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Griñán, solo ante la historia

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Quedan pocos días de campaña electoral para las autonómicas del domingo 25 de marzo. Las primeras que se celebran por separado desde 1996 y las primeras en que las encuestas dan como claro vencedor al Partido Popular rompiendo así una hegemonía política de tres décadas. Las urnas todavía no han hablado, es evidente, pero el rumor que sube de la calle sentencia al PSOE y a su candidato Griñán: sencillamente, hasta aquí llegó el hartazgo. Ya se verá si eso se traduce el último día de la semana en una mayoría absoluta del PP o Arenas se queda con la miel en los labios. Cualquiera podría imaginar, a la luz de estas circunstancias ciertamente históricas, que Andalucía estaría viviendo una efervescencia política, una agitación ciudadana y una movilización electoral que la Historia sólo guarda para sus mejores momentos.

Pero nada de eso se percibe en el ambiente. Al contrario, es tanto el cansancio con la situación económica, es tanto el hastío a que ha conducido la política clientelar socialista todos estos años, es tanto el aburrimiento soberano que han inoculado como una vacuna en el cuerpo social con precisión de alergólogo todos estos años que ahora se les vuelve en contra. El PSOE se encuentra ahora con un electorado desmovilizado, con una militancia agotada y una dirigencia que afila sus cuchillos para resolver sus diferencias cuanto antes nada más culmine el recuento electoral. Pretender, como hace Griñán, que por puro voluntarismo las encuestas vayan a darse la vuelta en seis días es un ejercicio estéril al que probablemente está obligado el candidato, pero que conduce a la melancolía en todos cuanto le rodean.

Habíamos suspirado tanto tiempo por una campaña netamente andaluza en la que debatir las cuestiones propias sin que la discusión se viera mediatizada por la contienda nacional como había sucedido en los últimos tres lustros, que la decepción es aun mayor. No hay cuestión andaluza por dos motivos: porque la crisis y la corrupción lo anegan todo como esos ríos desmadrados que arramblan con todo cuanto está junto a sus cauces desbordados y porque el PSOE se ha empeñado en identificar su política con Andalucía durante los últimos 30 años machihembrando la una a la otra de modo que no se percibiera alternativa alguna a su modelo.

En cuanto el viento de la prosperidad ha dejado de soplar, el sistema político se ha parado en seco y los electores han percibido con nitidez que el partido gobernante se muestra incapaz de introducir las reformas que Andalucía necesita para volver a encarrilar su economía. El PSOE –esta es una característica de los regímenes, sea cual sea el sustrato ideológico nutricio– da la impresión de ser un partido petrificado, encastillado en una posición numantina que no le ayuda en absoluto a seducir al electorado.

El inmovilismo de Chaves y la impotencia de Griñán lo han conducido al presente callejón sin salida en el que los votantes lo identifican con el pasado mientras ven a su rival como la opción de futuro. Y eso es lo peor que le puede pasar a una organización política, porque implica que ya no es útil para la sociedad, que no va a dudar en deshacerse de esa pesada carga en la primera oportunidad que se le presente.

Con independencia de a quién se vota o qué ideas se defiende, todo el que tiene a mano a un periodista lo somete al mismo interrogatorio con ánimo exclusivo de remachar la certeza de un cambio de ciclo: «¿Van a ganar?». Pero lejos de expresar temor o preocupación, la pregunta busca una reafirmación asertiva. Se da por hecho que el PP va a salir triunfador y sólo se inquiere por el tamaño de la victoria.

Por eso sorprende todavía más la actitud del PSOE en una campaña que se presumía crucial para sus intereses. Los reiterados errores de Griñán no pueden tomarse como aislados episodios de empecinamiento individual en estrategias mal elegidas, sino como la constatación de que el capitán de la nave no está muy ducho con el gobernalle, desconoce el mejor aprovechamiento de los vientos y las corrientes marinas, se empeña en costear con grave riesgo de encallar y titubea en el gobierno de la tripulación. Así que el PSOE se encuentra en el momento más decisivo de su historia reciente con un aprendiz de capitán a los mandos del poderoso navío de línea que todavía es el PSOE.

Como al PP le conviene esa campaña de tono bajo y perfil menor, al final no hay nada que hacer. Ni promesas electorales, ni ofertas a los electores, ni debate presupuestario ni modelo de gestión del Leviatán autonómico, nada de nada. El PSOE ha planteado una campaña tan a la defensiva que, como le ocurre a esos equipos de fútbol temerosos ante el rival favorito, se le hace muy cuesta arriba pasar del medio del campo para proyectarse en ataque.

Con cuatro vídeos y una caterva de tuiteros no se ganan (todavía) las elecciones. A Griñán lo han dejado los suyos (empezando por los viejos amigos, que no quieren ni cruzarse por la calle con él) solo en la plaza para que la responsabilidad del desastre sea sólo suya. Ya ni siquiera intentan disimular que les parece un general atrabiliario e imprevisible, justo lo contrario que uno esperaría del último defensor de la otrora inexpugnable línea Maginot.

19/3/12

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Written by cardomaximo

20/03/2012 a 09:18

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