cardomaximo

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Confesiones secretas

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A VER SI José Joaquín Gallardo nos aclara el ofrecimiento para que los implicados en la desaparición y muerte de Marta del Castillo le confiesen en secreto dónde está el cuerpo para que la familia pueda al fin darle eso que antes se llamaba cristiana sepultura. Las confesiones secretas tienen muy buena imagen desde que Montgomery Clift interpretó con ribetes de escándalo Yo confieso en la que hacía de sacerdote atormentado debatiéndose entre deshonrar el pasado de una mujer casada o romper el secreto a que le obliga el derecho canónico por haber oído el relato del crimen en confesión.

A la vista está que J. J. Gallardo no puede pasar por Clift ni en sueños para acabar con el sufrimiento inhumano de los padres de Marta del Castillo, de cuya desaparición se cumplen mil días como oportunamente ha recordado la misma cadena televisiva que entrevistó a la madre del único condenado por el momento, en una operación de lavado de imagen digna de estudio.

Tampoco el Papa Wojtyla era el curita joven que encarnaba el actor, pero su visita a la cárcel de Regina Coeli de Roma para entrevistarse a solas con el turco Mehmet Ali Agca que lo había tiroteado el 13 de mayo de 1981 tenía el halo de las grandes revelaciones llenas de misterio por las que los guionistas de Hollywood se pirran.

En fin, el decano de los abogados se ha ofrecido para recibir la confidencia de cualquiera de los que hasta la semana pasada se sentaban en el banquillo y trasladarla sin relevancia penal para el caso, una vez que está visto para sentencia. Es la tercera vez que Gallardo hace un llamamiento de esta índole sin que hasta ahora haya tenido el éxito que se espera. Tampoco esta vez parece que vaya a surtir efecto alguno.
Nadie puede decir que vaya a quedar por el decano del Colegio de Abogados, desde luego, aunque el mismo resultado tendría –digo yo, que no soy perito en leyes– que los acusados se lo hubieran transmitido a sus propios letrados, acogidos también al secreto profesional que garantiza la relación entre un abogado y su cliente.

Es más que probable que el ofrecimiento vaya a caer en saco roto porque resulta inútil apelar a la conciencia de estos niñatos acusados del crimen. Para que les torturara la culpa tendrían que sentir algún tipo de sentimiento por el sufrimiento infligido. Y a estas alturas, mil días después de aquel crimen todavía sin castigo, ni está Raskolnikov ni se le espera.

javier.rubio@elmundo.es

9/12/11

Written by cardomaximo

10/12/2011 a 09:42

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