cardomaximo

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Este barco de papel

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Este periódico está de celebración esta semana. El calendario es caprichoso y encadenó una convocatoria electoral cuando se cumplía el redondo aniversario de los quince años de EL MUNDO de Andalucía y los festejos se aplazaron hasta esta semana de diciembre en la que se desarrollará primero un acto con autoridades, sociedad civil andaluza, anunciantes y colegas de profesión y, al día siguiente, la fiesta en el quiosco con el ejemplar extraordinario en el que se reconoce a 150 personalidades de todos los ámbitos de Andalucía la vez que aportan su particular visión de cómo ha cambiado esta tierra desde que en 1996 aterrizara la edición andaluza de EL MUNDO.

Quince años ya en los que la cabecera ha renovado día a día su compromiso insobornable con la información. Nuestros lectores, cada día más afortunadamente, así lo han entendido en estos tres lustros que marcan un hito en el camino del periodismo comprometido con la verdad que siempre hemos practicado en esta casa.

A muchos les puede parecer que década y media de existencia no es una medida de tiempo suficiente para calibrar una actividad. Pero para quienes estuvimos desde el primer día desplegando las velas de este barco de papel resulta medida más que sobrada para saber que lo mucho o lo poco que hayamos hecho, lo hemos hecho bien. De otro modo, el bote en que navegamos se hubiera ido a pique o habría quedado al pairo de los acontecimientos políticos como sucede con otros veleros que surcan las procelosas aguas de la información andaluza prestos a hinchar las velas con el viento que sople en cada momento no importa en qué dirección.

En EL MUNDO de Andalucía, sin embargo, nos hemos acostumbrado a poner proa hacia las tierras incógnitas donde los demás no se atreven a fondear por miedo a los bajíos. Ocurre que el mar no tiene dueños y no hay viento de cara o calma chicha en la que este periódico no se haya aferrado al rumbo de la información que interesa a sus lectores sin desviarse lo más mínimo por muchos escollos naturales o artificiales que hayan surgido en la singladura.

Sería presunción vana creer que este periódico es el único que hace periodismo de investigación o que ha revelado escandalosos casos de corrupción política, aprovechamiento indebido de los cargos públicos o beneficiosas concesiones a allegados del poderoso de turno. No, no hemos sido los únicos en desvelar esos comportamientos que querríamos ver excluidos de la vida política andaluza para siempre, como es lógico suponer, pero sí los que con más ahínco los hemos perseguido en nuestro quehacer cotidiano.

No hay altanería posible en describir que sin la aportación de cuantos ahora o en el pasado hemos hecho este periódico, la vida ciudadana de Sevilla sería distinta. Valga como muestra un botón: el caso de las facturas falsas del distrito Macarena no habría llegado a la condena penal de dos colaboradores del ex alcalde Monteseirín si este periódico se hubiera conformado con la versión exculpatoria del equipo de gobierno municipal cuando se denunció por primera vez la inexistencia de unas obras cobradas pero sin ejecutar.

Fue la investigación periodística de EL MUNDO de Andalucía la que descubrió una trama organizada para contratar primero y abonar después obras supuestamente hechas en aquel distrito municipal en los meses previos a la celebración de las decisivas elecciones municipales en que Monteseirín dio de lado a los andalucistas para asentar un nuevo pacto con Izquierda Unida.

No es ningún afán de protagonismo el que nos mueve. Sabemos cuál es nuestro sitio y conocemos lo duro y competido que es este oficio. También nos damos cuenta de que hay veces en que nos hemos equivocado o hemos marrado en nuestro quehacer y lo asumimos con humildad. Pero nunca han sido intencionados ni los yerros ni las omisiones. Todo lo que hemos averiguado lo hemos ventilado a la vista de todos para satisfacción de nuestros lectores y orgullo de todos cuantos venimos haciendo EL MUNDO de Andalucía desde hace quince años.

Sabemos que nos debemos a las personas que depositan su confianza en nuestra forma de contarles la actualidad y se acercan al quiosco por su ejemplar de papel, se conectan con algún dispositivo para leer ese mismo producto editorial suplementado con análisis, comentarios y vídeos exclusivos a través del quiosco digital de Orbyt, o acceden a través de Internet para tener en primicia todo lo que está pasando a su alrededor. Los lectores son la única razón de ser de un periódico, pero es que en éste además marcan el rumbo inalterable del gobernalle.

Ojalá esta travesía diaria se mantenga quince veces quince años, por lo menos. Será señal de que hay pasaje deseoso de abordar nuestro paquebote, que lleva por nombre libertad.

javier.rubio@elmundo.es

12/12/11

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Written by cardomaximo

13/12/2011 a 09:39

Publicado en periodismo, sevilla

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