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Al ralentí

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Nos tienen dicho que sobran taxis y plazas de aparcamientos en el centro y sobre esas premisas se ha diseñado (el verbo le viene grande a lo que no es más que ir de ocurrencia en ocurrencia) los sucesivos planes de movilidad del casco histórico de la ciudad. A esos precios, desde luego, faltan clientes tanto para los taxis como para los estacionamientos subterráneos. Sobre todo, si la alternativa sale tan gratis como montar el coche propio en la acera de Torneo o dejarlo donde más estorbe.

¿Y si el problema no fuera de movilidad, sino de información? Si el tráfico rodado es un flujo, por qué no empezar a gestionarlo como hacen las compañías eléctricas con la energía que suministran a un sistema interconectado en el que la demanda se conoce al minuto y la oferta se amplía o restringe en función de ésta.

Si sobran tantas plazas de aparcamiento en los estacionamientos subterráneos del centro como nos decía el anterior equipo de gobierno municipal, ¿por qué los conductores van a parar siempre a un aparcamiento abarrotado en el que consumen tiempo y combustible aguardando para entrar?

Si sobran tantos taxis como para jubilar a 500 dueños de licencia como pretende el actual equipo de gobierno, ¿por qué se hace tan difícil encontrar un vehículo la mañana de sábado para acudir a una de las muchas bodas que tienen lugar en las iglesias del centro? A propósito y entre paréntesis, al contrario de lo que pudiera pensarse, esta fiebre del casamiento en las iglesias nobles no despierta una revitalización del casco antiguo sino su consolidación en el imaginario colectivo como escenario soñado, puro atrezzo turístico, incluso para los sevillanos.

Con las infraestructuras que hay ahora mismo, podría gestionarse mejor el flujo de vehículos en dirección al centro de la ciudad con sólo informar previamente de las plazas disponibles en cada estacionamiento. Cuántas plazas libres hay en cada uno de ellos y, en función de esa información, cada automovilista sabrá tomar la decisión que más le convenga a sus intereses.

En las ciudades homologables de Europa, esos avisos funcionan a la perfección en unos carteles electrónicos que aquí se instalaron para la Expo 92 y que no han vuelto a funcionar jamás. Hay un anillo de aparcamientos perimetrales que el conductor puede recorrer hasta encontrar plaza en el que más le acerque a su destino.

Aquí, en cambio, el sistema está diseñado como sucesivos culos de saco en los que el conductor se ve atrapado hasta comprobar si el estacionamiento de su elección está vacío o, por el contrario, está abarrotado y tendrá que hacer cola para acceder. Pero, en ese punto, la decisión de apartarse de la fila y buscar otro sitio en un estacionamiento vecino se ve penalizada por el desconocimiento de la situación en el aparcamiento alternativo.

Los taxistas también pueden alegar esa falta de información que les cuesta dinero a ellos y molestias a los potenciales clientes. No saben dónde está su clientela levantando el brazo en ese preciso instante y los usuarios tampoco saben dónde están parados los taxis o por dónde circulan con mayor probabilidad de encontrar uno libre. Casi con toda seguridad, la tecnología disponible en cualquier ‘smartphone’ permitiría, a través de una sencilla aplicación, conjugar los intereses de la demanda y la oferta de taxis libres.

¿Maneja el gremio estadísticas fiables de cuántos vehículos hallan clientes a la salida de un espectáculo teatral o deportivo o una celebración religiosa o todo se deja al albur y la intuición de los taxistas? ¿Por qué no se avanza en esa dirección en vez de recurrir a la drástica reducción de licencias por la vía de la compra con los impuestos del contribuyente?

Son sólo dos ejemplos, pero hay mucho campo en el que trabajar. Parece increíble que aún sean incompatibles los títulos de viaje de los autobuses urbanos, del metro y las bicicletas de alquiler: ¿por qué no todo en uno? Como resulta inconcebible que los autobuses interurbanos sigan teniendo las paradas dentro de Sevilla como si no estuviera funcionando el metro. ¿Tan difícil resulta llegar a un acuerdo para que los usuarios de esas líneas concesionarias trasborden nada más llegar a la ciudad en vez de perpetuar unos usos de hace 30 o 40 años superados por la realidad?

La creación del consorcio de transportes del área metropolitana significó una esperanza para poner orden en el caos de la gran Sevilla, pero todo el impulso inicial se ha perdido y las innovaciones y mejoras que podrían introducirse para hacer la vida más agradable a los ciudadanos se quedan por el camino.

El Ayuntamiento de Sevilla no tiene excusa para promover un debate serio, profundo y sin sesgo político alguno sobre las políticas de movilidad en el área de influencia de la capital de Andalucía. Seguir con el motor al ralentí mucho tiempo más es la manera más segura de gastar combustible de manera improductiva. Justo lo que nos viene pasando.

javier.rubio@elmundo.es

17/10/11

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Written by cardomaximo

18/10/2011 a 09:35

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