cardomaximo

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Cada uno en su castillo

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PRIMERA ESCENA. Un grupo de no más de doscientas personas se arremolina detrás de la carreta del simpecado de la hermandad de Sevilla Sur por el barrio del Porvenir. Este año, sin cohetes y sin caballerías. Apenas un todoterreno con una luz de gálibo anaranjada encabezando la marcha y una furgoneta y una barredora de Lipasam al trantrán cerrando la comitiva sin nada que hacer porque los romeros caminan presurosos y nadie se detiene a emporcar. El grupo va alegre y confiado, entonando sevillanas en las que sobresale una voz femenina haciendo la octava: «Chaparrones de mayo lavan los pinos y asientan las arenas de los caminos», aunque no hay rastro de nubes y el camino es puro asfalto. El boyero se enarca en la testuz de uno de los mansos para refrenar la yunta mientras el solitario guardia desvía el tráfico. Ni un cohetazo, ni un relincho, ni un bocinazo. La hermandad apenas se hace notar en su discurrir de puntillas.

SEGUNDA ESCENA. Tres concejales del equipo de gobierno municipal descienden por la zapata de la calle Betis para presentar a la prensa los murales cerámicos con que van a adornar la muralla para que se vea el nombre del barrio más característico de la ciudad desde Sevilla. Uno tras otro van pasando por un ambón instalado al efecto junto a la dársena para dar explicaciones sobre los tres retablos con los que el Ayuntamiento de Sevilla pretende ornamentar la fachada más conocida del antiguo arrabal. El delegado de Turismo, Gregorio Serrano, pronuncia las palabras  que los políticos suelen invocar antes de abrir la cartera del contribuyente para abonar la cuenta: «Triana aparecerá como merece en el río». Exactamente como 180.000 euros que va a costar la bromita.

 

TERCERA ESCENA. Una muchedumbre enardecida de estudiantes, universitarios, profesores y simples simpatizantes de la causa toma las calles en la manifestación contra los recortes en Educación. Hay quien lleva antorchas, quien pasa gritando consignas contra el ministro Wert, quien insulta a diestro menos a siniestro y quien exhibe pancartas. Un grupo de ultraderechistas pasa brazo en alto desafiante por la Plaza de España antes de que los policías se ganen el sueldo en evitación de incidentes que vayan más allá de los lindos piropos que se dedican. La manifestación es tan multitudinaria que decide dividirse para llegar al Parlamento, vacío y sordo en su mole imponente.

Cada uno a lo suyo, cada uno en su castillito propio para dominar el paisaje más inmediato. ¿Habrá algo que unir pueda las tres escenas en campo abierto?

23/5/12

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Written by cardomaximo

24/05/2012 a 09:35

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