cardomaximo

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¡Y en mayo! ¡Y en Sevilla!

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AHORA QUE LA concesión de honores de la ciudad recobra la sensatez que tanto se echaba en falta estos años atrás, estoy por pedir una medalla o una mención o una foto enmarcada con Zoido para el matrimonio Egaña (José Mari y Merche), alma del restaurante Oriza donde el Bar España, no por lo bien que se come –que también– y se ha venido comiendo en su establecimiento desde hace un cuarto de siglo, sino por las flores –a simple vista parecen pensamientos, aunque con las especialidades botánicas nunca se está seguro del todo– que alegran la terraza de la calle San Fernando y en la que uno cree advertir la mano de la dueña y ese gusto por los pequeños detalles cotidianos tan… vascos. Hagan la prueba: desde la glorieta de la Pasarela hasta la misma Plaza Nueva, las del restaurante Oriza son las únicas florecillas que se va a encontrar el paseante. ¡Y en mayo! ¡Y en Sevilla!

En toda la calle San Fernando, por la que ya no pasan las cigarreras porque están prejubiladas y que no inspiraría a ningún viajero romántico como no viniera a comerse bocadillitos de saldo o a hacer fotocopias cutres, no hay ningún mirador que lo adornen capullos. Hay que hacer una excepción con el número 35 de la calle, bien alto, donde cuelgan unas plantas, más que mustias, chuchurrías. Y ya sabemos de qué estamos hablando. El resto de los balconcillos, con herrajes buenos, regulares y del montón están yermos, eso sí muy limpios y muy lustrosos, pero sin pimpollos. Lo mismo que en toda la Avenida salvo que al columnista se le haya pasado alguna nota de color en la triste desnudez de las terrazas corporativas, donde no queda nadie –fueron los primeros en salir en el ERE de turno– que cuide de las plantas.

Así que el paseo peatonal por excelencia de Sevilla, que conduce al salón noble de la ciudad es tan deslucido como lo pueda ser…

–Alto ahí, porque entonces no ha contemplado usted qué bien lucen las ciudades del norte en cuanto florecen las jardineras. Ahora mismo, a 15 de mayo, es probable que haya más flores alegrando el día en el barrio de la Marina de Hondarribia que en Triana, ahí queda eso.

Y hay que darle la razón al entrometido porque hace tiempo que le dimos de lado a las flores (dónde habrán ido los geranios y las gitanillas) que nos proporcionaron fama además de tipismo. Incluso en los barrios populares se va perdiendo ese gusto por las cosas sencillas y los gestos amables como el de colorear la fachada con flores. Si ahora tuvieran que inventar el cartel del referéndum del 28-F, seguro que habrían desaparecido las macetas. Hasta en eso se nota nuestro declive: los cielos que perdimos y las flores que se mustiaron.

15/5/12

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Written by cardomaximo

16/05/2012 a 09:28

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