cardomaximo

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Ya está aquí el verano

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EL VERANO no entra hasta que no hace calor. Y calor, lo que se dice calor, no hace hasta que el mercurio trepa por encima de los cuarenta grados: exactamente, a las 16 horas del martes 26 en la estación meteorológica del aeropuerto. Lo demás será agradable sensación térmica, pero no es calor.

Qué alegría, de verdad. Este año, el calor se ha hecho de rogar, que otras veces por San Antonio ya nos hemos enterado de quién manda aquí y no como ahora, que estamos ya casi más cerca de San Pedro que de San Juan de la Palma cuando nos ha sorprendido eso que los meteorólogos llaman una gran masa de aire cálido y seco de componente anticiclónico. O sea, calor.

De un tiempo a esta parte, el calor tiene mala fama y peor prensa, que están las radios y las televisiones todo el santo día recordándole al personal lo obvio: salga con la fresquita, busque la sombra y beba cuando tenga sed. Hubo años de abundancia en los que el Gobierno, a falta de enemigos de fuste como son ahora las agencias de calificación, los dichosos mercados y la puñetera prima de riesgo, le declaraba la guerra al calor. Como si nunca hubiera hecho calor, como si no supiéramos, de generación en generación, convivir con él.

Naturalmente, el Gobierno siempre perdía la batalla, pero en pertrecho de vídeos, municionamiento de folletos y salvas de anuncios publicitarios se iba lo que no tenemos. ¿Va a hacer este año menos calor? No, lo que hay es menos dinero. Y el calor puede inaugurar así su reinado sin que ningún ministerio lo moleste exhibiendo más títulos que la casa de Medinaceli: virrey de las noches de insomnio, barón de sudores, marqués de la solanera y príncipe del astro rey.

A este calor de junio, en sazón, se le recibe como a un amigo que hubiera estado de viaje por los desiertos y por el hemisferio austral que vuelve para instalarse una temporadita entre nosotros. Se toma su tiempo en contar las peripecias del año y distrae mucho en las conversaciones de ascensor.

Cuando llegue septiembre y todavía ande por aquí, saldrá un buen día del armario meteorológico para travestirse como esas visitas antiguas que traían dulces para merendar y a las que acababan poniéndole la cena por delante porque no encontraban momento de irse, qué pesaditas. O sea, la calor. Por ahora, disfrutemos del viejo amigo con que nos hemos reencontrado: ¡los cuarenta grados, qué felicidad!

27/6/12

Written by cardomaximo

28/06/2012 a 10:00

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