cardomaximo

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Justicia poética en un cardo

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ARAHAL INFORMACIÓN

ARAHAL INFORMACIÓN

ANTONIA BRENES García lleva trece días plantada ante la puerta de la sucursal de Cajasol en Arahal armada con un cardo borriquero –que por allí llaman morra- y un cartel escueto en el que se lee: “Quiero mi dinero”. Nadie le había echado más cuenta de la conmiseración que, en los limpios de corazón, inspiran los locos, los inválidos y los mendigos. Ese tipo de gente que crece, como las violetas, al borde del camino sin que nadie repare en ella ni para lo bueno ni para lo malo.

Cada mañana, la vecina de Arahal se iba a la puerta de la oficina que antes fue de la Caja San Fernando sin meterse con nadie ni dar una voz más alta que otra. Sólo con su cartelito y su cardo, que entregaba puntual al director de la sucursal cuando éste salía de trabajar. El empleado, cortésmente, lo recogía para guardarlo.

Así una docena de días hasta que una periodista de raza, Carmen González, contó su caso en “Arahal información” y el gesto aislado, el grito sordo, se convirtió en un estallido de rabia con más afectados acudiendo a las puertas de la oficina a reclamar su dinero.

Con su protesta, Antonia Brenes quería llamar la atención sobre el engaño de las participaciones preferentes de las cajas de ahorros, acaso el episodio más desvergonzado y rastrero –y mira que llevamos visto- de la crisis financiera: la colocación de valores negociables en el mercado secundario de las cajas mangoneadas por los políticos a pequeños ahorradores sin capacidad para calibrar el riesgo que asumían.

Antonia Brenes suscribió 12.000 euros de “los ahorros de toda una vida” en esas preferentes a las que ahora Bruselas ha condenado a soportar pérdidas en una cuantía por determinar en las cajas de ahorro nacionalizadas. Ella, como tantos otros, se resiste a perder un bocado importante de su inversión por culpa de los avispados que se las metieron por los ojos como un producto financiero similar a la imposición a plazo fijo.

En esa morra del campo que cada día entrega al director de la sucursal hay más justicia poética –y poesía, también, qué caramba- que en todos los decretos y los memorandos para reflotar nuestra economía: “Quiero que reciba espinas porque es lo que merecen”. Espinas con las que se pinchan a diario miles de personas como Antonia sin guantes con los que tronchar el cardo mariano –es su otro nombre, lo juro- que sólo los burros aprecian como manjar.

12/7/12

Written by cardomaximo

13/07/2012 at 09:45