cardomaximo

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Crisis e incoherencias

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Si es verdad que la primera víctima de una guerra es la verdad, también debe serlo que la primera de una crisis económica sea la coherencia. Conforme disminuye la renta y la riqueza disponible también mengua la fe en los principios propios, de manera que al final los políticos acaban defendiendo lo contrario de lo que habían venido sosteniendo en público con tal de llevarle la contraria al rival.

En Sevilla acabamos de verlo en dos ejemplos de la semana pasada en los que los grupos políticos parecen haber intercambiado los papeles de sus ideales, en el caso de que todavía quede algún rastro de ellos en el alma de partidos atrapalotodo, capaces de contradecirse a sí mismos con tal de complacer al electorado.

En cierto modo, los principales partidos siguen actuando como si no existiera crisis o, todo lo más, el actual declive económico fuera un mero accidente que se superará como quien espera que escampe una tormenta. Toda la urgencia y la alarma que trasluce el Gobierno central en sus arrebatos se vuelve inconsistencia y falta de criterio en cuanto se bajan los peldaños de la Administración pública.

En el pleno de la Diputación Provincial, los cuatro grupos presentes (PSOE, PP, IU y PA) aprobaron por unanimidad, tras un par de enmiendas transaccionales, una propuesta para el mantenimiento de las inversiones del Plan de Empleo Rural y, a ser posible, un incremento de la dotación para estos trabajos que “tanto ha cambiado la vida a los ciudadanos de nuestros pueblos”, en expresión del presidente de la corporación provincial, Fernando Rodríguez Villalobos.

Poco importa lo que se pregona en Madrid o las decisiones que toma el Gobierno central para congelar la mayor parte de las partidas presupuestarias cuando el temor a un revés electoral hace caer al PP en la incoherencia con los postulados programáticos generales. Por supuesto, la propuesta tenía trampa precisamente para que el PP cayera en ella y poder presentarlo como un partido enemigo de los braceros, pero ese argumento no exime del cumplimiento de los compromisos propios. Todos a una para defender un sistema que ha mejorado las condiciones de vida de los pueblos, pero que ha fracasado estrepitosamente en la creación de riqueza.

“Si hay más dinero para el PER, habrá más peonadas y una mayor inversión en los pueblos”, dijo el presidente de la Diputación en apoyo de la moción unánime a propuesta de IU. El problema, el pequeño inconveniente imposible de dejar a un lado, es que no hay más dinero y el que hay debe dedicarse al saneamiento financiero, a la reducción del déficit público y otras bagatelas de magnitud macroeconómica desde las que no se divisan las plazoletas de los pueblos.

El segundo ejemplo lo proporcionaba el PSOE en el pleno del Ayuntamiento de Sevilla del viernes pasado en que defendió, sin éxito ante la mayoría absoluta del PP, una moción para “compensar con rebajas fiscales los 23 millones de euros extras de IBI que pagarán los sevillanos por el catastrazo de Rajoy”.

En la nota de prensa que envió el grupo socialista el jueves 26 en apoyo de su propuesta, se pedían “rebajas en los impuestos (sic) aún no devengados y que más han subido, como son el agua y la basura, o bien mediante un programa propio de empleo que derive en contrataciones directas”.

¿De verdad que el afán por presentar al rival político como un despiadado depredador del bolsillo del contribuyente justifica cometer el error de bulto de llamar impuesto a lo que son, en realidad, precios públicos y tasas? ¿De verdad que el interés en echarle el electorado encima al partido en el gobierno explica que el PSOE reniegue de la recurrente petición de subida de impuestos? Y una última consideración, acaso la que más escuece: ¿de verdad puede venir el partido que ha disparado la deuda municipal en los últimos diez años para proyectos faraónicos como el de la Encarnación a hacerse pasar ahora por aliado del contribuyente?

Lo más llamativo de esta polémica es que el Ayuntamiento de Málaga, en manos del PP, se ha comprometido a destinar lo que recaude de más por este concepto a un programa de contratación social como el que propugna en Sevilla el PSOE. ¿Alguien entiende algo de esta esquizofrenia política?

La coherencia es una virtud que el elector no suele demandar al político. Tal vez ello explique la relajación con la que éstos se toman la consistencia de su discurso con independencia de dónde lo pronuncien. Claro, que es también la forma más directa e inapelable de corromper la credibilidad a los ojos del votante. Como para que luego se quejen del desafecto ciudadano hacia la política.

javier.rubio@elmundo.es

30/1/12

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Written by cardomaximo

31/01/2012 a 09:32

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