cardomaximo

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Que el Mal se disuelva

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EN EL PRIMER punto de su pomposa declaración programática, los mediadores internacionales reunidos en la Conferencia de Paz han llamado a Miguel Carcaño a hacer una declaración pública del cese definitivo de la actividad armada y a que solicite el diálogo con los poderes públicos. A renglón seguido, piden a esas mismas autoridades que den la bienvenida a esa declaración formal de que abandona el camino de perdición emprendido el 25 de enero de 2009 y que acepten iniciar conversaciones para tratar exclusivamente las consecuencias del conflicto que terminó con una vida.

En la calle, millares de personas han pedido a gritos el acercamiento de Carcaño a la cárcel de Sevilla-1 desde su confinamiento preventivo en Morón. Un portavoz de sus partidarios, en un acto celebrado hace algunos meses con las gradas abarrotadas en el velódromo de Dos Hermanas, ha anunciado la disposición de Carcaño a comunicar el paradero del cadáver a una comisión internacional de verificación.

La familia de la víctima ha reaccionado con dureza al comunicado de la Conferencia de Paz porque entiende que al dolor por la pérdida de un ser querido se añade el oprobio de considerarlos integrantes de uno de los dos bandos en conflicto.

Pero en la calle León XIII no hubo ningún conflicto: hubo un crimen vil y repugnante por el que un asesino se creyó en posición para arrebatarle la vida a su víctima. Sólo que tampoco buscaba un ideal superior al que supeditar el alevoso homicidio y los años de condena propia. Fueron los celos, la envidia o el deseo encendido los que movieron aquella infausta noche a quien le hizo eso a Marta. Fue el Mal, eso sí. Pero no hubo patrias por las que luchar o morir, no hubo banderas con las que amortajar a nadie, no hubo himnos a

los que saludar marciales, no hubo identidades colectivas a las que salvar de ninguna amenaza. En León XIII sólo hubo un crimen.

Sus padres no mintieron esta vez, sus hermanos no inventaron excusas, sus amigos no encubrieron ni jalearon acción tan pérfida, sólo muerte y dolor gratuitos infligidos con saña a una familia que nunca pensó que estuviera en medio de ningún conflicto armado. Sólo eso.

Y nadie puede pedirle ahora a Carcaño que renuncie a ninguna quimera territorial, ni que defienda sus ideas por otro camino porque el Mal que anida en los hombres no se disuelve jamás. Qué importa si fueron los celos, la envidia, el deseo o la patria robada. Sólo hubo dolor, sólo crimen, sólo muerte sin adjetivos.

javier.rubio@elmundo.es

18/10/11

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Written by cardomaximo

19/10/2011 a 09:49

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