cardomaximo

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Un billete para Alfonso Díez

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LÍBRENME DIOS y los tercios de Flandes que con mano feroz mandó el Gran Duque de Alba contra las Provincias Unidas de cometer la desconsideración de remitirle a usted dinero, como es inveterada costumbre en las bodas del pueblo: ni el bolsillo de un servidor ni el suyo creo que merezcan tal agravio. No, el billete del título es en realidad un guiño a su predecesor en el uso de pantuflas en palacio, quien gustaba de ese tipo de expresiones en desuso para subrayar la mucha distancia existente entre el traductor de Adorno y unos simples plumillas: «El mecánico les llevará un billete por la tarde», decía como comisario de la ciudad de Sevilla para 1992 y todos entendíamos que el chófer de Dueñas nos traería la nota de prensa después de comer. En fin.

La recomendación, si se me permite, es para que usted se lo crea, que para eso ha llegado al pie del altar y se desposa con la aristócrata más popular de España. Lo vi, don Alfonso, algo envarado el domingo por la noche en la gala de las Montserrat en el Maestranza, con las Cobo en plan anfitrionas perfectas y todo el mundo dándole la enhorabuena a su prometida, alabándole el gusto y haciéndole la pelota, todo en uno. Y usted estaba allí, dándole el brazo a la que va a ser su mujer, como acartonado, esperando que acabaran los abrazos, se terminara el besuqueo y se apagaran los fogonazos de los fotógrafos. ¡Pues no le queda nada de lo uno y de lo otro!

Tampoco es plan que vaya usted por ahí haciéndose notar. No va a salir firmando ahora ‘Terceras’ sacando a pasear todos los títulos nobiliarios del arcón. No creo que sea su estilo, por lo poco que le he escuchado, así que olvídese también de repetir aquellas maledicencias que propalaba Jesús Aguirre sobre Huéscar –«Literalmente, no tiene donde caerse muerto»– a propósito de la falta de espacio para continuar la tradición familiar de enterramientos.

Pero hombre, que va a ser el duque consorte de Alba y ese traje hay que vestirlo con prestancia. No basta con darle el brazo a doña Cayetana y posar calladito a su vera como el amigo discreto que hasta ahora ha sido. Ahora va a estar usted de aquel lado de los cuadros y de las antigüedades que tanto aprecia. Ya verá como poco a poco va a notar el peso de la Historia de España sobre los hombros y está muy feo que la chaqueta haga arrugas porque lleve los hombros caídos.

Nada, don Alfonso, a mandar –ya ve que no es frase hecha– y cuídese la jaqueca de los Alba, que como ya habrá podido comprobar, es hereditaria. Sean felices y coman perdices.

javier.rubio@elmundo.es

5/10/11

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Written by cardomaximo

06/10/2011 a 10:07

Publicado en costumbres, historia

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