cardomaximo

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Regenerarse o morir

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El indudable éxito de la presentación en sociedad del foro Al Andalus el pasado jueves en el Alcázar no proviene de la gozosa resurrección de la Orquesta Bética de Cámara dirigida por Michael Thomas, sino en la feliz apelación a la recuperación de valores de índole moral en la presente y gravísima crisis que nos aflige. Volver a poner en circulación la idea de la imprescindible regeneración moral en las actuales circunstancias es un hito que hay que agradecerle, como es debido, a los promotores de la iniciativa.

El hecho de que entre ellos no haya ningún político en activo –aunque sí quienes han tenido responsabilidades importantes con anterioridad- es una garantía de que ese aldabonazo puede resonar más fuerte y calar más hondo en una ciudadanía que asiste atónita a una sucesión de escándalos y comportamientos que deberían quedar proscritos para siempre en la vida pública.

A la postre, la acción política en una sociedad democrática no es más que la expresión de la catadura moral de los integrantes del cuerpo social tomados en su individualidad. Uno a uno, consentirán, dejarán pasar o se sublevarán en la vida política con todo aquello que consideren susceptible de consentir, dejar pasar o contra lo que tienen que sublevarse en su vida cotidiana, cuando se desenvuelven a diario en sus relaciones personales, familiares o profesionales. Los políticos que nos gobiernan –y que aguardan turno en la oposición- no son tan diferentes de nosotros mismos. Por eso la apelación al regeneracionismo moral es una llamada individual a la, si se permite la expresión trufada de matices religiosos, la conversión personal.

Lo decía Joaquín Costa, padre del regeneracionismo político, hace más de un siglo en su obra más conocida, Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España: “Se da por supuesto que las leyes son garantía del derecho, y ahí está, el error: la garantía del derecho no está en la ley, como la ley no tenga asiento y raíz en la conciencia de los que han de guardarla y cumplirla.”

Es ahí donde radican nuestros problemas como ciudad, en la falta de coerción social –ejercida mediante el peso de la conciencia individual, antes que por unas leyes que cualquiera aprende a burlar en cuanto se lo propone- para erradicar, sancionar o condenar comportamientos y abusos que pasan ante nuestros ojos a diario y a los que, a la fuerza ahorcan, hemos llegado a acostumbrarnos como un elemento más del paisaje. Hay un finísimo hilo que conecta el bajo nivel de exigencia a quienes nos gobiernan con el acto de dejar la basura fuera del contenedor sin tener conciencia de que se está haciendo algo malo.

Regenerar es lo contrario de lo que se ha estado haciendo hasta ahora, presidida la acción de gobierno por la ocultación y la mentira. El jardinero que descubre la mala yerba enredada en un seto sabe que tiene que arrancarla cuanto antes de cuajo y, si eso no es posible porque está muy intrincada con las ramas del arbusto, tiene muy presente que se impone una poda de desbroce antes de atacar la raíz del problema. Pero de ningún modo se dedica a regar y a abonar cada vez en mayor cantidad el seto echado a perder en la confianza de que las nuevas hojas tapen a la yerba mala.

Es ahí donde actúa la poderosa llamada de atención del Foro Al Andalus a las élites de Sevilla para que lideren este proceso de regeneración moral al que ellos valientemente han dado nombre. Son los individuos de las clases intelectualmente más preparadas, económicamente más desahogadas y políticamente más concienciadas las que tienen que recuperar el terreno perdido con su ejemplo diario.

Y ya es ejemplar que personalidades tan dispares, con pensamientos tan diversos y trayectorias vitales tan divergentes se hayan puesto de acuerdo en alumbrar el manifiesto fundacional del grupo. Como significativo es que la puesta de largo haya sido con un concierto de música clásica para alimento del espíritu, en vez de con la presentación de un logotipo y la inauguración de una oficina con cargo a una subvención de dinero público. Son esos pequeños cambios los que nos pueden hacer avanzar.

Leyendo la siguiente frase comprenderán por qué: “Las oligarquías que han detentado y usufructuado el poder en los últimos treinta años carecen de aptitud y de autoridad moral para iniciar, impulsar y presidir esa revolución, siendo por ello precisa condición de vida que se desvincule la gobernación, que se jubile a la feudalidad reinante y se la sustituya por una generación nueva de políticos no gastada ni fracasada, no complicada en la decadencia y caída de la nación”. No es actual: la escribió Joaquín Costa hace más de un siglo. Y ahí seguimos.

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Written by cardomaximo

05/06/2012 a 09:39

2 comentarios

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  1. […] Visto en el blog de Javier Rubio (Regenerarse o morir). […]

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  2. Olé: Había olvidado lo bueno que es ese libro. Me lo recomendó, allá por el pleistoceno, cuando estaba en la Universidad, un paisano suyo de Monzón.

    http://luisrull.es/2012/06/05/oligarquias-actualidad-y-joaquin-costa-modernizar-no-es-tener-un-iphone/

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    Luis Rull

    05/06/2012 at 10:09


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