y agasajarlos. Eso de tirarle un zapato a los dirigentes extranjeros es de ayer por la mañana.

Por aquí ha pasado gente tan poco recomendable como Haile Selassie, un atrabiliario emperador etíope que se hacía descender de las tribus de Judá y se llamaba a sí mismo Rey de Reyes y al que Franco paseaba escoltado por la Guardia Mora como si fuera realmente el rey Salomón sin la reina de Saba. Al hombrecillo, más enjuto que déspota que ya es decir, lo montaron en un coche de caballos y lo llevaron a admirar la Catedral, a la que llegó a pie firmando autógrafos como una estrella de cine. Era abril de 1971 y la España de Franco estaba tan aislada que tenía que recurrir a estos pintorescos fantoches para aparentar.

Siempre quedaba Perón y la Argentina nutricia que bautizó la avenida desde la que les escribo. La Perona (o sea, Evita) estuvo en Sevilla en junio de 1947 (con Naranjito de Triana saliendo de una tarta en su honor) y Juan Domingo, con María Estela –sin el Brujo López Rega–, en 1967.
Leónidas Trujillo, el Chivo de Vargas Llosa, pasó por Sevilla de vuelta del Vaticano, donde lo condecoró el Papa Pacelli. Eso fue en julio de 1954 y su hija –no recuerdo ahora si Altagracia o Flor de Oro– dejó de recuerdo un azulejo conmemorativo de la donación para la Cruz Roja de Capuchinos que todavía está allí sin aplicarle la Memoria Histórica.

Y antes que Trujillo, el triste de Salazar, creador del Estado Novo portugués, el 12 de febrero de 1942 cuando el Pacto Ibérico entre las dos dictaduras de la Península todavía hacía méritos a los ojos de Berlín. Hasta Fidel Castro se llevó las llaves de la ciudad en plena Expo después de que Rojas Marcos se las entregara con disgusto de su socia Soledad Becerril.

No sólo dictadores stricto sensu. La ciudad ha rendido honores a Hussein de Jordania (el de Septiembre Negro) al que hizo doctor honoris causa en 1985 o al mexicano López Portillo, al que Sevilla prohijó en octubre de 1977 para mayor vergüenza propia y rechifla ajena.

Nada extraño si se recuerda que el dictador propio se nos murió en la cama. Como que en Sevilla nombrabas la Capuchinada y la gente creía que era una salida extraordinaria de la Divina Pastora.

javier.rubio@elmundo.es

1/9/11

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Written by cardomaximo

02/09/2011 a 10:43

Publicado en historia, sevilla

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