cardomaximo

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El Gordo es irracional

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LOS MATEMÁTICOS aconsejan no jugar porque consideran que la probabilidad de resultar agraciado es tan remota que difícilmente compensará el gasto en lotería. No les falta razón. Aproximadamente sólo 15 de cada 100 billetes obtendrá un premio en el sorteo de esta mañana en Madrid y, de éstos, la gran mayoría corresponderán no ya a la abundante y menuda pedrea –más delgada que el resto del año– sino al compensatorio reintegro que invita al aficionado a volver a intentarlo en el sorteo extraordinario del Niño del 6 de enero. En 1962 y 1963, la probabilidad de que nuestro número saliera tocado por la diosa Fortuna del bombo de la lotería era de 1 entre 55.000. En el sorteo de hoy, es de 1 entre 100.000. La estadística está en contra de los apostantes y Hacienda sólo da un año de tregua antes de echarle el guante al incremento de patrimonio obtenido en los juegos de Estado. En tales circunstancias, casi mejor dejarlo correr y olvidarse del Gordo.

Pero ocurre todo lo contrario. La emisión ha trepado este año –el primero que se sortea el primer premio entre 100.000 números– hasta los 3.600 millones de euros, que es una cifra astronómica muy superior al presupuesto de muchos ministerios a los que ayer puso cara Mariano Rajoy. El apetito por el Gordo de Navidad salta fronteras y en muchos países se conoce nuestra lotería de Estado con ese sobrenombre. En tiempos de crisis, además, se dispara el gasto en juegos de azar, acaso la última esperanza en bandear la situación personal con un golpe de fortuna.

Hay mucho de irracional en la confianza ciega del apostante en los números que juega. Hay quien le es fiel al mismo durante décadas, heredado de padres a hijos, y quien observa una promiscuidad zigzagueante; quien lo quiere feo y quien lo quiere impar; quien lo busca primo y quien huye de los ceros; quien persigue la terminación del año anterior y quien se deja llevar por una combinación que exprese una fecha significativa por algún motivo. No hay ninguna ciencia en esto porque la regla de la probabilidad que rige el sorteo sólo dicta que un número saldrá premiado con independencia de todo lo demás.

El azar es caprichoso y voluble como un mal viento, no entiende de rachas ni de estadísticas, ni siquiera de leyes de grandes números para las que harían falta miles de sorteos. No hay nada –ni nadie– que pueda predecirlo. Es pura irracionalidad, locura en dosis homeopáticas. Tal vez por eso nos gusta.

javier.rubio@elmundo.es

22/12/11

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Written by cardomaximo

23/12/2011 a 09:11

Publicado en ciencia, costumbres, economia

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Una respuesta

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  1. Javier, muy correcto desde el punto de vista matemático. Un abrazo

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    Pepe R.

    23/12/2011 at 16:15


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