cardomaximo

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Menos Maera

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Written by cardomaximo

03/02/2015 at 11:43

Adelanto

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Written by cardomaximo

20/11/2014 at 14:05

Publicado en sevilla

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De la noche a la mañana

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Written by cardomaximo

13/10/2012 at 13:29

Arroz con pollo y pedacitos

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Written by cardomaximo

30/09/2012 at 16:06

Publicado en costumbres, economia

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Vaya, vaya, aquí sí hay playa

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minube

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SEVILLA TIENE su paraíso perdido en la playa, ese sitio mítico que reina en las ensoñaciones colectivas cada verano y por el que suspiran sus habitantes.

-Tanto, que no hay más que ver cómo van desvestidos, todos enchancletados y con las camisetas de tirantas enseñando las pelambreras, qué asco.

Bueno, si nos deja aquí Don Cicuta, podremos continuar con nuestra introspección en el alma de la ciudad sin playa a fin de componer nuestra teoría de que la Velá de Triana es, en realidad, la feria del Carmen que la ciudad interior no tiene. Usted se va a cualquier población costera que celebre la Virgen marinera y se encuentra con la Velá pero sin bandera republicana ni trifulca entre pescaderos y acuatletas.

Las casetas, el verbeneo, las luces de feria, los cacharritos de los niños chicos, hasta los remolques donde venden esas salchichas como de plástico con esa cebolla que llevará cortada lo menos tres ferias de pueblo son de fiesta costera. Si hasta tienen una comisión de festejos para organizarla…

Los poetas –que en Triana abundaban tanto como los azulejos- dirán que es el influjo de la marea que trae aires de Sanlúcar por el río arriba, pero a un servidor siempre le pareció que los aires con que los sevillanos cruzan el puente los días de la Velá son idénticos a los de esos veraneantes que se tropiezan con un pueblo en fiestas y comprueban enseguida que no encajan.

El caso es que la aspiración sevillana por la playa no acaba en Triana. De hecho, ha colonizado ya la principal vía comercial del barrio vecino, Los Remedios, aunque en esto no se sabe si habrán tenido que ver los trianeros o ha sido puro azar.

No vean la cara de paseo marítimo que se le ha puesto a la calle Asunción. Cruza uno por allí de noche y es que no le falta un perejil: las reuniones familiares sentadas en los veladores, las pandillitas de quinceañeras sentadas en los bancos tomándose un helado antes de volver a casa, las franquicias de bares baratitos llenos a rebosar de clientela variopinta y hasta su petardeo de niñatos bien con las motitos y las camisas guapas recién duchados para fardar ante las muchachitas.

Usted pone la calle Asunción en Chipiona o en La Antilla y es que no desentona nada. Enhorabuena a quienes la hicieron peatonal: han inventado el primer paseo marítimo sin playa. Para que luego digan que no inventamos nada…

26/7/12

Written by cardomaximo

27/07/2012 at 09:32

Los tenemos cuadrados

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VAYA COMO están cambiando los hábitos en los restaurantes. No es sólo que la carta se haya reducido, que la clientela espacie cada vez más sus visitas o que haya productos que han desaparecido de la oferta, es que ahora se miga más. Hay mesas donde se flotala Armada Invencible cada vez que la ración “al centro, para compartir,” trae aliño o salsa. La batalla de Trafalgar, con nuestro Gravina herido y Nelson y Churruca muertos, se queda en juego de niños comparada con la que organizan algunos armados con un bollo.

Este comportamiento, que habíamos desterrado en plan hidalgo del Lazarillo con las migajas esparcidas por la golilla, vuelve por sus fueros. Es como si hubiera un inusitado interés de los comensales por devolver bien limpio el plato a la cocina apurando hasta la última gota de cualquier sustancia que pueda migarse. En realidad, es que, escarmentados y en su propio interés, los clientes saben que más les vale apurar toda la pringue.

Porque cualquiera habrá podido observar que este ‘revival’ del migoteo tiene poco que ver con la crisis económica y mucho con la forma geométrica de los platos. Ahí es donde duele: con esos platos cuadrados poco profundos y casi sin apenas bordes de los que, como no ande listo el camarero que viene a retirarlos y más espabilado aún el comensal al que se lo retiran, cae un chorreón de los de pronóstico reservado en la unidad de cuidados intensivos de la tintorería.

Pero qué manía con que no sean redondos, como hasta ahora. Venga a darles formas extrañas: esas bandejas entrelargas donde las croquetas se alinean como los cartuchos de una canana y donde –eran otros tiempos- la cigalas de tronco enfrentadas por colleras pugnaban como en el sumo por desalojar a la rival, esas escudillas ovaladas con el cuello vuelto a las que los comensales hacen girar en la mesa más que una peonza, esas lajas de pizarra que parece que les van a dar la vuelta cuando te terminas la comida para ajustarte con tiza la cuenta allí mismo…

Después pasa que ni los propios camareros son capaces de transportar esos recipientes imposibles, que los cubiertos resbalan una y otra vez y que no hay donde poner nada en la mesa. Con lo sencillito que eran los platos redondos y blancos de loza. Hasta eso hemos complicado sin ganar nada a cambio. ¡Si es que los tenemos cuadrados!

18/7/12

Written by cardomaximo

19/07/2012 at 09:32

Publicado en costumbres

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