cardomaximo

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El violín de Mozart

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ÁNGEL LO HA visto todo del turismo en Sevilla. Para eso ha sido guía de grupos hasta que se jubiló con edad suficiente como para emplear en su discurso la palabra “chipilín” que un servidor no escuchaba desde su más tierna infancia en boca de una vecina que ya entonces estaba retirada. Lo ha visto todo, pero todavía le queda. Exactamente, está por ver que les pongan los pañales a los caballos de los coches de punto y está por ver todavía que coloquen el azulejo de cerámica en la zapata de la calle Betis.

Mi amigo elude la polémica porque lo que a él le chirría de verdad es esa fachada celeste que pintaron en la calle Betis sin que nadie pusiera el grito en el cielo. “Esos no son los colores tradicionales de Sevilla”, proclama desde su púlpito de viajero incansable y pone del revés su argumento con la protesta ciudadana que desató en Cádiz la pretensión municipal de establecer un código de colores para las fachadas del Campo del Sur, esa suerte de hermano pequeño del malecón habanero.

Propone, completamente en serio, costearle un viaje a Zoido para que se placee por Módena, Bolonia o Florencia –que él nombra, por deformación, en italiano: Firenze- y vea lo que es cuidar de ciudades monumentales sin tocar un ladrillo ni cometer las tropelías cotidianas que  advierte a poco que pasee por la ciudad. Como el tenderete bajo el “balcón más hermoso” de Sevilla en la plaza de Alfaro o las camisetas y las postales que los dependientes sacan a la calle prácticamente en todas las calles del barrio de Santa Cruz: una costumbre “typical spanish” que le desagrada por la forma en que achabacana la ciudad. Por ahí no pasa.

Por los alemanes, tampoco. Sostiene que los turistas germanos son como suegras quisquillosas y que por eso dejó de guiarlos por Sevilla. Cuando lo hacía, tenía parada obligada en la estatua de Mozart de Rolando Campos, que a él le parece tan desdichada como la vida del genio, siempre mudándola de sitio y sufriendo a los vándalos que llegaron a robarle el violín.

Sin pretenderlo, Ángel me da la metáfora perfecta del rescate europeo: los alemanes y sus socios nos imponen la partitura aunque nos dejan seguir interpretándola al violín. La intervención, en el fondo, no es más que también nos quiten el instrumento y tengamos que bailar al son que nos toquen.

13/6/12

 

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Written by cardomaximo

14/06/2012 a 10:20

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