cardomaximo

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Un aplauso por un abrigo

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AL CREATIVO QUE  se le ocurrió lo de los aplausos como fondo del anuncio de la semana del abrigo con descuentos de hasta el 30% en la venta de esta prenda en unos grandes almacenes (bueno, no quedan otros) habría que doblarle el sueldo. Porque, efectivamente, el dependiente que logre colocarle un abrigo o una trinchera al cliente en mangas cortas que deambula por la planta de caballeros con cara de haberse confundido de época merece ovación y vuelta al ruedo. El tío se tiene ganado el botón en la solapa por los 25 años de servicio del tirón, aunque haya entrado en prácticas este verano. Ahí está la prueba definitiva de las habilidades de un buen vendedor: encasquetarle un abrigo de paño con su forro acolchado al primer incauto que se pasee por entre los percheros de la colección de otoño-invierno.

Habíamos quedado en que el verano no había sido caluroso en exceso, pero qué larguísimo, que no acaba nunca, a ver cuándo echamos mano de la rebequita. El largo y cálido verano lo hemos reestrenado en Sevilla sin necesidad de que Faulkner reescriba ni una coma. Lo malo es que no es lo mismo la camiseta de Paul Newman que las de esos futbolistas de paisano, mimetizados con la juventud más cani. A ver si viene el frío y los chavales pueden lucir esas chamarretas tan lustrosas que tienen, que llevan más cremalleras y más anillas que un paracaídas.

Da que pensar que el verano tarde tanto en irse. Tanto quejarnos de que constantemente se anticipa el calendario de la ciudad, con los mantecados en estado de revista en las estanterías del supermercado por ejemplo, pues por fin tenemos algo que se retrasa y no termina de llegar como Dios manda: el otoño.

El asunto no es para tomarlo a broma, aunque se preste a ello. Los comerciantes tienen un motivo más de preocupación: en tanto no cambie el tiempo no podrán empezar a dar salida a las prendas de temporada. Y mientras no vendan los sobretodos y las gabardinas en stock, no empezarán a recobrar la inversión antes de meterse en la campaña de rebajas a la vuelta de dos meses mal contados. El entretiempo –hasta la palabra suena rancia– los está asfixiando.

Si quiero que lleguen las lluvias y el frío que Maldonado y demás compañeros mártires de la isobara nos prometen para el fin de semana es para acabar con tanto chanclista y tanto piratista como va todavía con pantalón por la pantorrilla enseñando las garras. ¡A ver si enseña las suyas el otoño de una puñetera vez!

javier.rubio@elmundo.es

20/10/11

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Written by cardomaximo

21/10/2011 a 08:59

Publicado en costumbres, economia

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