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Ciudad industrial por decreto

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Hace tres semanas, el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, saludaba la concesión de la final de la Copa Davis a la ciudad como un respaldo al sector turístico, vital para la economía de la capital andaluza. El lleno previsto en hoteles y restaurantes durante el primer fin de semana de diciembre y el impacto publicitario justifican el gasto que el Ayuntamiento de Sevilla está dispuesto a comprometer en beneficio del primer sector económico de la ciudad del que dependen miles de empleos y un importante porcentaje de la riqueza generada.

Esa parecía ser la doctrina oficial del equipo de gobierno de Zoido hasta que el pleno del viernes aprobó la creación de un consejo asesor de la Oficina de Planificación Estratégica y Desarrollo que trabaja bajo la premisa, expresada por el primer teniente de alcalde Javier Landa, de configurar un nuevo modelo económico en la ciudad que no pase necesariamente por el turismo y el comercio como principales actividades empresariales.

¡Quién lo diría! Los dos grandes asuntos en los que Zoido se ha desempeñado en sus primeros meses como regidor de Sevilla han sido precisamente el turismo y el comercio: la Copa Davis y la implantación de una gran superficie comercial liderada por Ikea. De momento, los primeros pasos del equipo de gobierno municipal se compadecen poco con ese cambio estratégico de modelo económico que quiere imprimir a la ciudad.

El documento elevado por Landa establece que «las empresas de los sectores industriales que cumplan con las condiciones necesaria y suficiente descrita deben construir el tejido empresarial sevillano de este nuevo modelo económico». Industrias de alta y media tecnología que vengan a revitalizar el tejido productivo de la ciudad, en exceso dependiente del turismo y el comercio.

No es nuevo el empeño. Ni siquiera genuino del Partido Popular. En el documento del Plan Estratégico 2010 –incumplido por lo demás– puede leerse un párrafo como el que sigue: «Sevilla en el 2010 se visiona como una ciudad altamente productiva que se ha sabido adaptar con singularidad al desarrollo de los servicios y la industria propios del nuevo paradigma productivo, que se asienta en las tecnologías de la Información y la comunicación (TIC)». Tal es la distancia entre el desiderátum expresado para 2010 y la realidad de penuria y desempleo de 2011.

De todas las propuestas concretas que se planteaban (el barrio tecnológico, un parque de innovadores, nuevos parques industriales, el distrito financiero en el puerto, etcétera) nada se hizo. Aquel plan es papel mojado. Entre otras cosas, porque resulta infinitamente más sencillo escribir en el papel la obra de teatro que montarla sobre el escenario.

Pero ningún alcalde ni su equipo se resiste a escribir el libreto para una ópera que no se representará jamás porque no hay ni dinero ni energía suficientes. Ni siquiera hace falta explotar la contradicción entre los postulados liberales que dice defender el Partido Popular y el nombre ciertamente extravagante a su tradición con que ha titulado la oficina del concejal Landa: «Oficina de Planificación Estratégica». Al menos no han incluido el quinquenio como medida de vigencia del plan económico que sus artífices alumbrarán entre las fanfarrias acostumbradas.

De momento, el primer teniente de alcalde ha proclamado su intención de convertir a Sevilla en una «ciudad industrial» como si eso fuera a suceder por decreto, en cuanto se reúnan las empresas participantes en el consejo asesor y den a la imprenta el consabido documento repleto de buenas intenciones, recomendaciones a las que nadie hará caso y otras bagatelas perfectamente prescindibles.

El día a día municipal, sin embargo, es bien distinto de este mundo idílico que se plasma por definición en los instrumentos de planificación estratégica. Y causa estupor la falta de ideas, o de audacia para llevarlas a cabo, que transparenta la gestión del equipo de Zoido. El jueves de la semana pasada, el Ayuntamiento trompeteaba «un nuevo concurso para la explotación de la publicidad en los autobuses y tranvías» de Tussam que incrementará los ingresos propios de la empresa municipal en medio millón de euros a base de ampliar los formatos de publicidad que se pueden utilizar en los autobuses. ¿Ya está? Es como pretender curar un colapso multiorgánico a base de jarabes.

Cuando todo parece indicar que el recurso al endeudamiento ni siquiera va a poder plantearse, todo lo que no sea acomodar el presupuesto municipal a los ingresos recurrentes de los impuestos y precios públicos sin necesidad de echar mano de extraordinarios como aprovechamientos urbanísticos o licencias de obra para nuevas viviendas es música celestial con la que pueden entretenerse los munícipes tocando la lira de un nuevo plan estratégico mientras la ciudad perece devorada por las llamas del paro y la ruina.

javier.rubio@elmundo.es

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Written by cardomaximo

01/11/2011 a 10:11

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