cardomaximo

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La lucha contra el reloj

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RESULTA ADMIRABLE la confianza que los ciudadanos seguimos depositando en la elaboración de las leyes y las normas, aun a sabiendas de su inveterado incumplimiento posterior a la luz de la experiencia posterior a las Leyes de Burgos, por remontarse a una legislación tan trufada de buenas intenciones como ayuna de medidas coercitivas efectivas para quienes la burlaran. Quizá es que estamos sin saberlo conmemorando el quinto centenario de aquellas primeras disposiciones americanistas con monumentos administrativos de tan escaso fuste como la ordenanza de veladores que prepara el Ayuntamiento de Sevilla. No es por meterle el miedo en el cuerpo a nadie, pero a los inditos los putearon de lo lindo en América por muchas leyes que la Corona promulgara y las terrazas de los bares seguirán ocasionando molestias al vecindario aunque el Papa de Roma emita bula de excomunión.

Por resumir la cuestión, las asociaciones de vecinos y las de hosteleros defienden intereses contrapuestos mientras el equipo de gobierno municipal está en medio haciendo de equilibrista en la cuerda floja tratando de conciliar lo inconciliable. En vista de que incluso la conversación más sosegada o íntima requiere de un tono bastante elevado entre nosotros, todo se reduce a una cuestión de horarios. Exactamente, a partir de qué hora pueden los vecinos borrarse las huellas dactilares tecleando el teléfono de la Policía Local para denunciar el ruido insoportable que emana de la terraza de un bar sabiendo a ciencia cierta que ningún agente acabará apareciendo para comprobarlo.

A los vecinos que sufren las incomodidades de las risotadas, el entrechocar de vasos y las estridencias propias de estados de euforia colectivos, la hora bruja de la medianoche les parece ya un exceso, cuanto más la una de la madrugada a la que se quiere rebajar la autorización de uso de la vía pública desde las dos de la madrugada vigente. Pero a los bares y restaurantes, con sus empleados mileuristas como argumento de peso, tales restricciones les suenan descabelladas.

Al final, lo que se vislumbra es una lucha contra el reloj no de los que tienen derecho al descanso ni de los que eligen diversión hasta altas horas, sino de todos en general. Mientras los horarios laborales y de ocio sean tan disparatados como los que sufrimos ahora, no habrá forma de hallar un punto medio de cordura y sensatez.

En fin, remato aquí esta argumentación, que me están esperando para cenar… a partir de las once de la noche. Pobrecito del que viva encima como nos pongan fuera…

30/5/12

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Written by cardomaximo

31/05/2012 a 09:44

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