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Por qué va a perder el PSOE

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Salvo cataclismo –que también los conocemos– en contra, el PP ganará las elecciones del domingo con una mayoría aplastante. También en Andalucía, lo que constituye una inflexión con la trayectoria en las urnas prácticamente desde que se instauró la democracia. Esa victoria, que puede coronarse con la joya para el PP de hacer morder el polvo por primera vez a Alfonso Guerra al cabo de 34 años de victorias consecutivas, habrá quien la considere preludio de la de marzo en las autonómicas que haría variar el color político en Andalucía. Cómo hemos llegado hasta aquí. Estas son algunas ideas, sin ánimo de exhaustividad ni de rigor científico, que explican el vuelco:

  • HARTAZGO. Es la sensación más recurrente cuando se consulta con esos votantes desideologizados que se sitúan en el centro del arco político. Y este cansancio de tantos años ejerciendo el poder el mismo partido político recorre todas las clases sociales y todos los estamentos sin excepción. El paso previo para cualquier cambio de gobierno requiere que se instale en el electorado la idea de que sería útil y necesaria una alternativa, aunque el elector todavía no haya interiorizado moverse él mismo en esa dirección con su voto. Es la clave por la que preguntan los sociólogos en los sondeos demoscópios cuando se interesan por qué partido le gustaría al entrevistado que ganara. Andalucía ya está en la siguiente fase: el cuerpo electoral ha decidido movilizarse activamente para propiciar la salida del PSOE.
  • PUNTO DE RUPTURA. En terminología militar, se aplica al momento en que la superioridad de un rival se impone y hace inútil cualquier intento de resistencia. Se puede aplicar tanto a escaramuzas de pelotón como a batallas cruciales con cuerpos de ejército involucrados. En el plano de la moral colectiva, hay derrotas de las que uno no puede levantarse. En Andalucía es fácil adivinar que ese punto de ruptura ya se ha producido (probablemente, con la victoria del PP en las municipales aunque ahí interviniera decisivamente el voto urbano) y el landslide o corrimiento electoral es una consecuencia contra la que no cabe oposición por parte del que va a ser derrotado. En cuanto esa posibilidad va cobrando cuerpo, se acrecienta el número de los que acuden en auxilio del ganador para no quedar descolgados en el reparto del botín. Las filas de conversos en el PP haciendo méritos ante lo que ha de venir así lo indican.
  • EMULACIÓN. Para el PSOE andaluz fueron malas noticias que José Montilla primero y Patxi López después accedieran a la presidencia respectiva de las comunidades autónomas de Cataluña y el País Vasco. Evidenció que no había gobiernos inmutables y disparó en el electorado andaluz la curiosidad por emular esas otras regiones donde se producían cambios en la cúpula autonómica dentro de la normalidad más completa. Si lo de Cataluña y el País Vasco fueron malas noticias, lo de Castilla-La Mancha y, sobre todo, Extremadura fueron pésimas: desde las elecciones de mayo se instaló en la conciencia de la militancia socialista la idea de último feudo amenazado. Y los búnkeres son malos sitios para refugiarse.
  • ERRORES PROPIOS. Siempre hay un momento en el que las cosas empiezan a salirle mal a quien siempre le habían salido a pedir de boca. Tal vez ese instante sea el relevo de Chaves, nunca bien explicado, por un compañero de generación más abúlico aun que el sustituido. Ahí empezaron a torcérsele las cosas al PSOE. El apartamiento de hombres clave en el férreo control del partido, las pendencias internas, la mal resuelta investidura de Griñán como secretario general… todo conspiraba en contra. Hasta llegar a las elecciones del 20-N: el tándem Rubalcaba-Griñán ha sido demoledor porque representan un pasado inmediato y remoto con el que los electores están dispuestos a cortar al precio que sea.
  • IDENTIFICACIÓN. Los dirigentes socialistas presumían de que el PSOE era el partido que más se parecía a los andaluces. Y era verdad. Pero el partido se durmió en los laureles del inmovilismo doctrinal al que lo sometió la pax chaviana durante 19 años hasta perder la conexión con el electorado. Las incongruencias entre el discurso y la acción política no hacían sino acrecentar esa distancia que empezó a dejarse ver como una mancha que iba extendiéndose por el mapa desde la costa mediterránea hasta el interior. Lejos  de reaccionar, el movimiento de enroque en los feudos tradicionales, los votantes peor informados y la excitación del miedo al rival han acabado por hundir al PSOE: no hay quien lo reconozca, probablemente ni su militancia. Por eso va a perder.

javier.rubio@elmundo.es

14/11/11

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Written by cardomaximo

15/11/2011 a 09:28

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