cardomaximo

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El gran silencio

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El gran silencio (8/10/15)

IMÁGEN DE "EL GRAN SILENCIO" (PHILLIP GRÖNING, 2005)

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Written by cardomaximo

12/12/2015 at 13:59

La plusmarca más cara

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14/09/2014 at 10:49

Olímpica ruina

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Written by cardomaximo

24/04/2013 at 18:17

Braceando contra el pasado

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Estamos atrapados por nuestro pasado. Todo cuanto hacemos busca básicamente cómo zafarnos del abrazo atosigante de un pretérito del que no hay forma de huir. Porque siempre nos da alcance y vuelve para hacerse presente en el momento más inoportuno. Sevilla sabe mucho de esto. La terrible paradoja es que no hayamos aprendido todavía a salirle al paso y atajar ese suplicio en el que nos dejamos la vida sin saber cómo evitarlo.

Si se examinan los acontecimientos de la semana pasada en la ciudad se observa de forma mucho más nítida este defecto –porque hay que aclarar que en absoluto puede considerarse una virtud dejar que las cosas sigan su curso ignorando sus efectos- en cuatro asuntos de capital importancia que han vuelto al primer plano de la actualidad sin haberse ido nunca del todo. El rescate europeo a la banca española debería servir de enseñanza para escarmentar: todo lo que se aparca sin solución acaba por aflorar como un problema al cabo del tiempo. Sólo es cuestión de dejar transcurrir el periodo suficiente para que las situaciones se pudran para comprobar sus efectos.

Cuando la Universidad de Sevilla se emperró –el verbo será coloquial, pero muy preciso para definir lo que ocurrió- en levantar una biblioteca central con diseño de algún representante del ‘star system’ de la arquitectura internacional en el Prado de San Sebastián, enseguida se topó –aplíquese lo dicho en la anterior acotación- con la oposición de unos vecinos que le advirtieron de la irregularidad en que incurriría. Pero nadie les hizo caso.

Conforme el grupo de quijotescos denunciantes iba ganando batallas en los tribunales, la Universidad seguía aferrándose a una hipotética solución que le ahorraría el dinero y el oprobio de tener que derribar lo ya construido. Hasta que el Tribunal Supremo ha mandado demolerlo todo. Fin del trayecto. Todo lo que podía torcerse en el camino proyectado para construir ese hito asumiendo tantos riesgos, se ha torcido.

También pensaban algunos que la Unesco nunca tendría en cuenta las quejas de otro quijotesco grupo de opositores al rascacielos de la isla de la Cartuja cuando advirtieron del impacto paisajístico en el conjunto monumental que es Patrimonio de la Humanidad. Sólo ha tenido que pasar el tiempo necesario para advertir que la agencia de la ONU va en serio con sus amenazas y tiene previsto considerar si pone a Sevilla en la sala de infecciosos de los monumentos en riesgo antes de desahuciarnos de su club particular.

La peor hipótesis

Otra vez los cálculos iniciales fallidos, de nuevo la confianza ciega en suposiciones que la realidad demuestra infundadas. Otro ejemplo: el dragado del Guadalquivir, traído de nuevo a escena por el flamante presidente de la Confederación Empresarial Sevillana, Miguel Rus. Hubo quien advirtió, como quijotes luchando contra los molinos, que un dragado de profundidad comprometía gravemente la supervivencia del estuario del río y que la nueva esclusa debería supeditarse a esta actuación. Idéntico desprecio a las observaciones de que algo podría salir mal, parecido desdén con el manojo de cabos sueltos de la operación y, por todo ello, similar atolladero al ver cómo se derrumbaba la mejor de las hipótesis y tomaba cuerpo la peor imaginable.

Quizá todo se explique por nuestra proverbial aversión al acuerdo, al entendimiento sacrificando posiciones propias. Estos días, la prensa internacional nos ha atizado con el estereotipo del orgullo patrio, la caricatura del hidalgo que nos impide dar el brazo a torcer aun a costa de perderlo. Las propias administraciones públicas, que deberían buscar siempre el pacto por encima de cualquier otra cosa, son tan aficionadas a pleitear como los ciudadanos.

Si Patrimonio del Estado y el Ayuntamiento hubieran antepuesto el interés de la ciudad y la necesidad de despejar incógnitas, no se habrían embarcado en un litigio por la edificabilidad en las parcelas de aprovechamiento lucrativo del antiguo cauce de Los Gordales. Al cabo del tiempo, la ciudad puede exhibir con orgullo que los jueces le han dado la razón. Aunque se le haya cerrado la oportunidad de desarrollar esos suelos porque ahora no hay dinero. Pero más vale honra que barcos, ¿no era eso?

 

Con ustedes, el taxitrén

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HAY QUE reconocerle al ministro García Margallo el extraordinario hallazgo semántico que ha supuesto su referencia al aeródromo de Castellón como el primer aeropuerto peatonal del mundo. Los compañeros de ‘El correo de Andalucía’ han abierto brecha entre nosotros con lo de la “estación fantasma” para calificar el apeadero de la Cartuja al mes de inaugurarse la línea férrea de cercanías que da servicio a los andenes construidos para la Expo92. Por seguir la trayectoria, uno en su modesta participación, quiere proponer el término taxitrén para denominar aquellos trayectos que nos saldrían más baratos si en vez de poner un tren les pagáramos un taxi a los usuarios. La C2 de Cercanías de Sevilla va camino de eso.

El balance del primer mes en funcionamiento es decepcionante: 13.600 viajeros en total, lo que hace una media de 441 pasajeros al día y un promedio de 15 usuarios por trayecto. Con mejores datos que esos cerró Felipe González las llamadas líneas deficitarias a mediados de los 80 sin que se moviera un varal argumentando que traía más cuenta mover a los pasajeros por carretera que en tren. Apliquen el razonamiento al taxitrén de la Cartuja y verán que sale más rentable compartir taxi pagado a escote por el contribuyente (por poco más del precio de cuatro billetes de 1,40 del tren se paga una carrera de Santa Justa a la Cartuja) antes que hacer rodar un convoy por sentido cada hora por una doble vía en la que hemos invertido 52 millones.

Como estamos en la semana preExpo y mis amigos que trabajaron allí andan muy suspicaces con lo que se escribe, no diremos que el pecado original fue hacer el alarde de una terminal del AVE al borde mismo de la muestra universal. El ‘tío de las previsiones’ calculó una afluencia de 15.000 viajeros al día que, veinte años después, no ha logrado la línea ferroviaria sustituta ni en su primer mes de funcionamiento.

De aquel capricho se derivó después el abandono de una inversión nada productiva, las críticas de los periodistas –sí, padre, me acuso: más de una vez y hasta con vídeo-, los lamentos de los empresarios, la diatriba política y el compromiso electoralista de Fomento.

Cartuja93 no cesaba de pedir lanzaderas a Tussam para atender la demanda. Menos mal que el Ayuntamiento hizo como el que oye llover y no atendió las súplicas. Con los pasajeros que usan la línea, lo más barato hubiera sido poner una parada de taxis. Si a un tranvía le llamaron metrocentro, ¿por qué no iban a llamarle al invento taxitrén?

Written by cardomaximo

14/04/2012 at 10:48

Anish Kapoor, el lujo que Sevilla despreció

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El emblema de Londres 2012, los Juegos Olímpicos en la capital británica, será una escultura del artista hindú Anish Kapoor. El libro de los gustos, en efecto, está en blanco, pero no el del prestigio y la reputación artística. Y en este otro volumen, Kapoor ha ido construyendo un sólido respeto de la crítica por obras tales como la Puerta de las Nubes del parque del Milenio de Chicago, conocida popularmente como ‘la habichuela’. Sevilla también podría estar en el exclusivo catálogo de ciudades que cuentan con una escultura pública del artista, que construyó con David Connor en la Cartuja su Espacio para un vacío, un figurado zigurat encargo de la Expo 92 que se derribó pasada la muestra porque estorbaba a la ampliación de Isla Mágica. Sería que nos sobra el arte.

Written by cardomaximo

12/03/2012 at 09:06

Carlos y Diana en San Telmo

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TODOS ÉRAMOS casi veinte años y quinientas decepciones más jóvenes. Carlos de Inglaterra, que visita el viernes Sevilla en compañía de la duquesa de Cornualles, no era ni de lejos el príncipe al borde de la jubilación que es hoy. Entonces alabó los trabajos de forestación de la isla de la Cartuja y admiró la rehabilitación del palacio de San Telmo. Ahora volverá a hacerlo por segunda vez tras otra rehabilitación. ¿Será también de su agrado en esta ocasión?

Era jueves, 21 de mayo de 1992, justo al día siguiente de que el Barcelona hubiera conquistado en el viejo Wembley su primera copa de Europa, la de Koeman y el dream team de Cruyff. Los Príncipes de Gales habían llegado a Sevilla mientras se disputaba la final de fútbol y habían asistido a un concierto en la Catedral a cargo de Orquesta Filarmónica de Liverpool: la ‘Octava’ de Mahler y ‘Zadok el sacerdote’ de Haendel en el programa.

A la Expo propiamente llegaron en un Rolls Royce Silver Spur plateado antes de escuchar los himnos y presidir el Día del Reino Unido con regimientos históricos, la patrulla acrobática de la RAF (los Red Arrows) surcando el cielo y globos gigantes.

Lady Di estaba sofocada, con las mejillas sonrosadas, haciendo juego con el vestido azulón estampado en flores amarillas y rosas de mangas cortas y ceñido por la cintura que vestía. Allí, en medio del palenque, con las piernas larguísimas milimétricamente cruzadas, componía una figura lánguidamente triste. Se le veía frágil, pero su rostro no traslucía la tormenta que al mes siguiente estalló a su alrededor: en junio se publicó la biografía de Andrew Morton que puso en el disparadero su matrimonio, que acabó rompiéndose definitivamente en diciembre.

Diana arremolinaba a la gente a su alrededor, pero más por curiosidad que por otra cosa. La que de verdad armó el taco fue Carolina de Mónaco, una real princesa, que concitó a las puertas del pabellón de España donde cenaba un pequeño tumulto de incondicionales. Lady Di parecía a su lado una porcelana de Lladró.

Carlos y Diana habían venido a la Expo en representación de la Reina Isabel II, a la que el Rey Juan Carlos había invitado expresamente el 20 de octubre de 1988 durante su viaje de Estado a Sevilla en el que recorrió la Catedral, el Archivo de Indias y el Alcázar. Cuatro años después envió a su heredero, con Diana en el asiento de al lado y Camila en el pensamiento. Éramos todos casi veinte años más jóvenes, felices, indocumentados y enamorados. Aunque no fuéramos príncipes de Gales.

javier.rubio@elmundo.es

31/3/11

Written by cardomaximo

01/04/2011 at 13:15

Publicado en historia, sevilla

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