cardomaximo

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Aquel chavalillo esmorecido

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QUE LA CIUDAD homenajee, como sin duda se merecía, a aquel niño feúcho nacido hace 70 años en Bellavista que llegaba a Heliópolis bien de mañana esmorecido en el pescante de una carreta de reparto de leche de la vaquería de su padre –un jándalo cabal del que nadie pudo jamás decir una mala palabra– habría llenado de gozo a aquella generación que veía en Felipe González la encarnación de los propios sueños (de prosperidad, de paz, de libertad, de democracia…) en la generación de sus hijos. Aquella gente para la que un apretón de manos era garantía más que sobrada y que entendía la honradez como un valor supremo del que no se podía prescindir a conveniencia.  Aquellos sevillanos, se me viene a la mente ahora mi propio suegro, que entendían de política lo justo para admirar en Felipe González al hombre hecho a sí mismo que había honrado a su familia aprovechando la oportunidad de estudiar y hacerse un hombre de provecho volcado en ayudar a los demás desde el compromiso político. Era a ellos a quien la ciudad agasajó el día de San Fernando considerando a Felipe González como su Hijo Predilecto.

Me gustaría pensar que, en realidad, antes que al presidente del Gobierno más longevo de la democracia, al líder carismático del socialismo patrio, al máximo responsable del Ejecutivo que auspició la celebración de la Exposición Universal en la isla de la Cartuja, al hombre de Estado que devolvió España a su sitio en Europa, al político hábil y con visión de futuro que supo forjar su destino sabiendo esperar su oportunidad, el título que el alcalde Zoido le otorgó en el teatro Lope de Vega premiaba la trayectoria personal de aquel chavalillo negrucio de piel al que su padre apremiaba a abrirse paso en la vida emulando a aquellos coetáneos de apellidos compuestos nacidos en cunas más altas.

Prefiero quedarme con ese González adolescente al que aguardaba una biografía de superación hasta las cimas más altas del gobierno nacional en aquella ciudad oscura y provinciana en la que la política –como expresión de los negocios– quedaba reservada a los linajes tradicionales, antes que con este político retirado, de vuelta de todo, amigo de los potentados y visionario de los nuevos tiempos que se traicionó a sí mismo destrozando los ideales de tanta gente que creyó de buena fe en su mensaje.

Probablemente, ni Felipe se acuerde ya de quien fue. En su discurso del Lope de Vega lo dejó dicho: «La vida, lo que se es, se es a los veinte años y ya no se cambia mucho». Aunque él haya cambiado tanto que resulta irreconocible en aquel chavalillo aterido junto al cochero…

31/5/12

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Written by cardomaximo

01/06/2012 a 09:53

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