cardomaximo

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Pensar a lo grande para llegar lejos

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EL ÚLTIMO (por reciente) llamamiento de buenas intenciones para Navidad tiene que ver con potenciar las compras de lo que los americanos llaman “la comunidad” y que aquí no sé muy bien si traducir por el barrio o, remontándose siete siglos, por la collación. El caso es que los mensajes invitan a “comprar todos nuestros regalos a través de emprendedores: la vecina que vende por catálogo, el artesano que hace aros, la amiga que vende por Internet, la que tiene una tiendita…”

O sea, Frank Capra en estado puro. No falla: en tiempos de turbación, como los de la Gran Depresión o éstos de la Gran Recesión, la tentación de replegarse y cerrar las ventanas es universal.

Resulta enternecedor pensar que el dinero irá a manos de alguien que conocemos en vez de a la cuenta de resultados de una multinacional con miles de empleados… que corren riesgo de despido si las ventas se desploman. ¿O es que nadie tiene un vecino que trabaja en El Corte Inglés?, ¡caramba!

En cierto modo, esta neofisiocrasia enmascarada gustaría de ver reducido el comercio mundial, al que culpa de la situación económica en que nos encontramos sólo porque el comercio chino de la esquina echa más horas que nadie. Quieren que compremos en nuestro barrio, que comamos lo que da el alfoz y que hagamos todo el gasto cerca de casa por toda alternativa, lo cual representa un error mayúsculo en una ciudad que vive de los que vienen de fuera.

Esta estrechez mental nos impide ver que alrededor de casa no hay ninguna fábrica de tabletas electrónicas, ensambladas a miles de kilómetros con una patente desarrollada por unos desgreñados a otros tantos miles de kilómetros entre los que, tal vez, se encuentre el hijo díscolo de algún vecino que tuvo que emigrar para ganarse el pan.

Mientras nosotros seguimos con nuestro reduccionismo económico de andar por casa, hay quien piensa a lo grande para llegar lejos. La naviera Maersk acaba de poner en servicio el ‘Eleonora’, un enorme mercante de 400 metros de eslora que hará la ruta entre Asia y Europa cargado con 15.000 contenedores de 20 pies cubicos en cada uno de los cuales caben 35.000 camisetas. El flete sale a 2,5 centavos de dólar por unidad.

El problema es que nosotros ni patentamos (que inventen ellos), ni fabricamos (eso queda para los asiáticos), ni fletamos (la compañía es danesa), ni desestibamos (eso queda para Rotterdam, Bremerhaven o Felixstowe). Estamos al final de la cadena, donde los arreones son más fuertes y nuestra única preocupación es cómo achicar los eslabones.

javier.rubio@gmail.com

18/11/11

 

 

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Written by cardomaximo

19/11/2011 a 09:25

Publicado en costumbres, economia

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