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¿Por qué no se callará?

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A HUGO CHÁVEZ, ese gorila de la política latinoamericana que quiere ir de macho alfa de la manada, le reían las gracias en el Ayuntamiento de Sevilla hasta ayer mismo, como quien dice. Se organizaban viajes a Venezuela, se enviaban remesas y se saludaba a los brigadistas como si pudieran hacer renacer el comunismo de sus cenizas. Sus bravatas contra el imperialismo, su enemiga contra los yanquis, sus soflamas a favor de Fidel Castro y sus esbirros son regularmente jaleadas por quienes ven en él al líder de los pueblos sojuzgados y la verdadera alternativa al capitalismo, eso sí, bañado en petróleo. En fin, cada uno es muy libre de creer en lo que quiera o de comulgar con las ruedas de molino que encuentre a mano.

Pero esta estupidez suya de ahora del cáncer inducido por los Estados Unidos porque han coincidido en Oncología Cristina Fernández de Kirchner, Lula da Silva, Dilma Rousseff, Fernando Lugo, David Thompson y el suyo mismo –aunque tardó veinte días en darle nombre a su dolencia– ofende a la inteligencia y lleva la zozobra a muchos miles de personas en todo el mundo que están combatiendo cuerpo a cuerpo contra el cáncer. «¿Sería extraño que hubieran desarrollado una tecnología para inducir el cáncer y que nadie lo sepa hasta ahora y se descubra esto dentro de 50 años o no sé cuánto? No sé, sólo dejo la reflexión, pero esto es muy extraño».

Las teorías paranoicas sobre enfermedades alcanzaron su apogeo a finales de los 90 del pasado siglo con el VIH causante del sida. Entonces también se acusó a Estados Unidos de poner en circulación el virus. En realidad, estas conspiraciones sanitarias son tan antiguas como el hombre. Desde las plagas bíblicas, siempre hemos estado tentados de echarle la culpa a nuestros  enemigos de los males que nos afligen.

Toda esa charlatanería de Chávez no hace sino velar con la verborrea de un supuesto misterio una enfermedad como otra cualquiera contra cuyos mitos pugnan a diario médicos, enfermeros, voluntarios, familiares y, por supuesto, los propios pacientes.

Olvídenlo. No hay nada extraordinario en la coincidencia de cánceres en dignatarios latinoamericanos. Hosni Mubarak, Vlacav Havel, Ronald Reagan, Franklin D. Roosevelt, François Mitterrand, Georges Pompidou, Yuri Andropov y el sha de Persia también lo padecieron y nadie mentó ninguna confabulación. ¿Por qué no se callará Hugo Chávez y deja a los enfermos en paz tratando de curarse de sus cánceres?

javier.rubio@elmundo.es

30/12/11

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Written by cardomaximo

31/12/2011 a 10:55

Publicado en ciencia, historia, sanidad

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