cardomaximo

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‘God save the Queen’

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AUNQUE SOLO fuera por la capacidad para retratar desapasionadamente (lo que no quiere decir con estéril asepsia) su historia, incluso la contemporánea, los británicos forman un pueblo admirable. Más aun examinados a la luz de la saña con que los españoles combatimos entre nosotros y contra nuestra historia en común. Ahora mismo se les acumulan los aniversarios: el jubileo de diamantes de Isabel II y el bicentenario de Dickens. De los doscientos años transcurridos desde el nacimiento del novelista, nada menos que 124 (más del 60%) han sucedido bajo el reinado de dos longevas soberanas: Victoria e Isabel. El trío de grandes reinas inglesas lo completa otra Isabel, coetánea de nuestro Felipe II. Lástima que los españoles –en eso también– no hayamos tenido tanta suerte como los británicos: nuestra Isabel II fue de lo peorcito del siglo XIX, que ya es decir.

En Sevilla, Isabel II es el puente de Triana, huy, pasa la reina. Y el palacio de San Telmo de su cuñado Montpensier, claro, pero ésa es otra historia que nos lleva a Francia en vez de a las islas británicas, que es donde nos toca ir hoy. Así que sigamos el rastro de la mermelada de naranja amarga en vez de los frutos que vendía El Naranjero para alcanzar el 20 de octubre de 1988 en que se produjo la histórica primera visita de una soberana inglesa a Sevilla en el marco de un viaje oficial que la tontada de Carlos y Diana atracando en Gibraltar como primera escala de su luna de miel había demorado.

Isabel II tenía entonces la misma edad que la actriz Helen Mirren cuando la interpretó en la soberbia película The Queen. Hace tanto tiempo de aquello que la música del regimiento de infantería Soria 9 fue la encargada de interpretar los himnos de bienvenida en la plaza del Triunfo antes de que la comitiva regia (los reyes británicos y los nuestros) entrara a la Catedral por la puerta de San Cristóbal donde el catedrático de Filología Inglesa (y presbítero) Antonio Garnica les explicó los detalles del altar mayor. En el Archivo de Indias, fue su directora Rosario Parra la encargada de mostrarles una exposición de documentos sobre la expansión británica en América desde el siglo XVI al XVIII. Le llamó la atención un mapa de las Malvinas (sus Falkland) de 1770.

Luego, banquetearon en el Alcázar y el alcalde Del Valle la obsequió con un pergamino con el árbol genealógico que la entronca con nuestro San Fernando. Don Juan Carlos la invitó a la Expo, pero nunca llegó a volver. En lugar de venir ella con su imponente estatura de soberana mandó a su hijo con la pavisosa de Diana, que Dios tenga en gloria al tiempo que salve a la reina.

javier.rubio@elmundo.es

7/2/12

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Written by cardomaximo

08/02/2012 a 09:06

Publicado en historia, sevilla

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