cardomaximo

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Entre Escila y Caribdis

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A ESTAS ALTURAS, al alcalde Zoido no le debe quedar ninguna duda de que gobernar es el arte de elegir. A veces, entre Escila y Caribdis, o entre la espada y la pared si no quieren irse por las ramas mitológicas. Porque siempre hay una opinión pública contra la que te aprieta un adversario político. Bien, ya lo sabe sin ningún género de dudas.

El PP ha decidido dar por buena la tramitación del rascacielos de la isla de la Cartuja y lavarse las manos como Pilato antes que desenvainar el alfanje contra la caja de ahorros de Sevilla o lo que queda de ella. En estos tiempos, nunca se sabe quién te puede pagar una nómina en el momento más inesperado. Es una elección, claro, porque también podría haber oído las voces muy juiciosas que reclaman justo lo contrario después de haber examinado del derecho y del revés el expediente urbanístico y haber ordenado parar el estropicio paisajístico y de ordenación del tránsito que se avecina.

Zoido ha decidido regalarle un bonobús gratis a todos los jubilados sin mirar cuánto cobran de pensión o lo que les renta la finca en trigo. Bien, es una opción tan legítima como cualquier otra en cumplimiento además de una promesa electoral convenientemente aireada en campaña. Pero el dinero que va a un renglón del presupuesto no puede ir más que a ése. Por ejemplo, bonobús gratis a cambio de eliminar de un plumazo la Oficina Técnica de Asesoramiento al Inquilino en Situación de Abuso aunque manteniendo su tarea agazapada en el organigrama de la Gerencia de Urbanismo. Bienvenida sea la poda si se eliminan ramas del frondoso y desequilibrado árbol de la Administración municipal siempre que los palos de la entresaca no se los llevan encima los menesterosos.

Eligió irse a Madrid con vara alta -que le prestaron los cofrades de Los Panaderos- en agosto durante la JMJ y ahora tiene a los concejales socialistas de la oposición olisqueándole los tobillos a cuenta de los 5.000 abanicos y 5.000 sombreros para la promoción de la ciudad con los que se justifica el viaje a la capital del Reino. La factura se eleva a 10.600 euros incluyendo la estancia en un hotelito a razón de 55 euros la noche. Esa fue su elección.

También podría haber transferido esa cantidad para encalar la tapia de un colegio en vez de regalarle un sombrero al primero que pasaba por la esquina. Los 8.000 míseros euros que Monteseirín y su gente dejaron en la cuenta de arreglo de las escuelas se podrían haber duplicado si del viaje a Madrid se hubiera eliminado el gasto -despreciable, en todos los sentidos- de mercadotecnia. Escila o Caribdis, la espada o la pared. De un colegio, por ejemplo.

javier.rubio@elmundo.es

22/9/11

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Written by cardomaximo

23/09/2011 a 11:36

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