cardomaximo

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El tío del alambre

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AHÍ ESTÁ EL TÍO. A veinte metros del suelo, andando con los pies desnudos sobre una cuerda de nailon, expuesto a partirse la crisma a poco que sople más viento de la cuenta o a algún gracioso le dé por menear la maroma recorriendo el tramo entre el edificio de Moneo para la Previsión Española (‘Helvetia, tu aseguradora suiza’ en los carteles) y el del Cristina para llamar la atención. Ahí está el tío, jugándose la poca vida política que le queda por cruzar de la seguridad de la sede fortificada de su partido a la incertidumbre del centro de negocios con nombre de mujer a muchos metros sobre el suelo de las mayorías absolutas por las que caminaba siempre su antecesor.

El tío del alambre, ese funambulista sin pértiga, es José Antonio Griñán, conocido por el sobrenombre artístico de Pepe en el gran circo con tres pistas que ha montado el PSOE para elegir al secretario general. Pepe conoce como nadie el mundo del circo, donde ha hecho prácticamente de todo. Se metió el solito en la jaula de los feroces tigres chavistas y los tiene domesticados para asombro del personal que cicateramente le niega la ovación cerrada que él ansía. Luego, como tiene su corazoncito también, se dedicó a cabalgar de pie sobre todas las encuestas a la vez, pero ahí le fueron peor las cosas y más de una vez se ha quedado a los pies de los caballos. Con voz melosa y paciencia infinita de profesor chapado a la antigua logró amaestrar a unos cachorros que sabían multiplicar los apoyos y daban la solución de las divisiones internas con unos ladriditos la mar de monos, pero qué va: se le escapó el perrito amaestrado que dirigía el coro y los animalitos ladran ahora sin venir a cuento. El comefuegos de ERE tuvo que dejarlo porque se acabó quemando los labios con la gasolina que usaba para impresionar al público.

Cuando estuvo más cerca de conseguir el reconocimiento del respetable que tanto le obsesiona fue con su número de contorsionismo para presidir el congreso del partido sin molestar a quien parecía que apoyaba, pero dando a entender que sus complacencias las tenía puestas en la candidata rival. El caso es que el hombre se hizo un lío con las manos y los pies y acabó descoyuntado. El numerito de la ventriloquia tampoco le ha salido bien porque enseguida todo el mundo se dio cuenta del truco de hablar por otras voces. Así que ahí está el tío en el alambre, dispuesto a cruzar de bando a su edad aun a riesgo de caerse con todo el equipo.

Se ha reservado un último número por si falla el del funambulismo, pero sólo lo piensa ejecutar el 25 de marzo si no hay más remedio: es el del tragasables.

javier.rubio@elmundo.es

3/2/12

Written by cardomaximo

04/02/2012 at 09:34