cardomaximo

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Antes de todo esto

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ANTES DE QUE el Veintiocho de Febrero se redujera a una minúscula bandera colgada de un solitario balcón junto a un cartel de ‘se vende’ (sí, todavía hay quien cuelga de los barrotes la verde y blanca en conmemoración de aquel tiempo liminar, yo la he visto de casualidad en la calle Alberche) fue un bosque inabarcable de insignias brotando en cada fachada de la ciudad. Y antes de eso fue un sentimiento colectivo, una idea compartida en la que todo el mundo depositó sus propias esperanzas individuales.

Antes de que el Día de Andalucía se quedara en tres trazos de cera pintados en las mejillas de los escolares el viernes previo al puente lectivo con el mismo ánimo de  quien acude a un partido de fútbol fue la ilusión de un pueblo puesto en pie para rehacer su propia historia, harto de sentirse siempre el último de la fila, hastiado de tener que morderse la lengua y tragarse las lágrimas cada vez que a alguien le tocaba embalar el equipaje y buscar nuevos horizontes.

Antes de que la autonomía se quedara en manos de los políticos y sus leyes como rosquillas indigestas fue una vibrante aspiración general de prosperidad, trabajo y cultura para romper con tantas décadas de miseria, hambre y atraso. Bastó esa apelación vaga a un futuro mejor para que la idea del autogobierno prendiera la mecha inextinguible de la autoafirmación colectiva.

Antes de que la Junta de Andalucía se enredara en su propia burocracia ahogando tantas buenas intenciones en un océano de compadreo y chanchullos sin control del dinero público fue una administración cercana y naïf que Plácido Fernández-Viagas defendía a pecho descubierto (la camisa abierta enseñando la camiseta) por las plazas de los pueblos megáfono en mano convenciendo uno por uno a los votantes.

Antes de que se consumara la traición a los ideales, antes de que se repartieran el botín del entusiasmo colectivo, antes de que rompieran el contrato que los obligaba a perseguir el bien común, antes de que la bandera y el escudo se convirtieran en sendos objetos decorativos para despachos de postín, antes de que aquella ensoñación primigenia se convirtiera en la pesadilla actual, antes de que el viento de la historia se nos volviera otra vez en contra, antes de que traicionaran los ideales que habían jurado defender, antes de todo esto hubo un pueblo que soñó su destino. Lástima que no le quedaran fuerzas para forjarlo al rojo vivo martilleando en la fragua para que nada ni nadie se lo pudiera torcer.

28/2/12

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Written by cardomaximo

29/02/2012 a 09:24

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