cardomaximo

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Sevilla y el hándicap de la política

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Resulta curioso que se vaya a dar el mismo movimiento –aunque de signo inverso- en la cúpula directiva de los dos principales partidos de Andalucía con apenas una semana de diferencia. En el 70% del PSOE de Griñán, la sevillana Susana Díaz ha dejado el cargo de número dos en la ejecutiva regional para aspirar a dirigir el partido en Sevilla mientras en el nuevo/viejo PP de Zoido, el presidente del partido en la provincia, el sevillano José Luis Sanz, a la sazón alcalde de Tomares, se dispone a abandonar el cargo orgánico para convertirse en el número dos de la dirección regional. Ironías del destino.

Lo que ya no resulta nada curioso es que la sola presencia de políticos sevillanos (como le sucedía a Díaz y le sucederá a J. L. Sanz) en el puente de mando de sus respectivas formaciones despierte los recelos y avive las tensiones interprovinciales en una escala que, antes de afianzarse el Estado autonómico, era insospechada. Resulta que ser sevillano se ha convertido en un obstáculo sobre el que hay que saltar para hacerse valer en la política, como en otros tantos campos de la actividad profesional.

Treinta años después de comenzar a edificar la autonomía andaluza, también eso hay que apuntarlo en la columna del debe y no en la del haber. Tres décadas de Junta de Andalucía no han dado de sí lo suficiente como para erradicar la sensación creciente en el resto de las provincias andaluzas de que la política autonómica apenas trasciende la escala sevillana.

Tampoco ayuda la insuficiente vertebración informativa de la comunidad, incapaz de alumbrar un proyecto regional digno de tal nombre más allá de una colección de cabeceras locales enfocadas a sus respectivos mercados provinciales y el gran mastodonte de la radiotelevisión pública, temeroso de pronunciar el gentilicio sevillano hasta en las transmisiones de fútbol.

 

Exactamente igual que los partidos políticos. Se ha visto con meridiana claridad en el congreso del PSOE recién clausurado y volverá a verse en el del PP a finales de la presente semana: lo que llamamos política andaluza no es más que una suma de intereses provinciales fuertemente enfeudados en torno al objetivo de arrancar la máxima cuota de poder –primero orgánico, luego institucional- para su territorio. Descorazonador, por supuesto.

El PSOE de Manuel Chaves estaba mucho más en calma que el de Griñán, sencillamente por la capacidad del ex secretario general para hacer funambulismo entre las elites socialistas de cada provincia.

El caciquismo de nuevo cuño es el de las direcciones provinciales de los partidos políticos, conjuradas para arrancar del poder central -constituido por delegación de ellas mismas, lo cual es aun más chocante- el abanico más amplio de concesiones. En esta política a ras de suelo, se tiene todavía la impresión de que el político primará, por encima de las ideas por las que milita en una u otra organización política, la defensa de su terruño y de los paisanos. Reducido al extremo, la imagen resulta grotesca y absurda.

Sólo a los políticos sevillanos se les exige que aparquen sus reivindicaciones a un lado, como si la provincia no diera para escribir su memorial de agravios, y se centren en lo regional. Cualquier político que aterrice en Sevilla para desempeñar cualquier puesto de responsabilidad, será examinado como sospechoso de acabar asimilado al ‘establishment’ sevillano olvidándose de sus paisanos. Tal es nuestra tragedia.

No se trata del elemental y necesario escrutinio de su trabajo por parte de los electores de su circunscripción, sino de una corrupción democrática que lleva el debate de las ideas al pie del campanario desde el que los políticos locales se vociferan unos a otros exigiéndose, por lo general, la ejecución de obras concretas como plasmación tangible y mensurable de su influencia.

Es tanta la tradición que esta forma de hacer política tiene entre nosotros –pasando por encima de regímenes, ideologías y gobernantes- que el tiempo nuevo que inauguró el autogobierno andaluz ha sido incapaz de erradicarla. Antes bien, la ha perfeccionado hasta su perversión actual como estamos viendo estos días dentro del PP y del PSOE. Sevilla se ha convertido en un hándicap para la política. Como para tantas cosas.

9/7/12

 

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Written by cardomaximo

10/07/2012 a 09:45

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