cardomaximo

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El estado de la ciudad

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El Ayuntamiento de Sevilla celebró el viernes un pleno monográfico para debatir sobre el estado de la ciudad. Pero lo de menos fue, como era de esperar, el estado de la ciudad. La oposición se entretuvo en afearle a Juan Ignacio Zoido la acumulación de cargos y el alcalde se salió por la tangente con un programa de cinco puntos con todo lo que ha dejado por hacer en el año en que lleva gobernando Sevilla: desde una base de datos con las filiaciones de los ‘gorrillas’ para saber cuántas multas impaga cada uno hasta un plan de empleo juvenil –es de temer que perfeccionando el clientelismo barato puesto en marcha con los talleres de distrito- con el que aparentar que el consistorio puede hacer algo para remediar la crisis económica y sus efectos.

Es el problema de dejar hablar a los políticos, que huyen de los adjetivos y se empeñan en construir oraciones de sustantivo larguísimas para disimular el verdadero diagnóstico de los problemas de la ciudad que deberían dar con cinco o seis palabras a lo sumo. El grupo del PP ha considerado el recién estrenado debate sobre el estado de la ciudad como un mérito de su gestión que increíblemente no había tenido lugar en treinta años de ayuntamientos democráticos. Tan orgullosos están de su criatura recién alumbrada que amenazan con exportar la fórmula a las juntas de distrito. ¿Cuándo nos dejarán en paz?

El verdadero estado de la ciudad lo acertaba a definir Anselmo Valdés -un tipo quijotesco que se plantea recuperar el espíritu ilustrado del Ateneo, figúrense- en la entrevista del domingo en estas mismas páginas. A la pregunta del entrevistador Juan Miguel Vega sobre cómo veía a Sevilla, Valdés respondía con tres sintagmas demoledores: “Aburrida, falta de ideas, con exceso de sevillanismo”. No hay mejor síntesis de lo que nos está pasando. Y los políticos, si supieran entender lo que les ha dicho el Defensor del Pueblo Andaluz, se preocuparían no de combatir los efectos de esos sentimientos, sino de cambiar el estado de ánimo que dejan traslucir.

En efecto, la palabra que mejor define el momento actual de la ciudad es aburrimiento. Porque ahí está resumido el continuismo con políticas que los sevillanos querrían ver desterradas, la desazón por lo que empieza a intuirse como una oportunidad perdida, la desconfianza en las promesas gastadas de tanto repetirse, el hastío con las situaciones heredadas a las que no hay forma de darles la vuelta y el cansancio motivado por la propia duración de la crisis económica.

Y claro que faltan ideas. Falta, para empezar, el arrojo para darle la vuelta a las cosas, para romper inercias y desatar cambios estructurales que liberen de las ataduras a las fuerzas creativas que podrían reconducir la situación. En esa carencia de ideas realmente novedosas está incluida la aversión a asumir riesgos significativos, el rechazo a ensayar nuevas fórmulas por miedo a perder el terreno conquistado y la ausencia de un norte que guíe toda la acción de gobierno y a cuya consecución se supediten todos los esfuerzos.

Por no hablar del exceso de sevillanismo, esa ensoñación del pretérito idealizado en que se consumen las energías de la ciudad. El anuncio de que la hermandad del Rocío de Triana se hará acreedora a la medalla de la ciudad el año 2013 en que se cumple el bicentenario de su fundación puede llenar de regocijo a muchas personas, pero también hay que admitir que a la mayoría le asombra tanta anticipación para un acto tan gratuito como el del reconocimiento a los sevillanos distinguidos. Siendo benévolos, el cuarto de hora que nuestras autoridades habrán dedicado a ponderar los méritos de esa hermandad mariana los habrá distraído de ocupaciones más productivas y beneficiosas para la ciudad.

El aprecio por la identidad propia y sus manifestaciones más señeras no debería eclipsar la necesidad de encontrar un sitio al sol del nuevo mapa de ciudades que cuentan en el mundo. Hay tantas cosas en las que otras urbes nos llevan ventaja, que el consuelo de las tradiciones sólo puede llevar a la nostalgia estéril. Tal vez por ahí habría que comenzar el verdadero diagnóstico del estado de la ciudad: por asumir la dura realidad de una ciudad aburrida de sí misma.

25/6/12

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Written by cardomaximo

26/06/2012 a 09:41

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