cardomaximo

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Liquidación por fracaso

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Probablemente, no haya nada que reúna más errores en la gestión política que el plan Centro. Hasta la liquidación de la comisión investigadora que iba a examinar del derecho y del revés los expedientes de contratación del equipamiento técnico ha resultado un enorme fracaso, por no hablar de la palabra maldita en torno a lo que representó el plan restrictivo del tráfico en el centro de la ciudad: fraude.

Los ciudadanos tienen todo el derecho del mundo a sentirse defraudados. Con la comisión, por supuesto, y con el cierre apresurado de sus pesquisas sin haber llegado a ninguna conclusión que no pudiera atisbarse desde que el anterior equipo de gobierno decidió implantar el límite de 45 minutos para circular por el recinto acotado del centro histórico. Para ese viaje no se necesitan alforjas. El PP municipal ha pecado de imprudente por haber impulsado una investigación basada sólo en un informe que, a la postre, se ha revelado, cuanto menos, falto de rigor. Es lo que ocurre cuando no se sabe a dónde se quiere ir ni por qué camino seguir.

Toda una enseñanza para los veinte concejales del equipo de gobierno y una terrible frustración para los electores que ven cómo una investigación política se acaba cerrando de malas maneras cuando al gobernante deja de interesarle que sepamos cómo se gestionó ese fenomenal disparate que fue el Plan Centro y su caótica implantación, su tramposo funcionamiento y su liquidación a las bravas.

¿Hay que insistir en que todo se ha hecho mal desde el principio? ¿Era preciso una comisión municipal investigadora para advertir que nada funcionó como es debido, que las prisas, el sectarismo y la falta de consenso viciaron de origen un plan de tráfico y han vuelto a hacerse presentes en su eliminación desde verano? ¿Qué creyó el PP que iba a sacar de ahí y qué han supuesto el PSOE e Izquierda Unida que podían revertir en su favor durante la corta vida de la pesquisa municipal?

Bien, ya está hecho el estropicio. Cada uno le ha roto las cántaras al rival y la leche se ha derramado por el suelo, con lo que los fanáticos de cada lado se habrán dado por satisfechos. Ahora se nos plantean dos caminos: podemos seguir aferrados todos a nuestros apriorismos, encastillados en nuestras respectivas posiciones ideológicas sin atender la más mínima indicación en contra que venga de alguien con cuyas ideas no necesariamente comulguemos, o bien podemos empezar de nuevo a examinar la cuestión con criterios estrictamente técnicos apartando la visión ideologizada que ha dictado el fracaso al que nos ha conducido la situación anterior.

Depende de Zoido y su equipo dar el primer paso en la dirección correcta proponiendo un gran consenso político en torno a la cuestión de la movilidad en el centro histórico y comercial. La comisión de investigación ha sido un monumental fiasco, como lo es la ausencia de política clara del PP en materia de circulación, pero aún están a tiempo de reparar ese yerro.

Y luego, la pelota estará en el tejado de la oposición para aceptar hablar de todo sin prejuicios y admitir que tal vez los comerciantes no estén tan equivocados cuando sólo defienden sus intereses y que si los ciudadanos han disparado el uso de los autobuses en cuanto vuelven a penetrar en el centro es porque había una necesidad que no estaba cubierta antes y no porque todos sean votantes del PP deseosos de darle la razón al alcalde.

Ese tiene que ser necesariamente el punto de partida: cómo se consigue que los ciudadanos lleguen al centro y compren allí o paseen por las calles sin temor a que los atropelle un vehículo sea de dos o de cuatro ruedas o hagan una gestión sin perder media mañana en llegar y volver o visiten a un amigo a la hora que crean oportuna o trasladen a su casa a un familiar impedido o descarguen su mercancía cerca de las tiendas o alcancen el hotel sin tener que arrastrar la maleta por toda la ciudad. Bastaría con encontrar el mínimo común de todos esos intereses particulares a menudo contrapuestos para armonizarlos en beneficio del interés general.

Pero esa operación implica desprenderse de toda carga política: no hay soluciones al tráfico rodado ni de izquierdas ni de derechas. Eso es una falacia, lo diga quien lo diga. Ayuntamientos del PP han convertido en peatonales centros históricos en toda España. Lo que hay son facilidades a los ciudadanos para moverse con libertad. Ni todos los tenderos del centro han votado al PP, ni todos los ciclistas son progres, ni todos los automovilistas son de derechas, ni las cámaras de vigilancia apuntan sólo a la izquierda ni todas las furgonetas de carga aparcan indefectiblemente sólo en la acera derecha.

Para llegar a esta conclusión, desde luego que no hacía falta una comisión de investigación fracasada. ¿Cuándo nos ponemos a recoger la leche derramada?

javier.rubio@elmundo.es

28/11/11

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Written by cardomaximo

29/11/2011 a 10:58

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