cardomaximo

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La vida es esas otras semanas

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SI VIVIÉRAMOS permanentemente de Ramos a Pascua, acabaríamos por aborrecer la Semana Santa. De hecho, ya lo intentan con singular empeño con tanta procesión extraordinaria y tanta convocatoria a destiempo. Así que toca bajar del Monte Tabor donde hemos asistido a la transfiguración de la ciudad y aplicarse cada uno en su afán. No es posible construir cabañas ni para Elías ni para Moisés ni para nosotros mismos, expulsados de ese paraíso temporal en que nos aislamos del mundo.

La Semana Santa nos procura una experiencia de alejamiento de la realidad que no es posible mantener por mucho tiempo, so pena de enloquecer y creernos que la representación es la vida misma por mucho que lo dijera el poeta. Arrullados en esa placenta cálida y confortable donde hemos crecido, todo nos es ajeno, llega mitigado como un sordo murmullo, un eco lejano y amortiguado de la barahúnda exterior.

Expulsados del claustro íntimo de la ciudad madrastra, la resurrección a la vida del Lunes de Pascua no puede ser más desconsoladora. Como el recién nacido arrancado del seno materno al que hacen llorar de un cachete para que se le llenen por primera vez los pulmones del aire que tendrá que seguir respirando sin remisión toda su vida.

La realidad nos abofetea con el copago sanitario, la reordenación autonómica, los abertzales queriendo imponer condiciones a su paz, el PSOE e IU ensayando la confrontación permanente con el Gobierno, los ministros contradiciéndose mientras desde el partido los desdicen y la penuria conquistando cotas cada vez más altas que creímos a salvo de la riada ruinosa. ¡Qué felices fuimos cuando nos preocupaba la probabilidad de chubascos débiles o asilados!, ¡qué bien lo pasamos cuando nos volcábamos ávidos por conocer si saldría una cofradía u otra!, ¡cuánto disfrutamos en esa tregua que le habíamos declarado de forma unilateral a la abstrusa realidad!

Ahora toca despertar de aquel sueño, porque el dinosaurio de la crisis aún está aquí. Y en esa semana que estuvimos fuera de nosotros mismos devoró no pocas expectativas como merienda. Nuestra burbuja ya se pinchó, ahora falta que también se deshaga la de tantos que sueñan con vivir al margen de la cruda realidad como si la crecida de la marea no hubiera acabado ya con el almacén, los establos y el silo y se acercara peligrosamente a la casa. No queda otra que hacerle frente y ponerse a salvo. Nuestras pequeñas cosas, nuestra semana, nuestro mundo ya decayeron.

10/4/12

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Written by cardomaximo

11/04/2012 a 09:25

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