cardomaximo

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Ciudades olímpicas, autonomías de cine

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LA CRISIS o los recortes han hecho que La 2 de Televisión Española desempolve durante las últimas semanas las películas oficiales de los Juegos Olímpicos, que pudieron verse en Sevilla en un ciclo cuando el festival de cine estaba consagrado al deporte. La verdad es que esa revisión de cintas cinematográficas es lo más cerca que hemos estado de unos Juegos. Eso, y la glorieta al final de Torneo.

Que un servidor haya visto, los tres últimos domingos se han emitido los resúmenes correspondientes a México 68 (el Black Power, Bob Beamon y Fosbury acabando con el rodillo ventral), Los Ángeles 84 (Alí portando la antorcha, Carl Lewis, el astronauta sobre el estadio) y Barcelona 92, de cuya inauguración se cumple hoy una cifra tan redonda como veinte años.

La película tiene como hilo conductor el agotador maratón desde Mataró hasta la montaña de Montjuïc. Pero se detiene en momentos que suelen pasar inadvertidos para el gran público como el pique del haltera ‘gallito’ (por el peso) búlgaro Ivanov con el chino Lin.

La cinta refresca muchas otras cosas que habíamos olvidado. Verbigracia, el ‘rush’ final del blanco alemán Dieter Baumann en la final del 5.000 dejando a los africanos con un palmo de narices. O el modelito que lucía Patrick Sjöberg en la final de salto de altura: todos los que ven horrorosos los uniformes olímpicos de los españoles, deberían recordar el mono que llevaba el sueco. Aun así, fue medalla de plata por detrás de Sotomayor.

Y el remolino de banderas con que los deportistas españoles celebraban sus éxitos. Literalmente, les faltaban manos para enarbolar tantos pabellones, así que Fermín Cacho optó por coserse una con la de su pueblo (Ágreda) y la de su provincia (Soria) para saludar su éxito en el 1.500 en una mano mientras en la otra ondeaba la de España.

Quizá ahí, en esa amalgama de patrias chicas que cada cual tenía que exhibir so pena de ganarse la bronca en su terruño respectivo, estaban larvados muchos de los problemas que ahora nos aquejan como país. Larvados porque no pasaban de ser un gesto gratuito sin coste alguno.

El último título de crédito –mientras suena la rumba ‘Barcelona es poderosa’ de Peret- lo deja bien claro:  “Película subvencionada por el Ministerio de Cultura”.   ¿Imaginan la de organismos, agencias y empresas públicas autonómicas que hubieran participado de haberse rodado veinte años después?

 

 

25/7/12

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Written by cardomaximo

26/07/2012 a 10:00

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