cardomaximo

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Es mucho presuponer

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Arrollado por la campaña electoral de las generales del 20-N, el proyecto de Presupuestos de la Junta de Andalucía para 2012 ha pasado sin pena ni gloria como una de esas noticias que es flor de un día por más que en esta ocasión habrá de durar su tramitación prácticamente un mes.
Ha contribuido a este alejamiento del primer plano de la escena informativa la ausencia de la inversión pública provincia por provincia, como venía siendo ley en las últimas cuentas de la Administración autonómica. Al no saberse qué se ha quedado fuera de programación (aunque se intuye con sólo mirar los renglones escasos de la obra pública), se ha agotado un debate que venía siendo recurrente en los últimos años y que carecía de virtud alguna al propiciar enfrentamientos entre ciudades y grupos locales de presión por recabar para su territorio la mayor tajada presupuestaria.

Se acabó esa absurda manera de hacer política, tan garbancera y anticuada como los localismos que alimenta. Se acabó y hay que felicitarse por ello, como aquí mismo hemos reclamado en varias ocasiones cuando el griterío en torno a las carreteras que se iban a construir, los túneles que se iban a horadar o los puentes que se iban a tender se convertían en la sustancia principal del debate político.

Esa forma de leer el presupuesto general de una comunidad autónoma que maneja por encima de los 30.000 millones de euros era miope y fomentaba comparaciones odiosas entre provincias, donde las fuerzas vivas locales podían presentarse bien como benefactoras por haberse atendido sus peticiones bien como víctimas de una instancia superior empeñada en castigar a votantes de otro signo. O sea, un puro despropósito se mirara desde el lado que se mirara.

Pero la felicitación por haber acabado con una forma descarada de potenciar la adhesión de intereses particulares a unas cuentas por lo demás tramposas no puede hacernos olvidar que el motivo exacto de la supresión de esa información provincia por provincia de las inversiones públicas no obedece a una súbita conversión de los socialistas en el poder sino a la ridiculez de las cifras en discusión después de que el departamento de Obras Públicas vaya a ver reducido su presupuesto nada menos que en un 25%.

De repente, la Junta de José Antonio Griñán se ha dado cuenta de que no tenía carnaza que ofrecer a los tiburones locales que hacen política de campanario y ha preferido esconder los proyectos que salva de la tijera para no agraviar más voluntades allí donde el recorte se lleva por delante obras largo tiempo esperadas.

La Junta no tiene un duro. Acaba de arreglar con los colegios de Farmacéuticos un sistema para que las farmacias se garanticen el cobro de las medicinas del último trimestre del año y sin que le compute a efectos de deuda pública. Esto es lo más parecido a hacerse trampas en el solitario, pero permite aplazar el estrangulamiento de tesorería, al menos hasta que llegue un nuevo presupuesto con el que encarar las elecciones autonómicas.

A ese fin se consagra todo lo que hacen y dicen los principales partidos políticos andaluces. Todo hay que interpretarlo precisamente en esa clave electoral. Porque si elocuente (y embarazoso, como pudo comprobar la consejera Montero en su comparecencia ante los periodistas para no decir nada) resulta el silencio del Ejecutivo de Griñán sobre dónde tiene previsto invertir, también resulta elocuente la verborrea que el Partido Popular gasta prometiendo más de lo que cualquier gobernante prudente sería capaz de cumplir.

El dragado del río, la carretera de circunvalación SE-40 y la ampliación del metro de Sevilla han salido a la palestra de inmediato en un intento del PP por arrastrar a los votantes mediante promesas que el elector medio sabe, tan bien como el político, que no va a ser posible cumplir en el corto ni puede que en el medio plazo.

Las cuentas que interesan ahora son otras bien distintas. Se trata de dilucidar en las urnas cómo adelgazamos un Leviatán insaciable que ha acabado por engullir el presupuesto sólo para mantenerse en pie.

El cuerpo electoral no se deja engañar con promesas de intervenciones para las que no hay dinero por mucho que se empeñen los políticos. Lo que está en juego es cómo devolvemos la iniciativa a la sociedad, cómo aligeramos la pesada carga de quienes crean trabajo y riqueza aunque sea para sí mismos y cómo conseguimos que la Administración funcione sin asfixiar a quien quiera arriesgar su esfuerzo y su dinero.

Es mucho presuponer que las cuentas que ha presentado Griñán se van a cumplir; pero igual de aventurado que presuponer que el PP tiene un varita mágica para activar todas las obras pendientes.

javier.rubio@elmundo.es

7/11/11

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Written by cardomaximo

08/11/2011 a 09:26

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