cardomaximo

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Sin dragado y sin río

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Entiéndase la licencia del título, porque evidentemente el río Guadalquivir sigue fluyendo hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda, si bien gracias a los desembalses extraordinarios para mantener un caudal mínimo en un estiaje demasiado prolongado. O sea, que el río sigue estando donde estuvo por más cortas y desvíos que la mano del hombre le haya propinado.

Lo que se ha perdido ha sido la oportunidad del dragado en profundidad del canal de navegación hasta su desembocadura que se viene reclamando con insistencia en los tres últimos lustros y con más fuerza desde la apertura de la nueva esclusa –a propósito, ¿sabe alguien de filtraciones en el nuevo vaso como para preocupar a la Autoridad Portuaria?– después de que el Ministerio de Medio Ambiente haya devuelto el proyecto por «incongruente» con las recomendaciones del panel de expertos de Doñana que fijaron las líneas rojas que en ningún caso se pueden traspasar, en especial en lo que atañe a la protección de las márgenes de la erosión causada por el oleaje de los buques de mayor calado que surcarían el río.

Era previsible y a nadie ha cogido por sorpresa la actitud del departamento de Rosa Aguilar, toda vez que el proyecto presentado por la Autoridad Portuaria de Sevilla había chocado de manera frontal con las conclusiones de la Comisión Científica para el Estudio de las Afecciones de las Obras de Dragado del Río Guadalquivir. Así pues habrá que volver a redactar un proyecto que sea consecuente con esas estipulaciones, lo que equivale a decir que no podrá ahondarse mucho más el calado para evitar los perjuicios que se quiere evitar a toda costa.

Ocurre que la nueva esclusa en la que se han invertido 180 millones de euros (un estadio de la Cartuja, para entendernos) del contribuyente español se presenta ahora como un soberano despropósito del que habrá que pedir responsabilidades por haber puesto el carro delante de los bueyes: se ha aumentado la manga de los buques que pueden remontar el Guadalquivir, pero no el calado con lo que en la práctica la repercusión será mínima.

Más sorprendente ha sido el caso de las competencias administrativas sobre la cuenca del Guadalquivir, devueltas con la boca chica por la Junta de Andalucía como evidencia de su fracaso más rotundo. No hay paliativos al desastre causado por un traspaso alumbrado con fórceps políticos y cuya viabilidad, fuera de la incubadora parlamentaria, ya habían rechazado el Tribunal Supremo y el Constitucional.

Recuerdan la ceremonia con que se saludó la consecución de la gestión de la cuenca del Guadalquivir en septiembre de 2008? Fue el último gran acontecimiento de Chaves como presidente de la Junta de Andalucía. No se escatimó en gastos, se convocó a los habituales de las recepciones oficiales, se repartieron canapés y merchandising y se instaló una carpa en el Muelle de la Sal donde los próceres de la tierra pudieran dirigir sus discursos a la concurrencia para subrayar un nuevo día histórico (otro más) para Andalucía. El fin de semana de festejos seguía en el tiempo a la firma del traspaso de competencias suscrito por el ínclito Gaspar Zarrías y Elena Salgado en la misma sierra de Cazorla donde nace el gran río andaluz para revestir con más solemnidad la ocasión a pesar de la oposición frontal de los dos colectivos más preocupados del río: los ecologistas y los regantes.

La Junta se frotaba las manos. Se hablaba de 500 millones de euros que le entraban por las puertas con el traspaso de la gestión de fondos europeos y nacionales para obras de regadíos en la cuenca. Ahora, cuando se ha renunciado sin honor a la gestión, se limita a 78 millones de euros transferidos por la Administración central para el pago de las nóminas el impacto presupuestario. Nada se dice, sin embargo, del dinero que acompañaba las transferencias para ejecutar obras en la cuenca en una cantidad que las fuentes calculan en torno a 70 millones de euros. De esa cifra, la ejecución real no supera mucho más allá del 20 por 100. ¿Dónde está el resto?, ¿también se va a devolver junto con los funcionarios o se gastó en otra cosa?

El ridículo es de proporciones mayúsculas y movería a la rechifla general de Griñán y su decaído Consejo de Gobierno si no mediaran inundaciones, riadas y desembalses imputables a la nefasta gestión de la Junta de Andalucía en los meses en que han durado las competencias en sus manos. Por no hablar de las sanciones administrativas y los expedientes que los jueces están rechazando uno tras otro por no considerar a la Agencia Andaluza del Agua como organismo competente para tales actuaciones.

Si a todo esto se le suma el cierre del astillero sevillano, no cabe duda de que el otoño no ha traído precisamente buenas noticias en el Guadalquivir. Eso sí, el río sigue fluyendo y la lluvia llega para acabar con el estiaje.

javier.rubio@elmundo.es

24/10/11

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Written by cardomaximo

25/10/2011 a 09:57

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