cardomaximo

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Los establos de Augías

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LOS QUE ESTAMOS aquí dentro (de este lado de las noticias para que ustedes lo entiendan) no habíamos visto cosa igual. Y no somos unos niños, se lo puedo asegurar. Pero esta colección de corrupciones graneadas en todos los órdenes nos era desconocida hasta estos días: un director general al que acusa un antiguo subordinado suyo de cocainómano que recibía en un bar de copas, un hijo del ex anterior presidente de la Junta al que la Unidad contra la Droga y el Crimen Organizado vincula con el adjudicatario de 5,9 millones de euros en contratas públicas, un presidente de club de fútbol para el que la Fiscalía Anticorrupción pide prisión, otro personaje del fútbol local al que el grupo de Delincuencia Económica de la Guardia Civil le sigue los pasos, una ONG de Carmona ‘saqueada’ por su gestor al que Hacienda señala como autor de hasta tres delitos, dos ex concejales de Sevilla declarando ante el juez por coacciones y amenazas a trabajadores de una empresa municipal para que abonaran parte de su sueldo para el partido y el ex gerente de otra empresa pública señala al ex alcalde y al ex primer teniente de alcalde como conocedores de la operación de venta de unos terrenos que acabó en una presunta tentativa de cohecho.

Toda esa inmundicia flota a nuestro alrededor del mismo modo que los bajantes desaguan su pútrida carga en medio del aguacero. Y entonces, cuando eso sucede, no hay cubos ni manos suficientes para achicar esa marea corrompida que a todos escandaliza y que todos quieren ver lo más lejos posible.

Así nos vemos a nosotros mismos muchos de estos días inagotables: en medio de un albañal en el que a cada paso aflora más basura y cada vez más pestilente. Por momentos cunde el desánimo. Supongo que les pasará también a los médicos en su inacabable pugna contra los males que afligen a la Humanidad. Es lo que los militares catalogan como fatiga de combate, cuando los soldados intuyen inútil el esfuerzo que les piden los mandos y bajan los brazos.

Sólo un héroe como el Hércules de nuestro escudo pudo limpiar los establos de Augías. Para limpiar esta ciénaga en la que cada vez va subiendo de nivel la putrefacción no se precisan héroes, sino hombres y mujeres corrientes revestidos con una armadura moral que les otorgue la superioridad necesaria para rechazar esas conductas allí donde las detecten.

Dejar de consentir las pequeñas corruptelas cercanas es la única manera de evitar ahogarnos en la impudicia.

javier.rubio@elmundo.es

11/1/12

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Written by cardomaximo

12/01/2012 a 09:34

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