cardomaximo

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Metáforas inservibles

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LOS PERIODISTAS nos pirramos por el deporte porque ofrece una panoplia de metáforas imposibles de conjugar en la aburrida vida cotidiana con sus primas de riesgo, sus reestructuraciones de deuda, sus Dívar y sus puñetas. El deporte ofrece, en cambio, una pradera virgen en la que plantar imágenes y símbolos alrededor de valores, conductas y actitudes de los que estamos ayunos. El deporte, ese sustituto civilizado de la contienda, considerado como la celebración de la vida: un altar en el que entronizamos la juventud, el vigor y los límites del cuerpo humano.

Por eso, la muerte del futbolista Miki Roqué a los 23 años dispara la imaginación de los periodistas –y sus émulos en las redes sociales- para proveer metáforas, la mayoría más que manidas. Goles definitivos, partidos decisivos, prórrogas al límite, defensas cerradas, contraataques envenenados y toda suerte de expresiones con las que mitigar la pena que causa conocer que alguien en la plenitud de la vida ha fallecido.

Porque no nos ha dejado, ni se ha ido, como quieren hacernos creer con ese eufemismo tan bienintencionado como bobalicón. Conviene decirlo con todas las letras, con las mismas con las que él habló del cáncer que padecía, esa terrible lección que nos dio el 5 de marzo de 2011: Miki Roqué ha muerto. Y no ha sido un accidente, ni algo imprevisible o repentino, sino una enfermedad de la que todavía no tenemos ni puñetera idea. Vaya contradicción.

Hay centenares de Miki Roqué a nuestro alrededor. Aunque no sepamos sus nombres, aunque sus vidas no hayan salido del anonimato, ni hayan debutado en la Champions con el Liverpool, ni sean futbolistas del Betis cuyo nombre corea rendida la hinchada. Centenares de jóvenes y niños que mueren de cáncer cada año sin que tengamos una metáfora oportunista con que despedirlos, sin que podamos elevarlos a la categoría de mitos de consumo masivo.

El deporte es una celebración de la vida y los deportistas son sus ministros, pero ni ellos –rebosantes de salud y de energía- están exentos de pagar el tributo que a todos se nos exige por venir al mundo. Qué mayor lección queremos que aprendan nuestros jóvenes: las metáforas, por muy rebuscadas que las logremos, poco pueden contra la enfermedad. Ojalá se aprendieran la alineación de los que, no muy lejos del Benito Villamarín,  le disputan cada día una eliminatoria al cáncer.

26/6/12

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Written by cardomaximo

27/06/2012 a 09:52

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