cardomaximo

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La identidad de Sevilla

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CONVIENE NO echar en saco roto el artículo que la concejal Mercedes de Pablos –felicidades sinceras por tu absolución– publicaba en estas mismas páginas la semana pasada bajo el título De flamencas, sotanas y reyes. No sin cierta sorna se quejaba de la proliferación de actos religiosos (novenas, funciones de instituto, tedéum, misas votivas y otras subespecies del calendario litúrgico) en los que tenía acto de presencia como institución el Ayuntamiento de Sevilla. De Pablos, que antes que fraile de la política ha sido cocinera del periodismo, ahondaba en una cuestión de señas de identidad, lejos de las crueles pugnas en torno a la cuestión religiosa que tanta pasión desbordan y en las que se hace casi imposible hallar el punto medio.

Es verdad. Lleva toda la razón Mercedes de Pablos cuando se lamenta –o constata periodísticamente, mejor dicho– de la incapacidad colectiva para construir una identidad propia al margen de la religiosidad popular. Por supuesto que se puede ejercer de sevillano sin ser devoto de ninguna imagen religiosa, como se puede ejercer de sevillano sin entender nada de flamenco o incluso abominando de las corridas de toros. Claro que sí, porque no se debe tomar la parte (las cofradías, el baile o las corridas) por el todo. Y menos todavía se puede imponer la propia visión a los demás. Los liberales son, desde la invasión napoleónica, la especie más amenazada del ecosistema social y político sevillano. En todo el siglo XX sólo la ha gobernado una alcaldesa con esa vitola cuatro exiguos años.

Ocurre que la fuerza de esas imágenes es tan poderosa, tiene tal capacidad de concitar la unanimidad a su alrededor, que es muy difícil sustraerse a su órbita. Incluso para los que gustosamente nos dejamos atraer por su magnetismo. Y, de otro lado, son tan reconocibles fuera de Sevilla que no hace falta derrochar energía en forjar una identidad propia.

Pero es  justamente la tarea que debemos imponernos sin hacer tabla rasa, como creo adivinar entre líneas del artículo de Mercedes de Pablos. Es en ese carácter ecléctico (que no sincrético) donde podemos encontrar el material con que construir una identidad colectiva en la que podamos sentirnos a gusto los capillitas y quienes no han puesto un pie en su vida en San Lorenzo, por ejemplo.

Estamos hechos de contradicciones. A lo mejor es el momento de empezar a explotarlas como una ventaja competitiva en vez de avergonzarnos o ensalzarlas como si nos fuera la identidad en ello.

javier.rubio@elmundo.es

29/12/11

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Written by cardomaximo

30/12/2011 a 09:50

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